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Asesinato político
©
Laura Castillo García/Enkidu
Tres
semanas han transcurrido desde el homicidio de Jorge Obispo Hernández,
colaborador del dirigente nacional de Antorcha Campesina, a manos de
tres asesinos a sueldo que en ningún momento pretendieron ocultar su
crimen y, ni el Ministerio Público, ni las autoridades políticas del
país han dicho esta boca es mía [no se han manifestado sobre el asunto,
N/Enkidu]. Y es que no se puede decir que la Secretaría de Gobernación
haya respondido realmente a un asunto tan grave cuando lo único que ha
dicho –a 21 días y sólo a través del Director de Concertación
Social, Luis Carlos Migliavacca Monroy– es que ¡se sigue investigando!

Jorge
Obispo Hernández, miembro de Antorcha Campesina que fue ultimado el
1° de julio pasado. (foto © Antorcha Campesina)
Como se recordará, el pasado 1° de julio, día en que cualquier
mensaje político se magnificaba por ser la víspera de la elección
presidencial, tres sicarios irrumpieron en el domicilio particular del líder
nacional antorchista, Aquiles Córdova Morán, y a plena luz del día,
hicieron seis disparos de pistolas 9 mm en contra del joven de origen náhualt
Jorge Obispo Hernández, a quien se presume ultimaron estando él de
rodillas por el balazo que tenía en la espalda así como por la posición
en que fue encontrado el cadáver.
Lo que le confiere al asesinato de Obispo
Hernández el carácter de político es que el joven de 23 años recién
se había incorporado como asistente de Córdova Morán; que se
encontraba el 1° de julio en el domicilio particular de éste, pues de
ordinario lo acompañaba a sus actividades; que se realizó alrededor de
las 14:30 Hrs. con estruendo y alarde de protección, pues la policía
del municipio de Naucalpan, Estado de México, no hizo nada por
detenerlos, pese a las denuncias vecinales; y porque se llevó a cabo en
el domicilio particular de quien, a nivel nacional, dirige la organización
que desde hace dos años mantiene una protesta pública, en la Plaza de
Armas de la ciudad de Querétaro, por el encarcelamiento político de
dos de sus dirigentes y contra la política social del Gobierno de ese
estado, vinculado con la ultraderechista organización nacional de El
Yunque, caracterizada por el menosprecio a la vida democrática e
institucional del país y por la utilización de la violencia para
“ablandar” a sus adversarios políticos.
En otros crímenes políticos, como el de
los activistas por los derechos humanos Digna Ochoa y Octavio Acuña
Rubio, los asesinos intelectuales y materiales apuestan al silencio, a
la desmemoria de la sociedad, a la impunidad o a la “ineptitud” de las autoridades para indagar, identificar,
localizar a los culpables y sancionarlos. Y ganan.
Pero, tercos como son, seguramente los
antorchistas no permitirán que se olvide este asesinato político y con
los recursos a su alcance, exigirán el esclarecimiento y castigo a los
culpables. Así, todos los que estamos convencidos de la necesidad de
poner fin a los asesinatos políticos debemos aprestarnos a apoyarlos
pues, de lo contrario, en los hechos estaremos consintiendo la anulación
de los Derechos Humanos en el país. Los luchadores sociales, sus
organizaciones y sus líderes quedarían en un estado de indefensión, y
estaríamos firmando un cheque en blanco a las corrientes políticas que
pretendan acabar con sus opositores a través de la violencia y el
terror.
En principio, todos aceptamos que la
justicia no puede ejercerse discrecionalmente. Si alguien ordenó o
asesinó personalmente a algún adversario político, debe alcanzarlo la
justicia y caer sobre él todo el peso de la ley. No obstante, las
dilaciones mostradas tanto por la Secretaría de Gobernación como por
el Ministerio Público apuntan a una oscura pretensión de que ese
crimen nunca sea esclarecido y, por tanto, de que tampoco sean
sancionados sus responsables reales. La sospecha de que existe un
sustrato político que espera que los asesinos de Obispo Hernández se
amparen en un Estado de impunidad, quedaría más que probado si, luego
que los criminales no robaron nada, ni “movieron ni un libro ni un
florero”, el Ministerio Público pretendiera darle un vuelco a la
investigación con el pretexto de que se trata de un crimen del orden
común. Si esto sucede, quedaría al desnudo el discurso oficial sobre
el "Estado de Derecho" del que el Gobierno federal ha hecho
incansables panegíricos. Todavía está a tiempo de demostrar que su
discurso es congruente con sus acciones.
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Laura Castillo García es
Secretaria General de
la APN Humanista Demócrata José María Luis Mora
e-mail: lauracastillo30@yahoo.com.mx
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