Alboroque en la UNAM Yamaha 300
© Agustin Villalpando/Enkidu
Ciudad de México, 16/08/2006 (Enkidu): Una verdadera elegía sobre
la violencia en su sentido más humano. Un lamento que sale del mar
y de sus hijos, seres que buscan, aman, gozan, ríen y sufren en
carne y hueso los avatares de la tragedia. Un sólo momento en que
la imaginación abre sus redes y la carga exitosa de talento, energía
y coordinación con una escenografía minimalista y una música en
technicolor.
Siete actores en un lugar aparentemente reducido pero que se
desdobla en la inmensidad del oceano, en un departamento, en varias
lanchas, en una iglesia y hasta en una pista con todo y avioneta.
Siete actores que, al igual que la escenografía trastocan el
sentido de un personaje único y se convierten en seres que
deambulan alrededor del mundo del tráfico de enervantes ilícitos.
En dramaturgia de Cutberto Pérez, la Universidad Nacional Autónoma
de México se viste de gala y por primera vez en la Ciudad de México,
el público en general puede acercarse a esta perspectiva que
recorre las costas del Mar de Cortés y sus
pangueros-pescadores-transportistas de droga. La atinada dirección
del Maestro Antonio Castro, permite que siete actores ubiquen de
inmediato al respetable en una urdimbre intrincada, a modo de canto,
en la misma forma del destino, acontece inexorable cayendo paso a
paso hasta arrinconar, resquebrajando a todos y cada uno de los
personajes.
Una apología del alma humana, donde el miedo y el dolor es la
constante que desvela los vínculos estrechos, no siempre aceptados
en público, entre los factores de poder más importantes de esa
realidad: los traficantes, la Iglesia (Católica, se entiende), las
Fuerzas de Seguridad, todas en su papel oficial pero unidos de modo
cercano. Una cacería sin misericordia, donde el ejemplo cumbre es
la muerte de una mujer quien, para mí, es una encarnación de
la inocencia, la única mujer de los siete actores, y ella, confiada
en su boda inminente, es acosada, obligada a presenciar el
hallanamiento de su casa para encontrar "las fotos" -que
jamás veremos-, hasta provocar la muerte de toda posibilidad de
redimirse.
La alegoría es evidente, una y otra vez los inocentes se tornan
verdugos y los asesinatos están a la orden del día. "Esta
obra... trata de radiografiar lo que le sucede emocionalmente a los
personajes y tienen cercanía con esta realidad," señala el
Maestro Castro.
Esta exploración del mundo interior es a la vez contemporánea y un
deja-vu que ha sido estrenado, casualidades de la vida, exactamente
el día en que el hermano menor de los Arellano Felix es apresado
por fuerzas de seguridad estadounidenses en "mar internacional"
por el rumbo de Baja California Sur (sic).
La escenografía e iluminación estuvieron a cargo de Sergio
Villegas; el vestuario, Mauricio Ascencio y la música original es
de Antonio Fernández Ros.
Yamaha 300 se presenta los viernes, sábados y domingos en el Foro
Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario (Insurgentes
Sur 3000). El costo del boleto es de $100.00 y el metro más cercano
es Universidad (linea verde).