|
Kinky Boots
Una serie notable de subtextos, un mosaico lleno de
algarabía e iridiscencias que van de lo sutil a lo más explícito
Ciudad de México, 28 de agosto (Agustin Villalpando/Enkidu): Aunque
Manuel Amador llegó derrapando cuando estaba a punto de iniciar la
película, agradezco a José Antonio Escalante por haberme permitido
compartir este taller de vida y de recuerdos. Una metáfora para este
desvelar ante nuestros ojos y nuestros oídos: el sonido del mar que abre
el largometraje, siempre cambiante, siempre presente. Una mirada por
nuestro interior más inocente, cuando deambular por el mundo carecía de
implicaciones y podías divagar sin percatarte si tus sueños eran "lógicos"
o simplemente formabas parte de la fantasía de la vida... hasta que un
adulto te regresaba a esta tridimensionalidad donde todos nos encontramos.

foto: TheFilmFactory
Una presencia constante, como el mar, son los colores nítidos,
exactamente definidos en una fotografía que subraya y, al mismo tiempo,
evoca las situaciones. Una niña que camina con las zapatillas de su mamá.
Un bailar y cantar al mismo tiempo, hasta que... el papá que toca por el
escaparate: "Come! Come on stupid boy!".
Lola es la encarnación de las ilusiones de este mundo. A veces
sombría, a veces aterrada de su ser pero siempre lúcida, siempre humana,
Lola. Un ser alegórico que reúne todas las virtudes y todos los temores
del Ser Humano. Un hombre frágil que hace frente a su presente perenne.
Por otro lado, Charlie Price, hijo del dueño de una fábrica de
calzado en Southampton, está a punto de casarse y vivir en Londres pero,
su padre, Harold Price -tercera generación de zapateros- muere y es
entonces que el joven "Señor Price" deberá hacerse cargo de
despedir a 15 hombres de la fábrica, lo que le implica "los 15
peores momentos de mi vida" pues no hay ventas de los "zapatos
que te durarán toda la vida" -los Price & Son-, toda vez que
llega, importado de Eslovaquia, calzado barato que puede durar... 10 meses
y entonces el cliente deberá regresar y comprar más.
Creencias, modos de producción, estilos de vida, relaciones
interpersonales en un stábat que parece transmutado en emociones y
sensibilidad que perdura durante toda la película. En numerosas ocasiones
el film reflejar tus propias vivencias. Tu ir "más allá" de lo
convencional, tu "cuestionar" el entorno, lo "normal"
y entonces sí, aceptar que no lo sabes todo y ¿ahora qué hago?
"Change the product!" -¡cambia el producto!-, asegura una
empleada que está siendo despedida.
Una serie notable de subtextos. Un mosaico lleno de algarabía e
iridiscencias que van de lo sutil a lo más explícito "El sexo está
en la cabeza" y con filosofía pura "Pretend to do what we are
doing" -pretende hacer lo que estamos haciendo-, toda vez que, como
dijo el poeta "caminante no hay camino, se hace camino al andar".
Algunas escenas te harán reír, otras llorar pero, seguramente, al
concluir la película desearás volver a ser Tu Mism@ en Tu Máxima
Expresión. Sin vender la trama, diré que la música es fenomenal, que
las actuaciones son totalmente verosímiles, que Europa, estoy cada vez
más seguro, es un estudio inmenso que, en algunos momentos llaman "Londres",
otros "Southampton" e incluso "Milán". Esta última
parte del estudio debió costarles cualquier cantidad de dinero porque las
calles se ven limpias, la gente se ve elegante toda, los edificios
antiquísimos, como si esto pudiese ser posible en el mundo real que nos
tocó vivir.
El detalle del tiempo, cuidado en la edición del film, es un plus en
esta cinta, pues conduce al espectador por la rábia del momento, como
cuando se da la lucha de "vencidas" entre Lola y Don, o cuando,
después de haberle insultado, Charlie sale, en la "catwalk"
principal de Milán, con sus súper-botas-plataforma y es entonces que
reconoce lo difícil que es ser una "Draga", una "Drag
Queen" que es mucho más los subtítulos cuando decían "Reina"
(lo mismo ocurrió verbalmente traducido con "cross-dresser" que
pusieron como "travesti").
Kinky Boots es, de este modo, amable lector@, un taller de vida, una
reflexión con los ojos y los oídos muy abiertos. Como botón de muestra,
pero que quede aquí, entre NOS, querid@ lector@, que cuando Charlie sale
a la pasarela dando traspiés al intentar caminar con botas de aguja y
frente a tod@ la mund@, me hizo rememorar cuando un amigo y yo, para
combatir nuestra trans-fobia introyectadam decidimos ir a una fiesta de
disfraces en ropa y maquillaje de mujeres. Recordé que entonces, el Grupo
Palomilla Gay nos reunimos en la fiesta en un restaurante en la Zona
Rosa... Dirás tú, amig@ lector@ que una fiesta de disfraces no tiene
nada de particular, pero te equivocas. Quien esto escribe y Enrique
Arreola -y sólo porque es entre nos, amable lector@- pedimos al
renombrado actor y activista gay Tito Vasconcelos que nos ayudara a
maquillarnos el rostro.
Ese día Tito tenía un compromiso en la tarde, por lo que tuvo que
maquillar la cara de uno de nosotros antes de su cita y al otro después,
justo antes de la reunión. Todavía tengo el sombrero que Tito me regaló,
pues yo fui el primero y a eso de las 15:30 Hrs. ya estabamos caminando,
mi amigo y yo, por todo Reforma y yo así de maquillaje. Recuerdo que nos
encargó comprar un "angel face" para conservar la frescura...
Esa tarde, sentados en las escaleras del Cine Latino, José Antonio
Alcaráz iba entrando pero no lo ví... digo, no me acerqué a saludarlo...
Luego me reclamó porque él sí me vió, pero eso es otra historia...
En fin, Kinky Boots destaca por ser una obra colosal: es actual, es
humana, no tiene efectos especiales sino excelentes actuaciones y, lo
mejor, como dijo Manuel Amador, "cuestiona el modelo heterosexual...
incluso el de relaciones de pareja". Así que nos quedamos con una de
las frases-tarea de Lola a Don: "Change your mind about someone"
-Cambia tu punto de vista sobre alguien- y tal vez te darás cuenta que lo
que siempre has buscado lo tienes a tu lado. Por cierto que algo que vale
la pena subrayar es que Lola canta con su voz y esto aumenta el grado de
naturalidad de la cinta. EXCELENTE PELICULA.
|