Derechos
humanos anulados y trabajo esclavo
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Laura Castillo García/Enkidu

Zapatera sami
de Noruega con su familia, Siglo XIX
Foto: Knud Knudsen, 1875
Hace tres meses, el 23 de mayo,
la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió la Recomendación
15/2006 dirigida al Gobernador del Estado de Querétaro, Francisco
Garrido Patrón, para que entre otras cosas revisara la medida impuesta
por la directora del Centro de Readaptación Social (Cereso) Femenil de
San José El Alto, Martha Yañez Carbajo, “respecto de la limitación
del derecho (de las internas) de realizar llamadas telefónicas al
exterior en el horario anteriormente establecido”. Debido a que el
Gobernador rechazó dicha Recomendación y, por tanto, nadie llamó a
cuentas a la Directora del penal por la arbitraria restricción horaria
del servicio telefónico, resulta que instrumentó medidas que limitan aún
más el derecho de las reclusas a la comunicación telefónica con sus
familiares y abogados, lo que está provocando un peligroso ambiente
hostil.
Antes, además de doce horas
continuas de servicio en cuatro líneas telefónicas, las internas podían
acceder a ellas prácticamente sin ninguna condición. A partir de la
improcedente disposición de la Directora del Cereso femenil, ejecutada
el pasado 20 de marzo, las ahí recluidas, justa o injustamente, sólo
disponen de dos segmentos de tiempo que suman 6 horas, y a veces menos,
de servicio efectivo; de dos líneas telefónicas, muchas veces sólo de
una. Evidentemente tales medidas han causado gran tensión entre las
reclusas, quienes no quieren ver quién se las hizo, sino quién se las
paga... la que más peligro corre en medio de esa tensión es la
dirigente antorchista Cristina Rosas Illescas, presa hace 17 meses bajo
cargos falsos, a quien “las chicas” de la Directora hostilizan
constantemente por no ser del agrado de su jefa.
A la tensión generada por el
torpe manejo -¿o faccioso?- del Cereso femenil de San José El Alto,
hay que agregar la generada, tanto en mujeres como en hombres, por el
duro trabajo que realizan los presos queretanos en los talleres de
artesanías y manufactura de productos de exportación que, más que
servir de “complemento al trabajo de readaptación de los internos”,
sirven para sobre explotar la mano de obra de los obreros cautivos
quienes la aceptan luego del “tratamiento ablandador” que les
recetan las autoridades penitenciarias: los internos no pueden ingresar
a esos talleres inmediatamente después de su entrada al penal; para
hacerlo, tienen que contar con una credencial que les proporcionan las
autoridades luego de más de dos meses de trámites. Una vez
adentro, y luego de que ya se aburrieron de estar tanto tiempo
sin hacer nada, trabajan de lunes a viernes y jornadas de 12, 11 u 8
horas diarias, dependiendo de la actividad que realicen... de esto
depende también el salario semanal percibido que puede ser de ¡157.50,
75 ó 27 pesos! Dinero que, evidentemente, les sirve únicamente para
reponer diariamente sus fuerzas y volver a trabajar al día siguiente.
Los presos que hacen piñatas son
los que más ganan, pero a costa de trabajar 11 ó 12 horas diarias: el
obrero que obtiene un salario de 157.50 pesos a la semana, confecciona 7
piñatas diariamente, mismas que le pagan a $4.50 cada una. Aquellos que
ganan 75 pesos semanales son los que limpian “partecitas de
automotores”; como el trabajo es laborioso, un obrero sólo alcanza a
limpiar quince “partecitas” en una jornada de ocho horas, mismas que
la pagan a 1 peso cada una. A los que se dedican a la papiroflexia con
que hacen cisnes y jarrones, y todo tipo de figuras de papel mache, es a
quienes les va más mal: por hacer 3,200 piezas en una jornada diaria de
ocho horas, perciben un salario semanal de 27 pesos.
¿Quién se beneficia de la sobre
explotación del trabajo de los presos? La institución y los
empresarios: la primera, recibe una cuota de éstos por permitirles
aprovechar mano de obra súper barata; los segundos, se ahorran el pago
del impuesto al trabajo y el seguro social, la engorrosa contratación
colectiva, la transportación y la rotación de turnos, amén de que la
cantidad que invierten en salarios es tan miserable que difícilmente
podrían encontrar mejor oferta en otro lado. Los presos, por el
contrario, no obtienen ningún beneficio… ni siquiera la reducción de
sus condenas por soportar tanta explotación. Se trata, pues, no sólo
de una grave violación a los derechos humanos de los reclusos sino de
una forma de explotación similar a la que sufrían los esclavos,
quienes únicamente recibían los medios de vida suficientes para
reponer su fuerza de trabajo y, al día siguiente, volver a brindársela
al esclavista.
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Laura Castillo García es
Secretaria General de
la APN Humanista Demócrata José María Luis Mora
e-mail: lauracastillo30@yahoo.com.mx
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