Spiegel, Frank Thadeusz, 11 de mayo (Traducción
al castellano © Enkidu): Algunas personas adoran sus computadoras
portátiles [laptops] más que otra cosa en el mundo entero. Otros son
excitados sexualmente por instrumentos musicales o por edificios. Los
expertos tratan de comprender una obsesión sexual rara conocida como
objetofilia [objectophilia].
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FOTO:
Anne Schönharting / Ostkreuz
La
relación de Sandy K. con las Torres Gemelas es de alguna manera
inusual.
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El 9 de noviembre de 1989 fue un día terrible
para Eija-Riita Eklöf-Mauer. Una muchedumbre rampante pisoteó a su
marido en Berlín, atacándolo con martillos y arrancando trozos enteros
de su cuerpo. "Con los vínculos emotivos, amor profundo, buenos
recuerdos junto a él.... La única manera de sobrevivirlo es 'bloquear'
este evento terrible", la mujer sueca traumatizada escribió sobre su
sitio web años más tarde.
El 11 de septiembre e 2001, lo amado por Sandy K.,
residente de Berlín, fue ejecutado en público en las calles de Nueva
York. Los lugares y las fechas de los dos crímenes podrían estar muy
separados en el tiempo, excepto que lo que une a ambas mujeres es una
obsesión extraña y obscura.
De regreso en 1979, Eklöf se comprometió [tied
the knot] con el Muro de Berlín y legalmente cambió su apellido para
marcar la ocasión ("Mauer" significa "Muro" en
alemán). Desde que ella tenía ocho años de edad. Sandy K. estaba
anamorada desesperadamente de las Torres Gemelas de Nueva York. Ninguno de
estos dos amantes monumentales fueron conocidos por ser particularmente
hablantines. Ni ellos parecían ser bendecido con las cualidades de la
seducción. Pero para sus admiradoras, los edificios eran machos [male],
sexy y en extremo deseables.
Para Sandy, de 25 años de edad, la atracción con
las cosas es tan dominante, ella confiesa: "Cuando se trata de amor,
sólo me atraen los objetos. No podría imaginar una relación amorosa con
un ser humano." ["When it comes to love, I am only attracted to
objects. I couldn't imagine a love affair with a human being."]
Su renuncia radical al amor entre dos personas no
convirtió a la mujer joven en solitaria. Ella logró ser admitida desde
hace mucho en un círculo de personas con el mismo parecer [like-minded],
todas ellas dedicadas al amor por las cosas. Ellos se llaman a sí mismos
objetófilos [objectophiles] u objectum-sexuals [sexual-objetos]. Ahora,
los expertos se ven confrontados con la tarea de interpretar este
fenómeno.
Volkmar Sigusch, catedrático retirado y
ex-Director del Instituto de Ciencia Sexual de la Universidad de Francfort,
es una persona que cree que ha desentrañado los misterios de la
objetofilia. El ha probado de manera exhaustiva esta atracción por
objetos como parte de su investigación sobre las formas varias de la
"Neo-sexualidad" moderna. El sexólogo ve esta inclinación como
la prueba de su hipótesis de que la sociedad está dejándose llevar,
cada vez más, hacia la asexualidad: "Más y más personas declaran
abiertamente o pueden ser vistas que viven sin una relación íntima o
confiada con otra persona", asegura Sigusch, añadiendo que las
ciudades son habitadas por un ejército entero de individuos socialmente
aislados: "Personas solteras, aisladas, sodomitas culturales, muchos
pervertidos y adictos a las relaciones sexuales." ["Singles,
isolated people, cultural sodomites, many perverts and sex addicts."]
No Sólo Fetichistas
"De ninguna manera somos sólo francos
fetichistas", insiste Joachim A., y él explica de inmediato la
diferencia: "Para algunas personas, su automóvil puede llegar a ser
un fetiche, que ellos usan para colocarse a sí mismos en el centro de la
atención. Para el objectum-sexual, por otro lado, el automóvil mismo -y
nada más que el automóvil- es el compañero sexual deseado, y todas sus
fantasías sexuales y emociones se concentran en eso."
