| Bienvenidos al Club: Shortbus
© Eduardo Nabal/Enkidu
“Shortbus” es la segunda
apuesta del joven realizador estadounidense John Cameron Mitchell.
Mitchell se presentó al público internacional con un fascinante musical
sobre la transexualidad: “Hedwig and the angry inch”, dónde él mismo
encarnaba al protagonista, un joven de la república federal alemana
emigrado a EEUU y al otro lado del muro del género. La mirada de Mitchell
era divertida, iconoclasta, llena de vitalidad y su opera prima es ya un
clásico de culto.
Su segunda apuesta mira hacia otro
lado, abandona el musical, pero incide en el tema de las sexualidades
vividas de forma diferente, centrándose en un pequeño club erótico
situado en el corazón de New York. Una pareja gay en crisis que quiere
experimentar un trío, una joven sexóloga pre-orgásmica con problemas de
pareja, una lesbiana dominatrix con un corazón enternecido por está última…
todos van a confluir en el “Shortbus”, un recinto privado
donde se celebran despreocupadas orgías, regentado por un ambiguo maestro
de ceremonias.
Mitchell, como en su primer filme,
reivindica la mezcla de estilos y texturas visuales, arremete contra el
puritanismo de la era Bush y lanza una mirada nostálgica a la libertad
sexual y las aspiraciones de cambio de los años setenta y el underground.
Pero estamos en un Nueva York post-11 S, post-Sida, donde las cosas ya no
pueden ocurrir del mismo modo y donde la soledad marca la existencia en la
gran urbe contemporánea. La celebración sexual de Mitchell se hace pues
a través de una mirada incisiva y no exenta de tristeza. Voyeurismo,
fetichismo, masturbación, sexo explícito… todo está en “Shortbus”
pero la mirada sobre los personajes es cálida y tierna, a la vez que
dolorida. El joven realizador se retrata un poco a sí mismo a través de
sus entrañables criaturas, sus propias contradicciones vitales, su fe en
la libertad más allá de los binarismos de género y de la regulación
opresiva de la sexualidad que conduce a la frustración y el aislamiento.
Tachada de procaz o incluso de pornográfica por críticos y público con
anteojeras “Shortbus” es un filme plenamente adscrito al new
queer cinema por su forma de agarrarse a la piel, el sudor, el deseo y
la mirada de sus personajes, de jugar con la videocreación, de sacar el máximo
partido a un presupuesto exiguo para
un filme realizar a la vez provocador, lúdico y delicado… como lo es el
ambiente a la vez sensual y melancólico, sombrío y colorista, donde se
aman los protagonistas de una cinta original y llena de ironía. Una
invitación al hedonismo y a la vez una reflexión inteligente y profunda
sobre la sexualidad como espacio de libertad y a la vez de constricción.
Un director rabiosamente contemporáneo al que habrá que seguir la pista.
Eduardo
Nabal
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