Revelar o no su seropositivdad, opiniones encontradas
desde Angola
Foto: Abraço
"Ignorar es la solución peor", afirma el póster de sensibilización de la ONG portuguesa Abraço
Luanda, 7 de diciembre de 2007, PlusNews (Traducción al castellano © Enkidu Magazine): Marie Antoinette* comenzó a desconfiar de los viajes frecuentes de su marido en Africa del Sur. Una vez él pasó 15 días sin dar noticias. Ella decidió entonces averiguar si la estaba traicionando. Así fue como ella descubrió que él no iba a reunirse con otra mujer, sino que iba a buscar tratamiento antirretroviral, pues él era seropositivo [al
VIH].
La esposa de Miguel André murió en 2001. La causa oficial del deceso fue fiebre tifoidea. Antes de morir, ella dijo a una amiga que tenía SIDA pero que no tenía el valor de decirle a su marido. La noticia se esparció y pronto toda la ciudad de Benguela hablaba al respecto. André fue el último en saber que su esposa era seropositiva al VIH.
Historias como esta son comúnes en Angola. Por temor a la reacción de la pareja, abandono, discriminación, vergüenza. Muchas razones conducen a que algunas personas escondan a su cónyuge o pareja, que viven con VIH.
Muchas personas descubren el estatus serológico de su pareja sólo después de la muerte de ésta última. Con frecuencia, lo descubren al mismo tiempo que se enteran que también son seropositivas al VIH. Es difícil, la mayor parte del tiempo, saber quién ha trasmitido el virus y si este virus vino de relaciones anteriores.
El seroprevalencia al VIH promedio en Angola es de 2.5 por ciento, en una población de 16 millones de habitantes.
Casos de este tipo han llevado a una polémica sobre la ética del profesional de la salud en sus relaciones con las personas seropositivas al VIH. El debate es animado.
Algunos defienden, a nombre del derecho a la vida, que el doctor proceda a una investigación activa del cónyuge de la persona que vive con VIH, como se hacía en los tiempos de la sífilis, con lo que solía llamarse la notificación obligatoria [notification obligatoire].
Otros piensan que el secreto profesional y la confidencialidad de la relación médico-paciente deben ser preservados a cualquier costo.
Revelar o no
Para António Coelho, Secretario Ejecutivo de la Red Angoleña de Organizaciones contra el SIDA (ANASO), no debe haber una notificación obligatoria para el cónyuge, sino que debería haber un trabajo de sensibilización para que la persona seropositiva al VIH le cuente, por sí misma, a su
pareja.
Sin embargo, él recordó que la comunicación a la pareja sexual figura en la ley de 2004 sobre VIH y SIDA: "las personas infectadas deven informar sobre su estatus serológico a aquellos con que han tenido, o intentado tener, relaciones sexuales" [«…les personnes infectées doivent informer de leur statut sérologique celles avec qui elles entretiennent, ou ont l’intention d’entretenir, des relations sexuelles»].
Catarina Saldanha, Secretaria Ejecutiva de Mwenho, Asociación de Mujeres Seropositivas, ha defendido la comunicación a la pareja por parte del médico.
Para esta mujer que es seropositiva al VIH, no se trata de confidencialidad, sino de una forma de proteger a las parejas de las personas que viven con VIH, puesto que "mientras más se retrase esta comunicación, existe mayor riesgo de contaminación."
Esto es particularmente cierto cuando se considera que las relaciones sexuales no se restringen a la pareja, sino que se extienden a las parejas anteriores y a las relaciones extraconyugales, según ella.
La activista cuenta que algunos doctores en Angola ya han adoptado esta medida, comunicando al paciente que sólo podrían pressentarse, en la siguiente consulta, si llegan con su
pareja.

Foto: Ernst Schade/PlusNews
La Red de Personas que viven con VIH y SIDA han defendido una posición intermedia.
"Primero, el médico debe agotar todas las posibilidades de cambio del compartamiento del paciente. En caso de que no ocurra este cambio, el médico debe entonces explicar con claridad su posición en cuanto a la infección premeditada o no premeditada, que es un crimen castigado opr la ley," dijo Noé Mateus, Secretario Ejecutivo de la Red.
"Sin embargo, la confidencialidad puede y debe ser rota en el momento en que el doctor descubre que el comportamiento del paciente expone a su pareja y a otras personas al riesgo de la infección," afirmó Mateus.
La cinta misteriosa
Acorde con Roberto Campos, responsable del Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre VIH y SIDA (ONUSIDA), la confidencialidad debe ser mantenida bajo cualquier costo, sin excepción.
"La persona debe ser libre de escoger a quién desea revelar su estatus serológico. Cualesquiera que sean las circunstancias, sólo la persona tiene este derecho, nadie más," aseguró.
Campos subrayó que en razón de la estigmatización, el doctor puede, al revelar la seropositividad del paciente, colocarlo en una situación de condena pública.
"Incumbe al profesional de la salud la capacidad de proveer a su paciente toda la información necesaria con el fin de que pueda tomar una decisión," dijo él.
António Feijó, Director del Hospital Esperança (hospital de referencia para las personas seropositivas al VIH en Luanda), también estima que el doctor debe apoyar al paciente a dar a conocer su estatus.
"Notificar su estatus serológico a su pareja no debe hacerse de manera arbitraria", señaló Feijó. "El técnico de la salud debe observar el estado emocional del paciente mientras motiva a la persona que vive con VIH a contarle a su pareja convencerle a que se haga la prueba. Es inmoral dar tratamiento a uno, y dejar al otro en peligro de muerte."
Suzana* se casó a los 17 años de edad con su primer novio. Luego de 25 años de matrimonio, su marido murió en sus brazos. Sin embargo, Suzana supo que había muerto por complicaciones de SIDA cuando, durante el funeral, ella escuchó un casete donde él le cuenta sobre su enfermedad.
Su esposo habá dado el casete a un sobrino quien, creyendo que eran las instrucciones sobre la herencia, creyó que era bueno escucharlo durante la ceremonia.
Si existiera un criterio más claro sobre la confidencialidad relacionada con el VIH, el último mensaje dejado por el esposo de Suzana pudo haber sido un mensaje de amor, o incluso su último testamento, pero fue una confesión dolorosa sobre su estatus VIH-positivo.
*el nombre es ficticio
ms/ll/ms/dc/ail
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