Azul: Discurso Amoroso-Edulcorado
de Principios del Siglo XXI
Nueva obra escrita por Glafira Rocha y dirigida por
Gerardo Taracena en La
Gruta del Centro Cultural Helénico.
Ciudad de México, 27 de noviembre de 2006 (Agustin
Villalpando/Enkidu): Una revisión edulcorada de la simple-complejidad de
las relaciones humanas se encuentra codificada en “Azul”,
escrita por Glafira Rocha y dirigida por Gerardo Taracena. Se trata de una
historia común en lo aparente: la búsqueda, la espera, la desesperación
por “La” pareja, así con
mayúscula, pues en el imaginario judeo-cristiano colectivo que nos hemos
tragado y reproducimos l@s mexican@s del siglo XXI, así como el hecho de
que el punto máximo de una existencia es tener una persona al lado –del
género opuesto, claro– como condición sine qua non para el
florecimiento, la realización y la experiencia de la vida como algo
primordial, son algunos de los puntos nodales por los que, durante unos 90
minutos, el público disfrutará en La Gruta del Centro Cultural Helénico.
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Azul
de Glafira Rocha
“Ese
sueño que persigues te está buscando a ti”
Bajo
la dirección de Gerardo Taracena.
Con: Maru Bravo, Guillermo Larrea, Enrique Cueva, Betsabé Iraís,
Iazúa Larios y José Luis Juárez. Escenografía e Iluminación:
Fabiola Hidalgo. Vestuario: Erika Torres. Utilería: Felipe Lara.
Sonorización: Pablo Flores. Video: Jorge Romo.
A
partir del 27 de Noviembre de 2006.
Funciones todos los Lunes a las 20:30 Hrs.
En El Foro La Gruta del Centro Cultural
Helénico (Av. Revolución 1500). |
Mediante un escenario camaleónico, que es, casi al mismo tiempo,
dos departamentos diferentes, un restaurante, un salón de clases,
recámara, comedor, cocina, sala, entre otras cosas, Taracena lleva
al público por un recorrido en la vida de Juana (Maru Bravo) y Darío
(Guillermo Larrea), quienes, sin saberlo, llevan vidas paralelas,
ambos añorando
al “otr@”, platicándole sus cosas, sus dudas, sus esperanzas y enojos. La
frustración de lo cotidiano, por un lado en el Restaurante Azul
–color que predomina en el escenario y el vestuario–, donde
Juana tiene éxito con su spaguetti especial –condimentado en
exclusiva con flor de jamaica– y es ayudada por Nadia (Betsabé
Iraís). En tanto, Darío, quien en versión del dramaturgo es
relacionado “siempre” con Rubén Darío –yo pensaría en el
personaje mítico-histórico, pero bueno...–, es un físico que da
clases y tiene un amigo que vive su existencia de manera apacible,
plena, feliz gracias a la basura: Pedro (Enrique Cueva).
Como una propuesta
dramática, “Azul” puede ser vista como un resúmen mínimo básico
de buenos momentos, donde el humor aparece con regularidad, de
tiempo en tiempo, en esta suerte de “cuadros escénicos” de los
que sobresalen, por mencionar dos ejemplos, la intervención de
Nadia y Pedro, los amigos originales, quienes intentan que la pareja
se reconcilie. Los diálogos en este cuadro son buenos, fluídos y
en muchos momentos el respetable se verá copiado en pensamientos o
palabras dichas por su propia boca, en algún rompimiento. |
Otro
de los cuadros memorables es cuando la clientela regresa a Juana su
“Sopa de Letras”, porque no aparece la letra “D” y entonces la
sopa sabe diferente: No es posible hacer las palabras, por lo que la gente
no come la sopa.
La
poesía que se imprime en los personajes principales, la flexibilidad de
los recuerdos, son semilla que alienta a pensar que, en el futuro,
podremos ver obras de teatro que vayan desvelando, como en este caso, las
relaciones humanas sin ser un mero anecdotario o, tal vez, siendo una
historia única, examinada con detenimiento y profundidad. La aparición
de un cliente, de un personaje denominado en el programa “El Hombre”
es innecesaria, toda vez que buena parte de su participación estuvo
dibujada por un juego afortunado, eso sí, de luz y sombra –sin voz–,
quien tiene una relación sexual con Juana y bien pudo haberse inferido en
la narrativa, o bien las amigas pudieron charlado sobre ella, tal vez con
los mismos logros en las reacciones lúdicas del respetable. Un personaje
desperdiciado, pues el potencial era esencial si el director hubiese
deseado imprimir un elemento al estilo “Lolita” es el de la actriz Iazúa
Larios, quien interpreta a una de las estudiantes de Darío, que además
de todo, tiene el nombre de Salomé; las posibilidades aquí fueron
desaprovechadas, al igual que la fuerza interpretativa de Larios, quien
tiene momentos sobresalientes de inocente y perversa seducción, así como
de chabacanería al “interpretarse” como Mujer Araña que desea
capturar a Darío.
Así mismo, el trabajo de Cueva es muy sólido y
por momentos parece ser un eje rector, una especie de válvula necesarísima
para que los amigos vayan a comer al Restaurante Azul, donde los
protagonistas principales se conocerán finalmente y viviran al menos por
más de dos años,
viviendo juntos, y luego se separan.
La descripción de la amistad, entre los cuatro
personajes principales, es uno de los puntos fuertes de la obra, pues los
amigos siempre están ahí, antes, durante y después de una relación de
pareja y, afortunadamente, nos dicen más de lo que quisiéramos escuchar.
Los monólogos que, en su momento, expresan Bravo y Larrea al chocar
consigo mismos frente al espejo, son escenas muy bien llevadas, con la
coloración adecuada y momentos chuscos. El uso de la voz propia para
subrayar el cambio entre las versiones viviente y la versión ideal-conciencia
constituye una muestra de la fuerza interpretativa de los roles
principales. Azul es, pues, una obra moderna, sobre los vericuetos
de las texturas humanas contemporáneas, desvelando una de las realidades
mexicanas que deberá luego, ser cuestionada en cuanto a los estereotipos
que le rigen sobre “La pareja” y
donde, con humor, sacaremos nuestras propias conclusiones. © Enkidu.
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