|
Frente
a Frente y Protestado
Por Agustín
Ramos VII (Foro de Hombres Gay).
Sobre el 31 de
agosto 2003.
Ayer yo estaba de lo más contento, brincando y unos cuantos gritos
callejeros ayudaron. Nos quedamos de ver enfrente de catedral para una
protesta pública en contra de las opiniones políticas del papa en cuanto
a las uniones de individuos del mismo sexo. Punto.
Brincaba bailando, miraba una y otra vestida, otro que abrazaba o
besaba a su pareja, gay o lesbiana y una cauda más de solteros y solteras
con una sonrisa en los labios y un ceño un tanto fruncido porque estuvo
el sol muy fuerte. Augusto al micrófono y otra chava turnándoselo,
invitaron a otra gente a difundir su opinión por la plaza y la bocina.
Y llegó Gilda. Gilda es la trans que está en el foro de hombres gay,
que es muy simpática y muy ordenada y muy propia y que llegó hasta mí y
que me hizo tomar conciencia del contacto.
-No me dan buena seña la cantidad de polis alrededor. Si ves que viene
la violencia no habremos de agredir, sino utilizar las patas.
-Aquí no hay patas. Putas unas y otras que andamos de fiado, pero
patas ni una y gallinas todas.
-Pasa la voz, si las cosas se ponen feas, a correr. Nunca a agredir.
Yo escuché el consejo. De verdad que intenté pasar la voz. La gente
que pasaba por la banqueta de catedral nos miraba, había cada vez más. Y
era natural siendo domingo, o salían de misa o iban a misa. Y era
cierto, en nuestra manifestación no llegaban más al contingente. Las que
llegaron, llegaron y los que vinieron vinieron. Cien o doscientos. Hasta
ahí. Y estaba yo muy contento y en la cara tenía una sonrisa. Y si
escuchaba la invitación a una porra la misma que yo coreaba, o decía
cualquier estupidez co tal de llegar al absurdo. Y en verdad me divertía.
Pero no pasaba la voz de estar alerta. Estaba sintiendo miedo. Cuando
marché la primera vez sentí lo mismo. Precaución a los madazos. Pero
aquí fue diferente, éramos muchísimos menos.
Soy maestro de escuela, cada cual hace lo suyo, mantiene una imagen o
un trabajo, mantiene un prejuicio suyo o de alguien más.
Y a uno mismo lo mantiene el miedo o el amor. Y ayer sentí ese miedo.
Ese estar equivocado y que me molesta mucho. Esa homofobia introyectada y
social. Porque fuimos a protestar contra las ideas políticas y
globalizadas de Susan, no contra su religión. Y ambos, Susan y yo, hemos
profesado la misma fe. Sólo que a él no lo dejaron como a mí cuando niño
encargado con muchas tías, por aquí que te lleven a la iglesia, mira
este es el santo de quién sabe quién, a esta la colgaron de los pies y
fue hace mucho, vete a confesar, y qué le digo, que te peleas con tu
hermana, que haces los mandados de mal modo, que te quedas con el cambio,
todo lo que haces y hasta lo que piensas, rezas lo que te diga y te
arrepientes de haberlo hecho, dicho o pensando, híncate y pide perdón,
si no he hecho nada malo, ni me quedo con el cambio ni pongo mala cara de
ir a las tortillas y a mi hermana la molesto porque no me dejo ni en la
doctrina dice que te has de dejar de tu hermana mayor, ve y dile eso al
padre a ver lo que te dice, él tiene razón muchachito, él sabe lo que
dice porque representa a nuestro señor en la tierra, y no me explico quién
representa a nuestra señora, porque cada vez que escucho nuestro señor y
nuestra señora me siento negrito esclavo de los campos de algodón o
nativo igualmente esclavo de la hacienda del patrón, esclavizado en la
estampita bajo el estandarte de Miguel Hidalgo y mi tía que también es
maestra de escuela me adoctrina hasta en domingos, bajo esa mantilla que
le cubre la cara para hablar desde las sombras, estos son los
romanos, parece que traen una escoba en la cabeza y son los que
crucificaron a nuestro señor, ¿y dónde está el señor? Aquí y allá
te observa y sabe lo que haces y lo que piensas, y miro a todos los
gendarmes y las cámaras de televisión y la gente de los medios. Yo prácticamente,
hasta adelante. Haciendo contacto con mis emociones.
Héctor, mi expareja, me dijo que siempre tuvo esa sensación de estar
equivocado, de tener miedo a ser descubierto y que eso le levaba a
lastimarse gacho, haciendo cosas que él no deseaba.
A mí no me pasó mucho así, pero desde los cuatro años iba del brazo
con mi madre cuando lo de san Cosme, y corrimos mucho. Esa sensación de
estar equivocado y que alguien, si no estaba equivocado sí estaba
golpeado, utilizando el poder del garrote.
Por eso fue importante Gilda para mí ese mediodía de ayer, porque me
permitió hacer contacto conmigo, no pude pasar la voz por miedo, esa
sensación que paraliza, nomás dije tarugadas por minuto para evadir mi
yo social. Y me dio gusto más con las cámaras, y me dio más alegría
cuando estuve haciendo ronda con mis nuevos cuates y reverendos
desconocidos que somos gremio, que nos divertimos mucho en la machincuepa
y frente a esa mole de ideas culpígenas con cúpulas labradas a
lomo y sudor de sangre nativa: La Catedral. La gente y la mocharía me
valió reverendo pito, lo importante fue tener contacto conmigo, enfrentar
al miedo es verlo de frente y hacerle un trans, pasándole a través. Del
género. Gracias Glda.
|