¿Gay
o lesbiana y católico?
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José Álvaro Olvera I./ Comunidad Católica Vino Nuevo
Amig@ de Enkidu:
Como podrás imaginarte, una de
las preguntas que más frecuentemente me hacen es si es posible ser
gay o lesbiana y ser católico. ¿Gay o lesbiana y católico?
Ser
Gay o Lesbiana y pertenecer a la iglesia católica es una de las hazañas
más grandes del espíritu humano. ¡Joder! que la escalada del Everest
sin oxígeno extra, cruzar el Amazonas a pie, y acabar con la corrupción,
son algunas de las cosas más fáciles del mundo, comparadas con esto.
¿Se
puede combinar las dos cosas? ¿Es un sueño guajiro? ¿Cómo hacerlo,
dadas las condiciones y doctrina oficial? Te comparto algunas de mi
ideas para sobrevivir esta hazaña.
Primer paso: regresar al
Dogma
Revisa
tu Catecismo y responde ¿cuál es el primero, el principal y el más
importante de los dogmas?... ¿Ya? ¿Qué respondes? Si dijiste que la
virginidad de María me temo que andas un poco alejado, como aquel tipo
que quería ir a Topoztlán y acabó en Tepotzotlán.
El
primero de los dogmas es: Dios te
ama, te ha dado la vida por amor, te mantiene en la existencia por
amor, te ha salvado (hasta de ti mismo) por amor, y desea conservarte a
su lado eternamente por amor.
Y
el amor de Dios no es condicional. Elizabet Kübler-Ross, la madre de la
tanatología, decía que a nosotros nos habían educado en un amor de
prostitución: Te amo sí, y sólo
sí... esto o aquello. El amor de Dios – Bendito sea – no es
amor de prostitución, no te ama por lo que haces o dejar de hacer, ni
te ama menos por ser gay, ni te amaría más si fueras hetero; tampoco
depende de tu conducta sexual... Dios TE AMA y punto.
Segundo paso: preguntar a
Jesús
Los
católicos adolecemos de un defecto: le hacemos más caso a todo, menos
a Jesús. Bueno, hasta la novena de san Charbel tiene más nivel de
credibilidad que Jesús, y vete tú a saber quién escribió la novena
dichosa.
Lee
los evangelios. Revisa las actitudes, palabras y acciones de Jesús. Léelas
con calma para que no se te pase ninguna de ellas. ¿Ya? Bien, ahora
dime: ¿De dónde sacas la peregrina idea de que Jesús te rechaza por
ser gay? ¿Es que en su vida ha rechazado a alguien? ¿En qué parte del
evangelio encuentras ese rechazo?
A
quienes Jesús les da duro y tupido es a los líderes religiosos que
usan a Dios como pretexto para dividir el mundo en buenos (que siempre
son ellos y los que son como ellos) y malos (que son el resto), pero ni
a estos los rechaza. Siempre les ofrece la posibilidad de cambiar.
Tercer paso: las cosas de
quien vienen
Ahora
te pido que revises el origen de la idea de que Dios rechaza a gays y
lesbianas. ¿Quién te lo dijo? ¿Por qué lo decía? ¿En qué se
basaba para decirlo?... ¿Ya? Bueno, muy bien.
Ahora
piensa un poco... si Dios te ama como eres y Jesús nunca rechazó a
nadie, ¿piensas que lo que dijo un padrecito, una monja, un obispo, o
un papa es más digno de crédito?
Toma
las cosas como de quien vienen,
decía mi sabia abuela cuando me enojaba por tonterías. Yo te lo digo a
tí. Cuando alguien te diga que Dios te rechaza, pregunta si es una
opinión personal, si se basa en la Biblia o en un documento del Papa.
Y
sin negar la importancia y validez que tienen las opiniones de los demás,
colócalas en su lugar: NO son Palabra de Dios, son interpretaciones
humanas y, por eso, tan parciales y limitadas como la vida.
Cuarto paso: Aprende a leer
No
me refiero a que vayas al INEA [Instituto Nacional de Educación para
los Adultos, de México, N/Enkidu], que no se trata del ABC. O más bien
sí, se trata de que aprendas el ABC de la Biblia y de la fe.
Muchas
de las cosas que los católicos creíamos hace 100 años han cambiado y
muchas están cambiando ahora mismo gracias a las ciencias bíblicas y
teológicas.
En
varios lugares –incluyendo nuestros espacios comunitarios– se dan
buenos cursos de Biblia o de Teología que te pueden ayudar a
reflexionar y profundizar tu fe (y de paso darle una buena actualizada,
que seguro dejaste de estudiar la fe cuando hiciste tu primera comunión)
Acércate,
pregunta, estudia, analiza, conoce. Supera la flojera de pensar tu fe...
y deja ya de ser de los miles de católicos que van por el siglo XXI
repitiendo las mismas cosas del siglo XVI ¡Con el mismo lenguaje!
Quinto paso: de la doctrina
a la experiencia
Ya
que leíste, estudiaste, cuestionaste todo lo que te sugerí en los
pasos anteriores... Haz oración.
Ya
sé que una persona educada, con estudios universitarios, con cursos de
meditación zen y talleres de superación personal pensará que no
necesita orar... ¿De verdad?
La
oración –aunque puesta al último– es la base de la sobrevivencia
en esto de ser gay o lesbiana católicos.
Orar,
según yo, es abrir tu corazón (no tu mente, que aquí no sirve para
nada) a ese Dios que te ama como eres, a ese Jesús que no te rechaza
porque no está en sus genes hacerlo. Date un tiempo, silencia tu razón
y abre el corazón...
En
otras palabras, DEJATE AMAR, date chance de sentir, de hacer
experiencia de ese amor que Dios te tiene. Si los enamorados tienen
necesidad de las caricias silenciosas, cuánto más tu tienes necesidad
de recibir las caricias silenciosas de un Dios que está derrapando de
amor por ti... Además de que el mismísimo Dios tiene necesidad de que
le des un ratito para acariciarte.
Dios
te ama –por lo menos– como te ama quien más te ama sobre la tierra.
Date la oportunidad y haz experiencia de ese amor humano, para que te
sea más fácil experimentar el amor de Dios.
¡Sentir
el amor que Dios te tiene! Eso sí es un orgasmo... ¿Apuestas?
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