| Cartas privadas 112:
Una nueva oportunidad
Boston, Enero de 2007
Querido H:
Esta madrugada, la noche me despierta con su murmullo blanco y
silencioso contra mi ventana. Me levanto, con frío (tengo aún esa manía
de dormir sin ropa desde que volví de Bali), y veo como los primeros
copos cubren la calle vacía que duerme frente a mi. Es gracioso, las
calles de mi ciudad siempre están vacías. Todo se ha cubierto de un
manto de novia blanco (¿existirán las que aun se atreven a ese color,
quizás?). Troto a la cocina y me preparo un té; de vuelta en mi cama
pongo un poco de música suave bien baja y termino la novela que estoy
leyendo, cierro la última página y prendo la computadora, uno de esos
pequeños videos cortos que recibes por sorpresa a través del Internet.
Hoy me entretuve un rato aprendiendo algo más y sorprendiéndome de la
sensibilidad de alguien que podría perfectamente ser una pedante e
insoportable estrella más de esa tierra no tan lejana de Hollywood.
Viendo su increíble persuasión y dedicación en su carrera uno no puede
más que agradecer su ejemplo que termina por empaparlo a uno con una sed
por lo nuevo, por lo que nos espera más adelante, en ese territorio tan
desconocido llamado Destino.
El locutor le preguntó sobre una película que había filmado hacía a
muchos años, uno de sus primeros trabajos. Le había dedicado tanta
pasión que había adelgazado más de 25 kilogramos en un mes; "algo
que no aconsejo a nadie", aclaraba con una sonrisa casi diabólica
mirando hacia un público que lo observaba fascinado y en silencio.
"Comía una pechuga de pollo, una papa, la clara de dos huevos y
café, mucho café con cigarrillos, un sacrificio enorme, esta era mi
segunda película. Al terminarla nos hicieron un reportaje y a mí ni me
nombraron. Después de esa experiencia decidí no seguir trabajando".
Luego mientras finalizaba sus estudios, escribió el libreto de una
película solo de cuarenta páginas, lo dio a revisar su profesor de
actuación quien alentándolo por su obra le aconsejó que lo revisara y
que lo terminara. Se junto con otro actor muy conocido también en este
momento, para terminarlo. Después de trabajar todo un verano lo
entregaron a un editor un lunes por la mañana; el jueves por la tarde lo
habían vendido. Su vida cambió en solo tres días para siempre. El resto
es historia, su nombre Mat Damon.
Otro video que me llamó la atención es uno de Ricky Martin, ese
fenómeno publicitario de los noventa, que supo transformarse en un icono
de la música latina a través de su talento y su perseverancia. Es una de
esas figuras públicas que utilizan su éxito no sólo para hacer uso de
su lucro sino para compartirlo. Su meta es desde hace un buen tiempo
proteger a los niños abusados. Es impresionante todo lo que ha logrado
para este fin. Creo que este personaje no solamente ha crecido en su
carrera sino en su personalidad y carácter. Tuve el placer de conocer a
este chico, cuando aún lo era, durante el tiempo que viví en Los
Angeles. Un joven, tan común como tu y yo, cocinando pasta y sentándose
a la mesa en la cocina conversando de su vida, su madre y sus proyectos
musicales. Alguien que además de haberle dedicado una pintura le dedico
mi admiración y respeto. Otro de mis héroes admirados (¿será este un
adjetivo demasiado fuerte y en cierto caso irreverente para calificarlos?)
es Soldi. Cuando cumplí nueve años una gran amiga de mamá me regaló un
libro con sus dibujos. Fueron los primeros dibujos que realmente me
fascinaron. Tiene un modo muy particular de dibujar los rostros, sobretodo
de niños, un trazo casi angelical para describirlos, casi transparente,
como son en realidad ellos, supongo. Su conexión con lo medieval, su
espíritu, su trazo etéreo me liga a su dibujo. Siempre ubicándose en el
pasado, en algún lugar de nuestra historia, como si tratara de volver a
otra época, a otro mundo, tratando de escapar del cual jamás perteneció.
Gente con sueños, con fe en su trabajo, con esperanza en sus días, en
sus horas que llenan hasta el tope de ganas. Siempre tuve una comunión
con este artista, algo en común que jamás podré darle nombre en esta
vida pues perteneció a alguna otra de la cual no recuerdo el nombre
Una noche hace mucho tiempo en uno de esos encuentros que nos regala la
vida conocí una espiritista en Buenos Aires durante la larga noche del
velorio de mi mejor amigo. En uno de esos momentos en que puedes conversar
con el silencio, Yo era el único que se había quedado esperando
despierto a esta amiga de la familia que venía de afuera; nos pusimos a
conversar durante esas horas que preceden a las mañanas cuando, por un
instante solamente, Dios duerme distraído y puedes hacer llorar tu alma.
