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Somalía
Etiopía envió más tropas para invadir Somalía
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
Existen varias formas de intervención extranjera de un país en otro.
Cuando se lee que en un país han entrado extranjeros se puede
entrever una lectura xenófoba, ya que en muchos casos se suele culpar
a los inmigrantes de los problemas sociales de un determinado país.
Otra forma de dominación extranjera es la económica que se puede
basar en las inversiones de los llamados "capitales buitres"
que sólo buscan enriquecerse y abandonar el país sin prestar nada a
cambio, o a través de un bloqueo económico o barreras comerciales.
También se puede sojuzgar una nación por la vía la militar, por
medio de la literal ocupación del territorio. Somalía vive
actualmente una nueva etapa de injerencia extranjera, no es la primera,
pero esta vez tiene características militares y por supuesto económicas.
El privilegiado territorio somalí cuenta con importantes recursos y
una situación geográfica estratégica que ha sido codiciada desde
fines del siglo XIX por diversas potencias y clanes regionales. En 120
años, este país ha sido víctima del colonialismo clásico, de la pésima
descolonización, de la Guerra Fría, de la lucha entre caudillos
provinciales, de enfrentamientos armados con países limítrofes, de
una guerra civil, de boicots económicos, dictaduras, separatismos,
sequías, hambrunas, una invasión norteamericana y el islamismo
extremista.
¿Fin de la guerra civil o comienzo de una guerra regional?
Hoy Somalía ha cobrado nuevamente importancia en la prensa
internacional debido al fracaso de la política occidental en el
llamado cuerno de África. Las Cortes Islámicas han tomado el control
del país y han debilitado aun más al gobierno de transición apoyado
por EE.UU., Etiopía y Kenia. Esta guerrilla islámica ha vencido a
los clanes laicos que se disputaron el poder por más de 15 años y
anunció con imponer la sharía, es decir, la ley coránica.
Las milicias islámicas tomaron la capital Mogadishu (Mogadicio) y el
19 de agosto llegaron hasta muy cerca de Baidoa, lugar donde el
Gobierno provisional tiene su sede. Ese mismo día, un grupo de
soldados etíopes tomaron el aeropuerto de Baidoa, luego de que las
tropas leales al gobierno interino desertaran en favor de los islámicos.
A mediados de julio, las Cortes Islámicas ya habían llegado hasta
Baidoa, lo que provocó la entrada directa de soldados de Etiopía
para apoyar al gobierno de transición. Los mandatarios etíopes temen
que el islamismo se expanda por su país.
Sin embargo, la penetración etíope no es la primera injerencia de
otra nación en esta guerra civil, ya que EE.UU., que había invadido
por poco tiempo el país en 1993, continúa suministrando armamento a
los caudillos que luchan contra los islamistas, de acuerdo con el
diario The Washington Post. A su vez Eritrea, que estuvo en guerra con
Etiopía en 1998 y 2000 y que aun hoy la tensión entre ambos es
elevada, apoya con armas a las Cortes Islámicas, lo que transforma el
conflicto en una lucha de intereses regional.
El Pentágono sigue muy de cerca este conflicto, ya que de acuerdo a
diversos medios tiene alrededor de mil soldados en el país limítrofe
de Djibouti, utiliza aviones de reconocimiento que parten desde el
Sultanato de Omán en el Golfo Pérsico y una flota internacional que
monitorea, cercana a las costas, el desarrollo de los
acontecimientos.
Origen de la guerra civil
Desde 1991 que Somalía no sólo no tiene un gobierno central estable
sino que está viviendo una guerra civil entre clanes que buscan
controlar el país de manera casi feudal, a lo que se le sumó en los
últimos dos años la creciente fuerza de las guerrillas islámicas
que quieren transformar el país en un estado religioso.
Estos hechos han alarmado mucho a Occidente, puesto que no ha habido
gobierno con el cuál comerciar ni invertir ni aliarse para poder
aprovechar las innumerables ventajas económicas con las que cuenta
Somalía. Una de las más importantes es la situación geográfica, ya
que por sus costas transita el 13 % del comercio mundial, barcos que
atraviesan el canal de Suez que van y vienen de Europa, y además pasa
gran parte del petróleo de Medio Oriente, por su cercanía al
sudoeste asiático.
Entre su patrimonio cuenta con uno de los más grandes acuíferos del
continente de 60.000 kilómetros cúbicos que comparte con Eritrea y
Etiopía, grandes reservas de petróleo y gas e importantes recursos
pesqueros, que han sido aprovechados por diversas compañías desde el
inicio de la colonización a fines del siglo XIX y durante la
independencia hasta la guerra civil que comenzó en 1991.
