| Cuba celebra una década de la Navidad
oficial con sobriedad y sin gran entusiasmo
La Habana, 23/12/2007 (EFE).- Diez años
después del regreso "oficial" de la Navidad a Cuba, los
arbolitos y guirnaldas han dejado de ser noticia, pero la sobriedad
continúa marcando una fecha que muchos cubanos sólo identifican sin gran
entusiasmo con la cena de Nochebuena y un día más de descanso laboral.
La isla borró el día festivo de Navidad
de su calendario en 1969, lo recuperó en diciembre de 1997, en vísperas
de la visita del Papa Juan Pablo II, y tímidamente empezaron a aparecer
símbolos visibles de la celebración en tiendas, centros turísticos,
hoteles y casas particulares, además de los tradicionales en las iglesias.
Pero una década después, el consumo
navideño es discreto, las calles no tienen luminosidad, adornos muy
espaciados comparten vitrinas con pequeños carteles que anuncian otro
aniversario de la revolución y la fecha sigue siendo un asunto particular
de aquellos que nunca abandonaron la tradición o se han empecinado en
retomarla en casa.
El centro de atención en la isla es la
cena de Nochebuena, una costumbre muy familiar, con menú criollo (cerdo,
pollo, pavo, yuca con mojo, arroz con frijóles) o cualquier comida que
"marque la diferencia".
En la numerosa familia de Mariela Saavedra,
por ejemplo, siempre ha existido un presupuesto para la cena de ese día.
Todos aportan lo que pueden "según
esté la economía", pero este año no alcanzó para comprar carne de
cerdo.
"Preferimos dejarlo para la fiesta de
fin de año y nos decidimos por un arroz frito, aunque en realidad no
tiene connotación lo que se va a comer sino que vamos a compartir juntos",
apunta Mariela, de 41 años.
En la Plaza de Carlos III, uno de los
centros comerciales más concurridos de La Habana, Anisley Torres, de 28
años, está en medio de una larguísima cola para comprar adornos y
mejorar su arbolito de Navidad con otra guirnalda porque la suya se
fundió.
Aunque las tiendas tienen cierta variedad
en la oferta y algunas se esmeran en el decorado, este año las esperadas
rebajas no llegaron y los precios de turrones y sidras, los atributos
navideños más típicos para los cubanos en su mesa de Nochebuena, se
mantienen "inalcanzables" para la mayoría de los bolsillos en
la isla.
Los cubanos "se las arreglan",
rastrean los precios por toda la ciudad y se pasan la información,
mientras se entusiasman con los diseños de nuevos adornos y muñecos para
el arbolito, compren o no compren al final.
En las oficinas de correo se venden
postales en saludo al aniversario 49 del triunfo revolucionario y la
llegada del nuevo año, pero no se ofertan postales de Navidad.
Según Mykel Guerra, taxista, todo se
resume a que "la Navidad es una tradición o es una creencia, pero en
este país esa tradición se perdió", y si bien es posible que los
niños de hoy la recuperen, según dice, su generación "creció sin
pensar en eso".
En su casa se planea una "comida rica"
que puede ser cualquier cosa acompañada de vino y en los momentos más
"generosos" algún turrón, pero no hay ilusión de postales,
regalos, misa de gallo ni nacimientos al pie del árbol, "solo
hacemos una fiesta porque sí", indica.
Para la mayoría de los ajenos al jubileo
cristiano, se trata de un día para descansar, adelantar los quehaceres de
la casa, visitarse, jugar dominó y fiestear.
Aunque el rastro navideño por la ciudad es
pobre, hay sitios como el centro histórico de La Habana, la meca del
turismo en la capital cubana, donde los ornamentos y luces típicas de esa
fiesta resultan más atractivos y complacen a los vecinos de la zona.
Anisley explica que desde niña siempre
disfrutó el nacimiento de la Catedral de La Habana, en plena Habana Vieja,
y que en su casa siempre hubo "arbolito y niño Jesús en diciembre
porque es un símbolo y nosotros siempre celebramos la Navidad, viniera el
Papa o no viniera el Papa".
"Pero este año, yo no sé, no se
siente el espíritu navideño, ni siquiera hay frío", agregó.
Cerca de la Catedral habanera, en uno de
los bares de la zona, Leonel, un gastrónomo de 35 años, se considera un
absoluto "apático" de la celebración navideña, aunque llegó
a "integrarse" un poco en la tradición que mantenía viva la
familia de su esposa.
"Tenemos un arbolito en la casa como
casi todo el mundo. Lo regaló la suegra, pero mi esposa no lo puso este
año, era mucho trabajo", cuenta riéndose.
"Imagínese, la vez anterior lo
quitamos en junio", dijo.
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