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Si hubiera podido decir que soy
su esposa...
Por © Julizzette Colón-Bilbraut /Enkidu ©

Esperaba yo, en el estacionamiento particular de
los empleados que trabajan en la división de mi esposita. Esta es una
división especial; solo unos pocos trabajan ahí. El estacionamiento es
limitado y tiene fácil acceso a la calle, por lo que hay personal
asignado a vigilar que el estacionamiento de la división especial donde
trabaja mi esposita, no sean usurpado por gente de afuera.
Como les decía, esperaba yo que mi esposita bajara
de su oficina y nos fuéramos a casa. Con esto del alza en la gasolina y
en todo, buscamos hacer “car pooling” lo más que mi itinerario nos lo
permita. Ya la había llamado al celular y le había dejado saber que
estaba en el estacionamiento esperando por ella. Me dijo: “No tardo”.
El estacionamiento está lleno. Es estrecho y angosto. Maniobro un poco,
dando marcha hacía al frente y dando marcha hacía atrás, hasta que
encuentro un huequito donde estacionarme.
En la división de mi esposita, todos me conocen. Llevan años trabajando
juntos. Saben que somos una pareja por lo bajo, pues si llegara a oídos
mayores, le podría costar el trabajo a mi esposita. Todos me caen muy
bien. Los respeto y me respetan mucho. El jefe de la división de mi
esposita mira por la ventana, reconoce mi carro y me saluda desde arriba.
Le devuelvo el saludo. Sigo esperando por mi esposita. Estoy loca por
llegar a casa y aun nos espera el tapón de regreso. Han pasado ocho
minutos y mi esposita no llega aun. No obstante, es alguien más quien
llega...
Viene caminado hacia mi carro con la vista fija en el vidrio de mi ventana.
Viene en actitud, viene jaquetón y me toca fuertemente en la ventana.
Bajo el vidrio y le pregunto, “¿Dígame?” A lo que me contesta, “¿qué
hace usted aqui?” Le contesto que espero por .... y le doy el nombre
completo de mi esposita. Me sigue cuestionando y me pregunta, ¿éella
sabe que usted está aqui?. Le contesto que si, que ya le había llamado
para avisarle. El no está satisfecho, no le da la gana de creerme, ¿sábes?
Ando bien vestida y en un buen carro. Lo trato de usted en todo momento
pero el insiste en seguirme fustigando, con variantes de la misma pregunta.
¿Háce cuanto dice que la llamó? ¡Hasta aquí llegue! ¡No pude más!
Le risposté: ¿Cúal es su problema? ¿No entiende o no esta satisfecho
con lo que le he dicho? Ya le he explicado lo que hago aquí y por quien
espero! Me contesta en voz alta y con actitud retante: A mi usted no me
puede hablar de esa manera porque usted no sabe, lo que yo podría hacerle.
Me eche a reir sarcásticamente y dije: Yo soy abogada, a ver, que piensa
usted que me puede hacer? Me gritó: ¡No se creeaa que porque es abogada,
yo no se donde comienzan mis derechos! Yo no le tengo miedo. Le riposté:
¡Lo que parece que usted no sabe, es donde comienzan mis derechos y
terminan los suyos. Yo tampoco le tengo miedo a usted. ¿Sabe que? Lo que
usted quería de un principio era sacarme del estacionamiento, pues ahora
mismo me voy! ¡Cuando, baje _________, usted le explica por que me sacó
del estacionamiento! Lo último que escuche que me dijo fue, ¡Yo no le
dije que se fuera!
Salí botando chispas del estacionamiento y llamé nuevamente a mi
esposita. Estaba histérica, alterada, enfadada, frustrada, sintiéndome
ofendida y maniatada. En ese instante, mi esposita se topaba con él. Le
explicaba que yo la estaba esperando para recogerla y que ella me había
autorizado a esperar en el estacionamiento. Demás está decirles, que
ahora mi esposita tiene que caminar hasta la calle cuando voy a recogerla.
No entraré nunca más a ese estacionamiento.
Si yo le hubiese podido decir, que esperaba por mi esposa, como pudo haber
estado esperando cualquier otra esposa de los miembros heterosexuales de
la división, esto no hubiese pasado. Si existiera algún reconocimiento
de ley a nuestra unión, no hubiese tenido que quedarme callada y aguantar
tan vicioso escrutinio. Si estuviese legislado el respeto por nuestra
convivencia como parejas, hubiese sido plausible para el individuo del
estacionamiento pensar, que podía yo estar esperando por mi esposa...
!Si claro! Si esto lo pudimos haber resulto con andar yo, con la escritura
de poder, colgando del cuello, como pretende Fortuño y los
fundamentalistas. Es más, estaba esperando por mi tía, no, no, por mi
prima... ¡que va! Por mi hermana, como pretende el Arzobispo y Acevedo
Vilá con la uniones compartidas!
¡¡¡¡Que falta de respeto es esta!!!!
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