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Breve
reflexión sobre la participación de la sociedad civil frente a las próximas
elecciones
©
María
de
Jesús
González
Pérez/Enkidu
Nos encontramos en una coyuntura
política-social en la cual la participación de la sociedad civil es de
suma importancia, ya que su capacidad de intervenir y decidir tanto en un
proceso electoral como en los ámbitos económico, político, social y
cultural dan la posibilidad de construir no sólo una democracia
representativa sino también participativa e incluyente.
Pero qué entendemos por
sociedad civil, quiénes forman parte de ella, a partir de las propuestas
teóricas de A. Gramsci, C. Offe, J. Habermas y J. Keane entre otros que
han reflexionado sobre esta noción, consideramos que la sociedad civil
esta conformada por: los movimientos sociales que llevan a cabo acciones
colectivas disruptivas o convencionales, referidas a diversos intereses o
demandas que tienen como finalidad transformar una realidad ya sea social,
económica, política o cultural, aquí encontramos organizaciones de
estudiantes, indígenas, campesinos, obreros, ambientalistas, de mujeres,
urbano populares, migrantes, feministas, gays, lesbianas, bisexuales,
transexuales, transgéneros, trasvestis, globalifóbicos, maestros,
mineros, altermundistas, etcétera; por organizaciones no gubernamentales (ONG)
que se definen por la agrupación de personas establecidas jurídicamente
con carácter privado, sin ánimo de lucro y con objetivos de beneficio
social hacia la comunidad; por sindicatos oficiales e independientes; por
los encargados de darle una dirección intelectual y moral a la sociedad y
que algunos legitiman la presencia del Estado: la iglesia, medios de
comunicación (electrónicos e impresos) y el sector educativo,
asociaciones profesionales, intelectuales y culturales; también por una
élite política que tiene que ver con los representantes de las
instituciones del Estado, diputados, senadores, partidos políticos y
grupos de presión y, por grupos financieros: industriales, banqueros,
empresarios, comerciantes y terratenientes.
Cabe mencionar, que algunos
autores señalan que hay una separación entre actores políticos-institucionales
y actores sociales, pero esta postura, esta disyuntiva de análisis
implica objetivos metodológicos para estudiar con más detenimiento los
mecanismos y el funcionamiento del sistema político que, en este caso, no
es nuestra intención profundizar en dicho tema. Más bien, planteamos que
la sociedad civil se construye precisamente por la interacción que hay
entre el ámbito político y el social, dado que en la realidad no podemos
separar estas dos nociones, al contrario son espacios que se entrelazan y
a la vez se determinan.
En este sentido observamos que
en la sociedad civil convergen innumerables actores sociales que tienen
distintas preocupaciones, ideologías, valores y posiciones político-sociales,
lo que la caracteriza indiscutiblemente es esta pluralidad de formas de
vida, la heterogeneidad y al mismo tiempo su fragmentación, lo que
conduce a choques o uniones estratégicas entre diferentes actores
sociales y/o políticos.
A pesar de que la sociedad civil
esta conformada por un mosaico de identidades en base a diversas
experiencias de vida, sus integrantes también se involucran y trabajan
por la materialización equitativa de los derechos civiles (igualdad ante
la ley, libertad de la persona, de palabra, pensamiento y culto, el
derecho de propiedad y de concluir contratos), de los derechos políticos
(el de asociación y el de participación en el ejercicio del poder político
como miembro de un cuerpo investido con autoridad política: asambleas
legislativas o cámaras; o como elector de los miembros de ese cuerpo) y
de los derechos sociales (el de un cierto nivel de bienestar económico y
social: vivienda, educación y salud).
El proceso electoral que se
avecina da la posibilidad a los miembros de esta sociedad a ejercer un
derecho político, emitiendo un voto informado para elegir la forma de
gobierno que realmente garantice la aplicabilidad de dichos derechos en
toda la población, al tiempo que anule lastres como la discriminación,
el racismo, la homofobia, la explotación y la violencia en todas sus
formas que, limitan en gran medida que todos los mexicanos gocen de estas
facultades. De esto resulta que debemos tener la capacidad de discernir
entre la oferta de fórmulas ideológicas pobres que no ayudan al
desarrollo de la conciencia crítica, ni favorecen el desarrollo
consciente de la acción individual y colectiva como indica A. Melucci y
las que, confrontan la complejidad de los problemas, las exigencias y
necesidades de los ciudadanos.
Sin embargo, esta participación
no se limita sólo al votar, sino que tiene que ir reforzada con el
trabajo conjunto de ONG,
movimientos sociales, asociaciones y demás integrantes de la sociedad,
respetando entre sí su autonomía e identidad y por su puesto con la
voluntad política de las instituciones, para que la democracia a la que
aspiramos no sea únicamente procedimental (de normas y reglas) sino que
se concrete a ser participativa y receptora de los intereses colectivos.
Si después del 2 de julio las
promesas y “propuestas” de las campañas políticas aún no se plasman
en la realidad, los integrantes de la sociedad civil que votaron y
realizan una tarea colectiva específica que, día a día llevan a cabo
para construir otro tipo de sociedad, tienen el derecho de intervenir,
vigilar, atender y castigar las prácticas institucionales del Estado que
se constituya en el 2007.
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