Nunca me voy a olvidar de esa charla cuando mirándome a los ojos me leyó
como si fuera una taza de té vacía, una experiencia impresionante. Me
dijo que tanto Pablo, mi amigo que yo ya extrañaba tanto y yo, habíamos
nacido en una época que no era la nuestra. Que siempre seríamos
diferentes.
Creo que lo sabes y estas de acuerdo conmigo, mi querido amigo. Somos
diferentes, no porque elegimos nuestra carrera o estilo de vida tan
particular. Somos diferentes porque tuvimos la gracia de usar esa
capacidad para serlo. Y el serlo nos compromete a finalizar una obra
celestial, a terminar un ciclo mágico. Somos los líderes de una nueva
sociedad, de un nuevo universo.
Tener la visión de todos estos protagonistas de la vida, la fuerza y
la perseverancia en su lucha por alcanzar un fin deseado, una meta. Poder
saborear sus éxitos, observar sus fracasos, sus errores y ver como a
pesar de todo siguieron adelante, no hace más que fortalecer mí ánimo y
llenarme de confianza. El sol sale para todos, no para solamente algunos
privilegiados; creo que el secreto de un buen bronceado es saber mirar
hacia el astro rey y no cubrirnos de tantas cremas protectoras. Después
de todo, no creo en los médicos (si, en la medicina), después de haber
vivido en esta ciudad casi quince años y ver como en este y en varios
territorios de nuestro mundo, uno observa como la avaricia y la codicia
dejaron olvidada aquella promesa que Sócrates hiciera hace tanto tiempo.
Todo esto junto, en una copa de inspiración y ganas, en una mañana
fría de invierno.
La nieve se ha convertido en un diluvio blanco fuerte, casi inmaculado
que choca sin miedo y se quiebra en infinitas astillas contra los vidrios
de mis ventanas, me esta hablando, conversando, contando sus historias
desde hace casi ya veinticuatro horas, la oigo atento y al mismo tiempo le
cuento las mías que se entremezclan con la melodía de una canción de
los sesenta.
Me gusta cuando nieva bien fuerte sobre las calles cansadas de una
ciudad, limpiando las pisadas sucias de caminantes invisibles que con
suelas gastadas dejan enterradas infinitas novelas diferentes. Historias
que se hacen realidad en un simple video o en un mural inmaculado de una
gigantesca estación de tren. Ese tamborileo fascinante de infinitas
estrellas transparentes y cristalinas contra el asfalto que golpean sin
miedo y se atreven a gritar nombres simples y de apellidos compuestos, de
esos apellidos que nos gustan tanto a los argentinos y nos hacen sentir
más importantes, arrogantes, como aquellos pobladores de una Babel en
decadencia, para a pesar de todo recordarnos nuestra historia.
La gente que vive su historia, vive su día, absorbe el día, no lo
respira como la humanidad que lo deja pasar sin percibir que el es el
único sustento que nos queda. Un día que sólo nos regala
desinteresadamente su magnífica presencia, esencia misma de nuestra alma.
Mi querido H., no dejes que el mundo destruya tus sueños, que otra
cosa le queda pues por realizar más que oscurecer el campo santo del
destino que te espera. Eres, somos, soy un universo poderoso enclaustrado
en nuestra naturaleza con una desesperada añoranza por gritar una
libertad a la cual se teme.
Solo abre ese libro que me mostraste la última vez que estuve en
París de visita, creo que era en la introducción de tu catálogo escrita
por tu padrino, el maravilloso Manucho Láinez, un nombre más en nuestra
larga lista de héroes, ¿entiendes?
Nuestra vida es como ese Sacro Bosque repleto de piedras, de alegorías,
de cataclismos y monstruos que tratan de impedir nuestra aventura. La
aventura que se convertirá en un ejemplo de gloria.
Esta, es tu vida. Este, es tu video. Este, es tu mural gigantesco de
ninfas y faunos; ya no habrá ensayos ni prácticas, esta es tu
oportunidad. Hazlo ahora.
No cometamos ese pecado tan vil de no vivir, de no haber sido felices,
de no habernos animado a realizar, a crear, en vez de observar.
Te entiendo cuando dices que tienes dudas, cierto temor. Me sonrío al
pensarlo querido H., yo también tengo dudas, tengo miedo y me equivoco
cayendo en un vacío que hace sangrar mi alma. Por cierto que lo tendrás,
después de todo: "Humanum errarum est", y somos humanos. Yo
tengo los míos, no soy el capitán América, pero si soy alguien
privilegiado que puede y hacer lo que quiere, tú también lo eres.
Alégrate de tu elección mi querido amigo, vívela.
Ahora solo te queda descubrir la causa de ella, su fin eterno.
Tu trabajo, como siempre, me ha dejado perdido en las alturas, flotando
entre tus sueños. Logras con el lo buscado. Tu obra conversa su mensaje
con nuestra alma.
Como siempre mis respetos,
F.S.
Dallas, enero '07
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