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Katún
Las Siete Profecías.
DALLAS,
21/05/07 (Franco Casabal Sastre): Tengo el placer de invitarlos a mi próxima
muestra de arte precolombino en la ciudad de Dallas.
“En los últimos años la cultura
maya ha tenido un rol fundamental no
solo por los recientes hallazgos arqueológicos sino
por la adaptación de sus profecías a nuestra era. Según su
calendario (el más perfecto en existencia) la Tierra esta pasando por un
proceso e purificación que generará varios cambios inusuales. Hubieron
creado Siete Profecías se comenzarían a cumplir a partir del año 1992
con el comienzo de un periodo verdaderamente oscuro para nuestra humanidad.
Estamos tornándonos
multidimensionales siendo capaces de llevar a más altas nuestras
frecuencias de percepción”.
Con esta
muestra quiero terminar con un periodo de mi vida completándolo
con uno nuevo desbordante de esperanza y energía renovada.
En esta nueva era encontraremos
nuestro Nuevo Katún, un periodo nuevo de pureza y existencia sincera.
Las siete profecías tratan sobre
abrir nuestro corazón y
seguir nuestra verdadera pasión.
Es justamente cuando somos libres
cuando somos capaces de compenetrarnos con ella y expresarnos
en manera que hará eco de quien en verdad somos. Si oímos a
nuestra voz interior nuestra elección, cualquiera que fuera, será guiada
por nuestro espíritu.
Buscando entre los signos que
diariamente la Vida nos pone en nuestro camino de diferentes maneras
veremos el camino a seguir.
Mirar para ver, ver para mirar.
Francisco
Casabal Sastre
Dallas Jan. ‘07.
Simón Bolívar. Carta de Jamaica, 1815
“Desde hace 500 años, América
latina ha sido sometida al pillaje más brutal de la historia: sus veintidós
millones de kilómetros cuadrados han sufrido el expolio y la destrucción
de la mayor parte de sus recursos. Por turnos, se han llevado y se siguen
llevando el oro, la plata, el cobre, el carbón, el aluminio, el hierro,
el gas y el petróleo.
Entre 1600 y 1800 sólo un dos por
ciento de la población poseía la riqueza; para el 2005 hay quinientos
cuarenta millones de habitantes, pero doscientos veintidós millones de
pobres, de los que ochenta y ocho millones son indigentes. Cada año
mueren doscientos mil niños de hambre. Hay ochenta por ciento de pobreza
en los sectores indígenas. El diez por ciento de la población total vive
con menos de un dólar al día.
La destrucción de América latina
afectó a los sectores culturales: la memoria histórica fue objeto de
manipulación, fuego, robo y censura. El proceso fue lento y sistemático,
feroz e implacable: hoy sabemos que el sesenta por ciento de toda la
memoria escrita de la región desapareció. Más de quinientas lenguas se
extinguieron para siempre.
Los frailes dominicos y jesuitas se
encargaron de finalmente hacer desaparecer el noventa por ciento de los códices
mayas.
En 1532, Francisco Pizarro, un
eminente conquistador analfabeto, fundió en 6080 kilos de oro y 11872
kilos de plata de todo lo que brillaba y caía en sus manos (¿Quién dijo
que todo lo que brilla no es oro?). De esta forma se aniquilaron obras de
arte valiosísimas
Este holocausto cultural, cometido en
la época del humanismo clásico, avalado por los mejores pensadores
europeos, fue premeditado: los distintos proyectos imperiales ínter
culturizaron por igual a indígenas y africanos para someterlos bajo una
derrota total. Ningún imperio puede sostenerse sólo por la fuerza de las
armas o con un modelo económico y político, se requiere la imposición
de valores culturales y la práctica de la “Damnatio memoriae” sobre
los pueblos vencidos. Dado que la memoria es el vínculo más importante
de la identidad nacional, es el primero en ser amenazado o atacado.
Entre el siglo XVI y el siglo XXI,
bibliotecas, archivos, ediciones únicas, piezas de arte prehispánico o
colonial y de la etapa modernista y surrealista fueron arrasados,
olvidados o expoliados. Decenas de bibliotecarios y archivistas fueron
asesinados desde México hasta Tierra del Fuego, lo que convierte a estos
oficios en los oficios más riesgosos del continente después del relativo
a los periodistas y sacerdotes. Durante las dictaduras de las décadas de
los sesenta y ochenta, numerosas editoriales fueron víctimas de ataques
violentos y miles de escritores fueron asesinados o exiliados. En los
actuales momentos, están desapareciendo miles de libros del siglo XIX
debido a la falta de presupuesto para su restauración y conservación. El
cincuenta por ciento de las bibliotecas latinoamericanas soporta abandono
y desidia, y lo mismo pasa con los archivos.
Esta es la realidad. Los
historiadores critican con vergüenza la quema de libros en Alemania
durante la época nazi, condenan la destrucción de la cultura de los
bosnios a manos de los serbios, la destrucción de los
museos de Tikrit y Mosul y el palacio milenario de Al Zohur en Irak
por los bombardeos aliados pero ignoran la quema de los códices aztecas a
manos de religiosos cristianos españoles.
Hay un silencio letal sobre este
asunto, que a veces se traduce en un artículo emocional; jamás en un
estudio detallado que compile todos los bienes culturales latinoamericanos
desaparecidos o destruidos hasta la fecha. |