Mohammed Siad Barré dio un golpe de estado en 1969 e inmediatamente
se alió con Moscú, lo que le dio la fortaleza para iniciar una
guerra contra Etiopía, aliada de EE.UU. hasta la caída de Haile
Selassie, por la meseta Ogadén, ligada culturalmente a Somalía.
Sin embargo, la Unión Soviética no vio con buenos ojos esta invasión,
debido a que Moscú intentaba acrecentar su influencia en el nuevo
gobierno etíope y en lugar de apoyar a Somalía, la aisló, hecho que
provocó que el gobierno de Barré se pasara al bando estadounidense
de la Guerra Fría.
Somalía tuvo su luna de miel con EE.UU. recibió créditos e
inversiones y el mundo Occidental le compraba productos ganaderos,
hasta que el interés de Occidente decayó, lo que fue aprovechado por
comunistas e islamistas que se sintieron traicionados por el vuelco
ideológico de Barré y propiciaron el golpe de 1991.
Las compañías occidentales temieron perder las inversiones, por eso
la ONU intervino enviando tropas norteamericanas a la zona en 1993. El
fracaso fue famoso, la voladura de un helicóptero, la muerte de 18
marines y las imágenes de los cadáveres siendo arrastrados por las
calles de Mogadicio constituyeron una propaganda negativa para la misión.
EE.UU., que había enviado fuerzas militares para combatir a los
clanes enemigos, pero tuvo que retirar sus soldados ese mismo año.
En 2004 se formó el gobierno de transición que es el único que fue
reconocido internacionalmente, pero que está siendo cercado por las
Cortes Islámicas.
EE.UU. promueve el envío de otra fuerza militar con el pretexto de
pacificar el convulsionado país, pero para limitar la influencia de
los islamistas. Las acusaciones de Washington en contra de las Cortes
llegan a establecer una comparación entre Somalía y Afganistán
gobernado por talibanes, ya que alertan sobre que el país africano
constituye un refugio de terroristas de Al Qaeda que apoya a las
Cortes Islámicas y además aprovecha que no hay un gobierno central
para establecer nuevas bases. Esto ha sido negado por el líder de los
Tribunales Islámicos Sharif Sheij Ahmed.
Si bien no hay pruebas de que en Somalía haya alojados terroristas de
distintas partes del mundo musulmán, el vocero de los Tribunales Islámicos
instó a "repudiar la invasión etíope con la misma fortaleza
que Hezbollah defendió al Líbano de Israel".
Separatismo
EL territorio que controlan los islamistas es el que pertenecía a la
ex Somalía Italiana, o sea, la parte sur, menos próspera. La región
norte se ha separado en 1992 y se ha dividido en dos estados
Somalilandia y Puntlandia, que no han sido reconocidos
internacionalmente.
La región norte constituyó la ex Somalía Británica, más
desarrollada económicamente, al igual que la mayoría de las ex
colonias inglesas, que han recibido de la potencia colonizadora un
medio para poder continuar la relación económica con Londres.
El temor de Somalilandia y Puntlandia es que las Cortes Islámicas
también pretendan controlar la región norte de Somalía. Pero, por
ahora se han detenido a las puertas de Baidoa.
Conclusión
El futuro escenario podría albergar la paz si quedara congelada la
situación actual, con la firma de un acuerdo que permitiera la salida
de las tropas etíopes y que pusiera fin a la guerra civil.
Pero, las probabilidades son escasas, ya que hay muchos intereses en
juego, hay compañías ansiosas de recuperar el tiempo perdido y de
continuar explotando los yacimientos petrolíferos de gas, el acuífero
y la pesca. Etiopía, de mayoría cristiana ortodoxa, pugna por
detener el avance del islamismo y ha preferido llevar su guerra con
Eritrea fuera de su territorio al campo somalí.
La mitad de la población de Somalía no conoce a su país organizado
con un gobierno central, sólo ha vivido las guerras entre clanes y
ahora con los islamistas. Muchos niños y adolescentes se están
enrolando en las distintas facciones armadas.
Por otro lado, una nueva misión extranjera no augura una situación
mejor, por el contrario todavía queda en las retinas las imágenes de
la muerte y la humillación de las tropas norteamericanas, lo que le
resta probabilidades a otra injerencia militar directa.
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