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FOTO:
Norbert Enker
Recientemente,
Joachim A. ha sido muy fiel a su locomotora de vapor.
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El hombre de 41 años de edad reconoció y aceptó
su inclinación cuando tenía apenas 12 años de edad. Fue entonces que se
enamoró perdidamente "en una relación emocional y físicamente muy
compleja y profunda, que duró años." Su pareja, en ese entonces,
era un órgano Hammond -ahora y durante varios años él se encuentra en
una relación estable con una locomotora de vapor. Debido a que, de manera
específica, le excita la mecánica interiores de los objetos técnicos,
los trabajos de reparación han conducido, a menudo, a la infidelidad en
el pasado. "Una aventura amorosa bien podría iniciar con un radiador
descompuesto", dice quien hoy es un amante monógamo, recordando
cómo iniciaban antes sus relaciones amorosas.
Joachim se dio cuenta, de forma gradual, que
"tu puedes revelarte a tí mismo a una pareja-objeto de una manera
íntima, en cierto modo que nunca podrías revelarte a tí mismo con
cualquier otra persona." Eso incluye el deseo de "la experiencia
sexual juntos", él añade.
Ningun límite a la experiencia erótica
Cierto, la forma exterior del amante puede
plantear problemas para la consumación de la relación. Pero esos
problemas se solucionan de forma muy pragmática por la mayoría de los
objectum-sexuales: Sandy K. tiene un modelo de las Torres Gemelas,
fabricado a escala de 1:1,000. La fachada consta de aluminio anodizado,
exactamente como el original - "así que el modelo se siente
verdadero en la vida." La miniatura de metal tiene otra ventaja
tangible: no se oxida cuando Sandy K. se tomar "un baño agradable
con este."
Aparentemente, casi no hay límites para la
capacidad humana por la experiencia erótica: "Tu te acurrucas juntos
en la cama", ella explica, "lo que puede ser muy excitante."
Bill Rifka, estudiante de psicología -quien tiene
35 años de edad y está en una relación con un iBook- admite que él ha
"coqueteado con muchas computadoras portátiles dulces, a menudo, en
eBay y sentí deseo verdadero." Como todos los objectum-sexuales,
Rifka también atribuye un género claro a su pareja: "Para mí, mi
Mac es macho [male]. Estoy viviendo una relación homosexual, por así
decirlo."
Bill Rifka comparte su inclinación homoerótica
por objetos con Doro B., de 41 años de edad, quién se enamoró de una
máquina de procesamiento de metal mientras se encontraba en el trabajo y
"de inmediato sentí una presencia de sexo femenino." Desde
entonces, la máquina la ha estado tentando con su "murmullo
melodioso". Pero a veces también causa preocupación a Doro:
"Mi amor tuvo uno de sus berrinches y echó a la basura su aparato de
medición", ella anotó temerosa en su diario en-línea.
En la vida cotidiana, Doro debe limitar sus
muestras de cariño "a besitos y caricias -entonces no es tan malo si
alguien nos ve". Cuándo ella está en casa y quiere "más",
ella saca un componente o un modelo de su compañera. Pero, ella añade,
"eso no es un substituto; es más como un suplemento. Por eso es que
no cuenta como estar engañando. El modelo se desempeñar como una especie
de máquina de fax que transporta mis sentimientos a mi amada."
Sigusch, el sexólogo, no quiere clasificar tal
comportamiento no convencional como algo patológico. "Los
objectófilos no están lastimando a alguien. No están abusando o
traumando a otras personas", juzga él. Y entonces preguntar con
suavidad: "¿De quién más se puede decir esto?" ["Who
else can you say that about?"]
SPIEGEL ONLINE
- May 11, 2007, 03:05 PM
URL: http://www.spiegel.de/international/spiegel/0,1518,482192,00.html