| El Papa dicta cómo afrontar sectas, reitera el
celibato y dice "no" a los gays en los seminarios
Sao Paulo (Brasil), 11/05/2007 (EFE).- El Papa pidió hoy a los obispos
de Brasil que promuevan una "evangelización capilar" para
afrontar el "proselitismo agresivo" de las sectas, reiteró el
celibato y exigió que se controlen las vocaciones sacerdotales para
evitar "desviaciones sexuales", es decir que no entren
homosexuales.
Estas manifestaciones las hizo en un denso y fuerte discurso que
dirigió en la catedral de Sao Paulo a los 427 prelados brasileños, a los
que también pidió que se respete la liturgia, que se vuelva a la
confesión individual y que "formen" a políticos para luchar
contra la grave desigualdad social que afecta al país.
Benedicto XVI trazó un cuadro muy negro del momento actual, afirmando
que son tiempos muy difíciles y que muchos cristianos están "atribulados".
"La vida social está atravesando momento de confusión
desconcertante, el matrimonio y la familia son atacados impunemente, se
justifican delitos contra la vida en nombre de las libertades individuales,
se atenta contra la dignidad del ser humano y se difunde la herida del
divorcio y de las uniones libres", denunció el Papa.
Pero no quedó ahí y agregó que, en el seno de la Iglesia, se
cuestiona el celibato sacerdotal y la consagración a Dios comienza a
perder su significado más profundo.
"¿Cómo no estar triste?", se preguntó el Papa, que
añadió que, no obstante, hay que tener confianza, ya que la Iglesia es
"santa e incorruptible".
Tras analizar todos los males actuales, el Papa subrayó que en
América Latina una de las grandes preocupaciones es la marcha de los
católicos a la sectas, lo que achacó a una falta de evangelización.
"Las personas más vulnerables al proselitismo agresivo de las
sectas e incapaces de resistir los asaltos del agnosticismo, del
relativismo y del laicismo están bautizadas pero no suficientemente
evangelizadas y son fácilmente influenciables, ya que tienen una fe
frágil, a veces confusa, vacilante e ingenua, aunque conservan la
religiosidad innata", afirmó.
Para afrontar este problema les exhortó a promover "una nueva
evangelización metódica y capilar".
La explicó diciendo que se trata de no ahorrar esfuerzos e ir a buscar
a esos católicos, que se han pasado a las sectas y a aquellos que no
conocen el cristianismo, a sus casas "y dialogar con espíritu de
comprensión y caridad".
Y es que, como resaltó, la gran mayoría son muy pobres "y hay
que ayudarles como hacían los primeros cristianos".
Esas personas, añadió, necesitan sentir la cercanía de la Iglesia,
"sea en la ayuda para las necesidades más urgentes como en la
defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundada
en la justicia y en la paz.
En el "manual de normas" a seguir, el Papa se refirió al
celibato, afirmando que constituye "un don que la Iglesia quiere
conservar, convencida de que es bueno para ella y para el mundo".
Puso gran énfasis en las vocaciones sacerdotales, pero hizo un
llamamiento a los obispos para que hagan un discernimiento de las mismas y
lo completen con análisis psico-afectivos, intelectuales y pastorales de
los jóvenes dispuestos a entrar en los seminarios.
"Un buen y asiduo acompañamiento espiritual es indispensable para
la maduración y evita el riesgo de desviaciones en el campo de la
sexualidad", aseguró el Papa. En esas palabras vieron los
observadores vaticanos su negativa a la entrada de homosexuales en los
seminarios.
Benedicto XVI quiso dejar también las cosas claras en el tema de la
liturgia y dijo que hay que aplicar correctamente lo aprobado por el
Concilio Vaticano II, "para devolverle su carácter sagrado".
Para ello, dijo, es necesaria una permanente formación de los
sacerdotes.
"Tenemos que ser fieles servidores de la Palabra, sin visión
simplificadora, ni confusiones. No basta observar la realidad a partir de
la fe, es necesario trabajar con el Evangelio en la mano y anclados en la
auténtica herencia de la Tradición Apostólica, sin interpretaciones
motivadas por ideologías racionalistas", dijo con vehemencia.
En estas palabras vieron los observadores su "respuesta" a la
Teología de la Liberación, que persiguió durante su etapa de cardenal
al frente del ex Santo Oficio.
Benedicto XVI abogó por la confesión individual y pidió a los
obispos que "vigilen" para que así se haga, "ya que el
pecado -dijo- es un hecho profundamente personal".
El Papa Ratzinger se refirió asimismo a la situación de Brasil y dijo
que sufre subdesarrollo y que prueba de ello es "el vasto número de
personas que viven en condiciones de indigencia y la desigualdad en la
distribución de la renta que llega a niveles muy altos.
Pidió a la clase política y económica que den una cara humana y
solidaria a la economía y les exigió honradez.
Tras el encuentro, el Papa marchó a Aparecida, a 170 kilómetros,
donde inaugurará el domingo la V Asamblea general del Celam.
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