Nuevas comerciantes
desafían la tradición en Afganistán
Por Tahir Qadiry
MAZAR-E-SHARIF, Afganistán, 20/08/2007 (IPS) -
Cinco mujeres irrumpieron en la actividad comercial de esta ciudad,
capital de la septentrional provincia afgana de Balkh. Musulmanes
conservadores están en ascuas por lo que consideran una intromisión en
un ámbito reservado a los hombres.
Estas mujeres son las primeras que abren comercios en Mazar-e-Sharif,
con el apoyo del Departamento de Asuntos Femeninos de la provincia.
La directora del Departamento, Friba Majid, informó que en los próximos
meses también se inaugurará un gran mercado administrado por mujeres.
En los nuevos comercios femeninos, algunos ubicados cerca la célebre
mezquita azul Rawze-e-Sharif, de casi cinco siglos de antigüedad, se
venden artículos femeninos, como lencería, pantalones, camisetas y
cosméticos, entre otros. Algunos también ofrecen alimentos.
"Compré ropa interior y medias", relató Zolaikha, de 23 años,
que asistió a uno de esos establecimientos acompañada por amigas.
"Las mujeres se sienten cómodas comprando aquí", indicó
Kamila, una de las flamantes comerciantes, quien antes de dedicarse a
esta actividad trabajaba en una organización no gubernamental.
"Algunas familias son muy estrictas y no permiten que las mujeres
compren en comercios de hombres", añadió.
Mazar-e-Sharif, cuarta ciudad de Afganistán, tiene más de 300.000
habitantes. Está conectada por carretera con Kabul, al sudeste, Herat,
al oeste, y con la vecina república de Uzbekistán, al norte.
Durante los que transcurrieron entre la invasión soviética de 1979 y
la caída del régimen del movimiento islamista Talibán (1996-2001),
Mazar-e-Sharif fue escenario de conflictos sangrientos.
Una estratégica base aérea que perteneció a la hoy disuelta Unión
Soviética fue atacada por las milicias tayikas y uzbekas durante el régimen
talibán.
Miles de talibanes murieron en Mazar-e-Sharif en 1997, cuando intentaron
apoderarse de la ciudad. En represalia, el movimiento islamista perpetró
una masacre de seis días contra los hazara y otras comunidades étnicas
locales cuando logró ocupar la ciudad.
Las heridas de esos años belicosos no han sanado aún. Pero la
provincia de Balkh hizo avances en materia de derechos humanos. Las
mujeres volvieron a sus trabajos y las niñas a la escuela, luego de
haber sido obligadas a permanecer entre cuatro paredes.
"Hombres y mujeres tiene los mismos derechos", afirmó Majid.
"Queremos que ellas formen parte de los ámbitos político y
social. Queremos que mejoren sus ingresos. No sólo deben permanecer en
sus hogares y dedicarse a tareas domésticas."
"¿Por qué no pueden ocuparse de lo que tiene que ver con su
propio género?", se preguntó al señalar que los comercios que
ellas manejan mejorarán su propia calidad de vida.
"No puedo comprar mis cosas en comercios de hombres. Ahora estoy
muy contenta. Tengo la posibilidad de ir a tiendas manejadas por mujeres",
señaló Nasima Jalal, de 34 años, cuyo marido es muy religioso y
estricto.
Para ella, los nuevos negocios son de gran ayuda.
La sociedad afgana es patriarcal por naturaleza e ignora los derechos
femeninos.
Muchas mujeres se ven obligadas a casarse jóvenes con maridos violentos
que las torturan, golpean y encierran.
"Las mujeres perdieron mucho en Afganistán", se lamentó
Malalai Usmani, directora de una organización de Balkh dedicada a la
defensa de los derechos femeninos.
Raqiba, de 40 años, recibe muchos clientes en su tienda.
"Estoy muy contenta de ser propietaria de un comercio. Es algo que
siempre quise, pero pensé que sería muy duro en un ambiente tan
estricto. Ya no tengo miedo y pienso que las mujeres pueden hacer lo
quieran", comentó.
Raqiba también disfruta de su independencia económica.
"Invertí 500 dólares en el negocio. Gano 10 dólares o más por día...
Eso está muy bien", contó con modestia Raqiba, ex supervisora en
un proyecto comunitario.
Su única queja tiene que ver con la actitud de los hombres.
"Algunos venen a mi tienda a burlarse de nosotras. Me enojé y me
peleé con ellos", relató.
Los conservadores están asombrados de que las mujeres ejerzan un
trabajo tradicionalmente reservado a hombres. Clérigos y figuras
conservadoras lo reprueban.
"Las mujeres transgreden sus límites. No sólo se engalanan, sino
que usan pantalones. Además, impulsan a otras a reclamar más libertad.
Las llevan por mal camino", afirmó el clérigo Mullah Abdul Nasir.
Pero también se escuchan voces más liberales.
"El Islam acoge a las mujeres en el ámbito empresarial. Se puede
citar como ejemplo a la esposa del profeta Mahoma, quien se desempeñó
como comerciante junto con él", señaló Mawlawi Tahir Mofid, un
conocido intelectual.
Mofid consideró que la iniciativa era "una buena medida" para
impulsar la participación de las mujeres en cuestiones sociales.
El Departamento de Asuntos Femeninos impulsa con entusiasmo el mercado
en ciernes.
"Ya pusimos la piedra fundacional. Contará con más de 200
comercios y pronto se comenzará a construir", señaló Majid.
Quizá Mazar-e-Sharif logre recuperar parte de su gloria de antaño, señaló
un residente de esta ciudad.
Antes de la guerra, ésta era una ciudad liberal con una universidad a
la que acudían estudiantes de todo el país. La mayoría de sus
habitantes procedían de las provincias vecinas y trabajaban bien. La
economía local dependía principalmente de la agricultura.
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