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FOTO:
STEIN J BJØRGE/Aftenposten |
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Roma, mayo 26, 1957
Mí querido H.:
Acabo de leer sobre la presentación de tu nueva
serie de alhajas, te felicito, me parecieron estupendas, las vi en el
nuevo catálogo de Harrod's, elegantes y simples, dignas de una reina (¿y
porqué no de un rey también?). Sobre todo me impresionó la que tiene
forma de escarabajo egipcio, pues aunque no lo creas tengo uno sobre mi
mesa de luz que lleva grabada sobre su base además de un incompresible
jeroglífico una historia muy querida para mí.
El tesoro más preciado que tengo, esta desde hace
años junto a mi cama, es un escarabajo de ónice que me regaló papá
hace mil años. Desde ese día me lo apoyo sobre el corazón al despertar
todas las mañanas y con un: "Hola Viejo", saludo a papá para
luego religiosamente caminar hacia la cómoda y tomar la cruz que me
regaló una tía para la Primera Comunión y besarle los pies. ¿Religión
o superstición? Creo que una cierta energía cósmica. Una fuerza
espiritual que tenemos en nuestros corazones y que sólo dejamos que nos
toque cuando creemos en ella. Sea lo que sea, siento su presencia a
través de este amuleto que apoyo sobre mi pecho al comenzar mi día.
Papá era como digo siempre (o por lo menos me los
comento en secreto a mi mismo esperando el cambio de una luz roja en
alguna esquina de la vida) igual a mi en mucho más de un aspecto. O yo
soy igual a el, depende en qué momento del ciclo de mi universo me
encuentre.
Hablas en tu carta de la renovación diaria, de un
reinvento diario.
Esta mañana al levantarme el primer pensamiento
fue el de tener que lavar mi ropa (cosa que por esas malacrianzas
argentinas y porteñas sobretodo, ¡odio!) Aunque te parezca una tontería,
para mi fue importante ese pensamiento; porque fue positivo. Fue
reinventar mi mañana, mi día, mi futuro. El trajín de mi próxima
exhibición de esculturas en Roma me ha zambullido de cabeza en un nido de
serpientes (y de las más venenosas), te lo aseguro. Hace ya un mes que
mis primeros pensamientos diarios son solamente de preocupaciones, aunque
trate de olvidarlos estuvieron allí tratando de ennoblecer mi jornada.
Aún después de toda una vida no me puedo acostumbrar a tratar con la
maldad y el odio. Creo que hasta a veces me vencen y rasgan un poquito
más mi alma.
Pero creo que justamente esta última muestra
tenía mucho que ver con esa renovación de la que hablas y me ayudó a
ver muchas cosas. Las profecías Mayas hablan de eso, de un cambio
necesario, de una renovación mística, de un nuevo horizonte a donde
orientar nuestro espíritu, no de un fin del mundo como algunos piensas.
El fin del mundo lo hemos comenzado nosotros desde el primer día en que
por obra de algún mago equivocado pusimos nuestro pie en ella.
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Roma, junio 2
Mí querido H:
Disculpa que no haya terminado de escribir tus
líneas, pero quise juntarlas con estas para comentarte sobre mi muestra.
Desde aquí, sentado delante de una mesa cubierta
con un mantel a cuadros azules y rojos con sus bordes deshilachados, un
plato de la mejor lasaña que hayas comido en tu vida, un vaso de tinto y
un pan recién horneado; enfrentando mi mañana dominguera a una plazoleta
cubierta de cuatro gigantescos gomeros que como guardianes romanos
custodian los portones de bronce de la iglesia de Nuestra Señora de las
lágrimas, descanso y trato de relajarme después de estos largos meses de
trabajo.
En la muestra, mucha gente (cada vez me ahoga),
varias ventas y algunas posibilidades de negocios con buenos contactos. En
síntesis un verdadero éxito. Supongo que al igual que la tuya, con tu
colección de alhajas. Ahora dedicando mi tiempo a la nueva serie, algo
prehistórico sobre Sudáfrica.
¿Has saboreado tu nuevo éxito, querido amigo?
Pues si lo has hecho explícamelo, yo aún estoy tratando de saborear el
mío. Éxito es una de esas palabras que no cuajan conmigo, como "artista".
Los artistas sólo deberían apodarse "Libres,
Expresionistas, Recepcionistas". Pero artistas, ¿por qué? Una
palabra más como "religión", sólo un pase VIP para los más
acomodados. Me llamaron artista cuando llegue aquí hace tantos años, en
mi tierra era un snob, un desorientado, un rebelde. Yo creo y sé que te
lo he comentado anteriormente, que soy un gran afortunado. Alguien que
puede hacer lo que le gusta y vivir de ello, nada más. Por eso mis dudas
respecto a nuestro éxito. ¿Éxito de qué? ¿Sobre quién? De realizar
lo que deseas y simplemente te animas a hacerlo o éxito sobre una
multitud que ni siquiera le interesa intentar lo que desea.
¡Ya llega! Ha llegado mi heroína. La descubrí
hace diez años, se llama doña Mariza, tiene ya noventa y siete años. Se
viste de negro llega puntualmente a misa de doce todos los domingos con
Filito, su acompañante de toda una vida; un perro embalsamado sentado
sobre un plaqueta de madera sobre ruedas de rayos ya tan oxidados por los
años que se oye su chirriar desde que asoma por la esquina de la otra
cuadra.
¿Pero me preguntas si estoy contento, si estoy
satisfecho? Contento, desde ya, ¿cómo no estarlo? Es maravilloso que te
presten atención, desde ya. ¿Satisfecho? ¿Cómo estarlo realmente?
Tendría que estar muerto o acabado. Nunca uno puede estar satisfecho.
Borges lo consideraría mediocre el estarlo.
Se retira mi amiga, debe de haber finalizado la
misa. Hace tanto que no asisto a una.
Eso es creo tener un éxito. No tener miedos, ser
libre ser para esta humanidad una loca descocada que se ríe de la vida y
le grita en su rostro