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¿Izquierda o
derecha?
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Laura Castillo García/Enkidu*
Cada vez que tiene oportunidad, y
sobre todo en los foros internacionales en que se ha presentado, el
Presidente Felipe Calderón Hinojosa invariablemente discurre sobre la
irrelevancia de la orientación ideológica de los gobiernos de América
Latina, y de lo importante que es evitar una vuelta al pasado, “con regímenes
dictatoriales o autoritarios”. Es más, en el marco del Foro Económico
de Davos, Suiza, criticó las expropiaciones ocurridas en Venezuela,
Bolivia y Argentina, y ante líderes empresariales y políticos del mundo
dio garantías de inversión en México, no sólo en seguridad pública,
sino jurídica porque, dijo, “aquí nadie va a expropiar absolutamente
nada” sino, por el contrario, que se pretende “tener el proceso
inverso”; o sea, si no entiendo mal, lo que busca el gobierno
calderonista es privatizar lo que ahora es de la nación.
Es lógico suponer que después de
haber accedido al poder en medio de una gran controversia entablada con la
izquierda mexicana, y con prácticamente la mitad de los electores activos
del país en contra suya, para el Presidente Calderón sea de fundamental
importancia ganarse a sus oponentes no sólo a través de sostener en el
discurso que devolverá la seguridad al país y combatirá la pobreza (propuesta
fundamental de su contrincante más cercano, Andrés Manuel López Obrador),
sino de restarle importancia a los partidos de izquierda que han venido
ganando simpatías entre los estratos más desfavorecidos de sus países,
por haber emprendido acciones en contra de las sectores privados y, por el
contrario, por devolver a sus
naciones las riquezas que se habían apropiado unos cuantos y que se
pretende redunde en beneficio de las grandes mayorías que, indudablemente,
han vivido en una situación miserable desde que el mundo está dividido
en pobres y ricos.
El avance de los partidos de
izquierda en América Latina tiene muy preocupado al presidente Calderón,
quien no pierde oportunidad para señalar las supuestas debilidades de la
izquierda y, en cambio, alabar al régimen de libre mercado, cuyos
promotores lo llevaron al poder y a quienes promete todo tipo de garantías
y privilegios con tal de que inviertan su dinero en México y creen nuevas
fuentes de empleo. Pero, ¿será cierto esto?, ¿será cierto que el país
saldrá beneficiado con los millones de dólares que se pretende inviertan
empresarios extranjeros? No lo creo.
En primer lugar, porque los grandes
inversionistas extranjeros no están interesados en invertir en puestos de
fritangas en México, sino en los sectores eléctrico y energético del país,
que ciertamente requieren grandes inversiones pero que también dan a
ganar grandes sumas de dinero. Con ello saldría perdiendo el país porque
los sectores eléctrico y energético tendrían que privatizarse para que
las divisas no tuvieran obstáculo legal para ingresar a esos sectores. Así,
el país estaría entregando en manos extranjeras su riqueza natural.
En segundo lugar, México no saldría
beneficiado con esas inversiones porque, además de que el gobierno les
otorgaría el privilegio fiscal de no pagar impuestos, los empleos que se
generaran no ofrecerían los más mínimos derechos a los trabajadores y
los salarios serían bajos, como en el mismo Foro Económico de Davos
denunció un grupo de dirigentes sindicales. Y es que los empresarios no
están interesados generar empleos, sino en hacerse de grandes sumas de
dinero que, obviamente, se verían disminuidas si pagaran buenos salarios
y otorgaran prestaciones.
La alternativa derechista de
inversión extranjera a cambio de entregar los recursos naturales
nacionales no es la más benéfica para el país. En México hay riqueza
suficiente para que se invierta en los sectores energético y eléctrico,
para que haya empleos bien remunerados y no haya pobres; la dificultad está
en que esa riqueza está en unas cuantas manos. Por eso, necesitamos un
gobierno que reparta la riqueza equitativamente; no que le dé su parte a
cada quien, sino que la invierta en generar empleos bien remunerados para
todos los mexicanos, lo que redundará en mayor productividad y, por tanto,
en mayor riqueza nacional que volviera a invertir para forjar un país
poderoso. Y esto, les guste o no a los que pugnan por la derecha, sólo lo
podrá hacer un gobierno de izquierda verdaderamente comprometido con las
grandes mayorías de su país.
Laura
Castillo García es
Secretaria General de la
APN Humanista Demócrata José María Luis Mora
e-mail: lauracastillo30@yahoo.com.mx
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