Adictos a drogas con
VIH sin derecho a medicamentos en Pakistán
Por Zofeen Ebrahim
KARACHI, Pakistán, 20/08/2007 (IPS) - "Tengo
fiebre desde hace 25 días y perdí unos cinco kilogramos de peso. Me
siento muy débil", cuenta el joven paquistaní Mohammad Sohail,
que se infectó con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante
del sida, hace poco más de un año.
Los análisis de sangre de Sohail, de 28 años,
muestran que tiene apenas 152 glóbulos blancos del tipo llamado CD4 por
milímetro cúbico. La cantidad de estas células, que organizan la
respuesta del sistema inmunitario, se ubica en una persona sana entre
600 y 1.500 por milímetro cúbico de sangre.
El recuento de glóbulos blancos permite a los médicos determinar cuándo
comenzar una terapia con antirretrovirales. Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS) se debe iniciar cuando la cuenta de CD4 cae
por debajo de 200.
A pesar de tomar nota de un informe del médico de Sohail y del cuadro
que registra su temperatura, el hospital público de referencia al que
asiste el joven no le realizó ningún estudio. Aunque le están dando
antibióticos.
Sohail se encuentra entre las 175 personas infectadas con VIH que
asisten a ese centro de salud, 60 de las cuales ya se encuentran
medicadas con antirretrovirales, que frenan el avance del VIH en el
organismo y prolongan la vida.
El joven ha estado asistiendo al hospital regularmente desde hace cuatro
meses. Tiene que formar fila para ser atendido y la espera a veces se
extiende hasta cuatro horas. "El viaje me lleva otras dos. Estas
visitas tiene un costo para mí, tanto físico como financiero", señaló
Sohail.
Cada viaje lo obliga a pedir un día libre en su trabajo. Hace poco
tiempo, Sohail fue contratado por el médico Saleem Azam para colaborar
en un proyecto de prevención del sida (síndrome de inmunodeficiencia
adquirida) ya que los ex adictos a la droga como él no pueden encontrar
ningún empleo.
A pesar de su bajo número de CD4, los médicos no le han recetado todavía
los antirretrovirales. "Dicen que me veo bien y que no los necesito",
comentó Sohail.
Él está convencido de que esa indiferencia se debe a que es un ex
adicto. "Cuando me quejé por ser discriminado, los doctores
dijeron que temían que volviera a consumir drogas y que no querían
perder tiempo ni medicamentos conmigo", señaló. Sohail no ha
consumido drogas por más de cinco meses.
Esta actitud discriminatoria complica la tarea de médicos como Azam.
Durante los últimos 25 años ha estado trabajando con adictos a las
drogas intravenosas y tiene a más de 5.000 de ellos registrados en su
organización, la Sociedad de Pakistán, que opera dos centros de
rehabilitación. Casi todos sus pacientes son personas de la calle.
"El gobierno niega a los adictos el tratamiento contra el VIH. Esto
es realmente peligroso, porque así se propaga la epidemia", afirmó
Azam, indignado. En la meridional provincia de Sindh, que tiene a esta
ciudad como capital, 30 por ciento de quienes se inyectan drogas son
portadores de VIH.
En esta provincia hay entre 35.000 y 40.000 adictos a las drogas
intravenosas. Según un estudio realizado en 2000 por la Oficina de las
Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, serían más de 60.000 en
todo Pakistán. Sin embargo, de acuerdo con Azam, "evaluaciones más
precisas dan ahora una cifra de entre 80.000 y 100.000".
Según las estadísticas oficiales, el número de casos confirmados de
VIH/sida en Sindh se ha elevado a 1.841, con un total nacional de 3.364.
Pero las mismas autoridades reconocen que el total de enfermos no
registrados puede superar los 80.000.
El director para la zona de Asia-Pacífico del Programa Conjunto de las
Naciones Unidas contra el VIH/sida, Prasada Rao, confirma los dichos de
Azam. El acceso de los adictos a los antirretrovirales es
inaceptablemente bajo, debido a la "falta de información, exclusión
y una muy extendida discriminación", afirmó.
Para que los programas de prevención sean efectivos, advirtió Azam,
deben llegar especialmente a los adictos a las drogas.
Durante el último año, 10 personas a las que Azam trataba murieron
porque les negaron asistencia en los hospitales públicos. "Hace
ocho meses tuve que sobornar a un médico con 66 dólares para que
operara a uno de mis pacientes, algo que tendría que haber sido hecho
de forma gratuita", relató.
"Hace poco otro murió, porque un hospital se negó a admitirlo
utilizando diversos pretextos. Sin informarnos, lo enviaron a un refugio
de una organización de caridad, donde su condición se deterioró rápidamente
y entró en coma. Esto no es nada nuevo, sucede todo el tiempo",
afirmó Azam.
El vicepresidente de la Asociación Nacional de Personas con Sida, Farid
Ahmed Memon, enfrentó problemas similares. "En el Programa de
Control del Sida de Sindh me dijeron que no necesitaba que me realizaran
un recuento de CD4. Si esto me ocurre a mí, que conozco a la mayoría
de los doctores allí, imaginen lo que deben soportar otras
personas", señaló.
El director del Centro de Excelencia que depende del Programa de
Control, Azra Ghias, negó que existiera discriminación. "Cualquier
persona que recurra a nosotros es nuestra responsabilidad y nuestra
prioridad. Quien necesita antirretrovirales los recibe. Pero es un
medicamento que debe tomarse regularmente y se debe seguir el
tratamiento de manera estricta", indicó.
"Damos atención a adictos a drogas intravenosas que no las hayan
consumido durante cuatro meses como mínimo y que llegan a nosotros a
través de una organización no gubernamental. De esta forma nos
aseguramos de que sigan el tratamiento como corresponde", agregó.
Sin embargo, de 20 portadores de VIH registrados en el centro de Azam y
que recibieron la autorización oficial para recibir antirretrovirales,
sólo tres están en tratamiento. "Hay alrededor de otros 100 que
reúnen las condiciones", dijo el médico.
"Si esto no es discriminación, ¿cómo llamarlo entonces? Es el
Programa de Control el que realiza los estudios y registra a estas
personas, ¿por qué existen las demoras, entonces? Incluso ellos tienen
sus propios parámetros para determinar quién necesita los
antirretrovirales", se quejó Azam.
"¿Por qué esperar a que una persona esté realmente grave o en su
lecho de muerte para incluirla entre quienes pueden recibir los
medicamentos? ¿Por qué no comenzar antes el tratamiento? Con la
disponibilidad de genéricos a bajo costo, ¿por qué se discrimina a
los adictos a las drogas?", se preguntó Azam.
Según Ghias, si un enfermo deja de tomar una sola dosis de los
antirretrovirales se produce un grave perjuicio. "Gastamos 496 dólares
al mes por paciente. Si dejan de tomar el medicamento una sola vez,
desarrollarán resistencia a las drogas denominadas de primera línea y
tendremos que administrarles las llamadas de segunda línea, que son muy
caras", argumentó.
"Esta es la razón de nuestra reticencia a dar antirretrovirales a
adictos a las drogas que pueden no diferenciar el día de la noche",
concluyó.
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