Finally!
They
found the apple that Eve ate and caused the world so much trouble!
Ya
decía yo que Eva era una lista. Y su listura ahora está probada. Y era
una guzga, que no chusca.
Si
los varones heterosexuales (en esa historia del Adán edénico que
vivía en el Edén adánico, la homosexualidad está negada, borrada
totalmente como en todo lo que produce la mente heteronormada
institucional), se hubieran atenido a los horizontes del obediente y
casto Adán, entonces seguirían en el jardín del Edén, sometidos a la
ley de Dios, sin deseo de ninguna clase, excepto el semblante de deseo
que es el de la reproducción de ese orden ad aeternum, puesto que Él
lo ha dado todo, sin atreverse a desobedecer, sin tener siquiera la idea
de que hay otro sitio que no es el edén, y que hay otro orden que no es
el perfecto. Pues eso es exactamente lo que es el orden heteronormativo,
la reproducción hasta la náusea de lo mismo, del mismo viejo y
desafinado estribillo buga que centra todo en el patriarca.
Finalmente
Eva, descubrió al hombre que tenía un pene y que lo podía utilizar.
Ella creó al hombre, al hombre de verdad. En su perfecta “felicidad”
(o idiotez, para el caso da lo mismo) Adán ni siquiera tenía
conciencia de que lo que traía entre las piernas y de sus posibles usos:
¡¡¡ni siquiera llegó a preguntarse para qué se lo había dado de
padre!!! ¿Se le pararía a Adán? ¿Lo tendía tan chiquito, que ni
siquiera se lo encontraba? Independientemente de su tamaño, el “beato”
Adán ni imaginaba que podía utilizarlo, ni sabía que podía sudar,
vestirse y hacer algo que echar la hueva, bueno, el papanatas no tenía
conciencia de que había la posibilidad de echarla!!!!!… finalmente
quien descubrió todo fue Eva. Una mujer culpable… de haber puesto
todo en marcha… el deseo, la trasgresión, la desobediencia, la
posibilidad de buscar un orden diferente del tedio de la perfección, la
posibilidad de ser, la inventora de nuevos horizontes… fue la
inventora del cuerpo desnudo, del rubor, hizo que la mirada del otro,
realmente mirara, que observara con atención la diferencia, y que esa
diferencia se da como un más allá de lo que Él planea y de que su
creación era aburridamente inmóvil. Ella se colocó como objeto de la
mirada y de deseo, se puso en el centro de una escena del placer, del
orgasmo, de la satisfacción, de la muerte pequeña… ella inventó la
seducción… ella se atrevió… ella inventó el apetito, las delicias
del paladar. Ella creo el gusto y las acciones que tienen consecuencias,
los actos…
¡Madre
nuestra, santificado sea tu nombre! Deberíamos rezar y reconocerla como
única posibilidad de salir del Padre perfecto impositivo,
heteronormativo, y del alelamiento adánico.
¿Ese
es, entonces ,el fruto por el que estamos obligados a ganarnos todo con
el sudor de la “frente”?
Pues
vale. Yo soy hijo de Eva… ¿tú lo eres de Adán?
Besos
Antonio Marquet