|
¿Gay
o lesbiana y católico?
II
Parte
©
José Álvaro Olvera I./ Comunidad Católica Vino Nuevo
Hola amig@s de Enkidu
La semana pasada participé en
el evento en Contempo Cinema, promovido por Enkidu. En él, recibí una
vez más la pregunta de por qué seguir siendo católico si lo más fácil
sería salir de la iglesia católica para crear una nueva. Si bien ya
respondí algo al asunto (ver esta misma columna) hoy quiero compartirte
otras de mis reflexiones.
Ser católico: una tradición
Efectivamente, contrario a lo
que mucha gente en la iglesia dice, yo no creo que ser católico por
tradición sea algo negativo, al contrario, es el primer elemento
constitutivo de nuestra fe: la hemos heredado de otros y otras que la
vivieron antes que nosotros y que nos la han pasado, eso es lo que
llamamos tradición.
El hecho de recibir la fe al
modo católico nos recuerda que esta fe es un regalo, un don, en este
sentido ser católico no me pertenece solo a mi, sino a mi pueblo, a mi
familia, a mis seres más amados, a los creyentes del pasado.
Entonces, soy católico por
fidelidad a mis raíces, porque otros me han dado el regalo de su fe.
Una opción
Además de ser un regalo que me
pone en comunión con mis raíces, ser católico para mi es una opción:
hice mía la fe que recibí, la acepté. En este sentido, soy católico
porque quiero, porque hay algo en este tipo de fe que me llega, que me
toca el alma.
Sin hacer a un lado las demás
manifestaciones de la fe cristiana (anglicanos, bautistas, luteranos,
etc.) yo me comprendo a mi mismo como católico romano porque he sido
formado, he madurado, he aprendido a celebrar mi fe y a ver el mundo
desde el catolicismo romano. ¡Cómo podría ver una imagen de María y
no sentir emoción! ¡Cómo entrar en un templo o capilla, ver una
lamparilla roja encendida y no sentir de inmediato la presencia de Jesús!
Optar por el catolicismo romano
conlleva ciertas cosas que afectan hasta mi manera de concebir a Dios y
mi forma de relacionarme con Él/Ella. En verdad que hay sutiles
diferencias entre la espiritualidad anglicana, la ortodoxa y la romana,
y esas diferencias no importantes para quienes nacimos y crecimos en una
tradición o en la otra.
Soy católico romano porque así
lo he decidido.
Y una construcción
Bueno, si la fe católica es una
herencia que he hecho mía, todo parecería indicar que mis opciones
personales y comunitarias no cuentan, como ser al ser católico uno
tuviera que aceptar todo tal y como se entiende hoy. Aquí es donde
entra lo diverso de mi fe católica, porque ser creyente al modo católico
también es algo que me toca analizar, deconstruir y volver a construir.
En efecto, ser católico no solo
es aceptar la autoridad del Papa y obedecer ciegamente todo lo que sale
de Roma, del obispado o de la parroquia, para nada. Ser parte de esta
iglesia es tener el derecho de disentir, de criticar, de analizar para
descubrir los mecanismos ocultos de injusticia, violencia y sed de poder
que – seamos sinceros – están presentes en las estructuras, en las
organizaciones y en las personas que formamos la iglesia.
Jesús dijo que su Espíritu nos
iría conduciendo a la verdad plena, lo que significa que la iglesia hoy
en día ni tiene toda la verdad, ni conoce toda la verdad, ni afirma
toda la verdad. La tarea de llegar a la verdad plena nos corresponde a
todos los creyentes, porque todos – y todas, claro – hemos recibido
el Espíritu de Jesús en nuestro bautismo.
Por eso no podemos ni debemos
quedarnos pasivos ante lo que se dice y se hace. Gandhi decía que donde
hay hombres injustos habrá leyes injustas, y eso aplica también dentro
de la iglesia. La postura oficial sobre homosexualidad, por ejemplo, es
claramente injusta, ahí es donde nace nuestra posibilidad y nuestro
derecho de decir ¡NO!
Y no es un ¡No! desamorado,
como nos acusan muchas personas, sino un no que nace de nuestro profundo
amor a la iglesia. Porque la amamos, no podemos conformarnos con las
cosas que no están bien, no podemos dejar de pensar en lo que nos falta
para ser verdaderamente católicos.
Nuestro trabajo como Comunidad
Vino Nuevo es ese: desde nuestro profundo amor a la iglesia y desde
nuestra fidelidad a su ser más auténtico, desobedecemos hoy, viviendo
de una forma alternativa que sea – desde nuestra capacidad y nuestras
limitaciones – un camino humilde para hacer realidad la iglesia del mañana,
una iglesia más universal… la comunidad de hermanos y hermanas que
Jesús soñó.
J. Álvaro Olvera I.
Comunidad Católica
Vino Nuevo
|