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Discurso
inaugural del Encuentro Laico Internacional sobre Diversidad Sexualidad
y Familias por Diputado David Sánchez Camacho€
Palacio Legislativo a 16 de julio de 2007.
Encuentro Laico Internacional
sobre Diversidad, Sexualidad y Familias
Este
Encuentro pretende propiciar una reflexión para impulsar políticas públicas
y reformas legislativas sobre la base de un Estado laico, con fundamento
en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada el 5 de
febrero de 1917, con el objeto de fortalecer el reconocimiento de los
derechos humanos a través de un marco jurídico y programas que
promuevan la educación de la sexualidad, el cuidado de la salud sexual
y reproductiva, el respeto a la diversidad sexual y el reconocimiento de
las distintas formas de organización familiar.
En
un país como este que experimenta una incipiente democracia, es
necesario recurrir a la tolerancia, análisis y planteamiento
de ideas que nos dirijan a las coincidencias a través de
acuerdos para convivir sin violencia con democracia, igualdad, equidad,
orden y justicia para todas y todos.
Es
así que en los orígenes del Estado laico durante el siglo XVIII el
legado racionalista de la ilustración se antepuso en contra del
oscurantismo dogmático, el progresivo triunfo de la ciencia sobre la
ignorancia y de la razón sobre el fanatismo religioso, invalidando el
ejercicio de la violencia física como forma para imponer a los
individuos, creencias ajenas a su libre voluntad o tradición.
En
el Estado laico, sin duda, las iglesias han dejado de contar con el
dominio monopólico que se atribuían, proceso al que contribuyeron los
que lucharon durante los últimos trescientos años que denunciaron las
incongruencias eclesiales, limitando o suprimiendo su influencia sobre
las leyes y las autoridades.
La
modernidad propició una visión del mundo permeada por el laicismo, y
la tolerancia nació como un valor producto de éste. Libertad y
tolerancia son conceptos que están vinculados a la laicidad, su
correcta combinación permite neutralizar el resurgimiento de los
valores absolutos.
En
México, la defensa del laicismo no busca atentar contra las libertades
de las instituciones religiosas, sino evitar cualquier oportunismo político
que pretenda sustentar la legitimidad del poder público de este país.
La
defensa del laicismo, herencia primordial de los liberales del siglo XIX,
implica la defensa de la libertad y los derechos de todos los mexicanos,
independientemente de la posición que ocupan dentro de la sociedad o de
sus creencias.
Con
la separación entre el Estado y la Iglesia; la religiosidad y las
creencias dejan de ser un asunto público y se convierten en un asunto
cada vez más personal y privado. En la medida que la Iglesia deja de
pertenecer a la esfera pública, lo religioso pasa a ser políticamente
irrelevante. El papel de la religión deja de tener trascendencia
social.
La
Constitución de 1917 fue más allá del espíritu liberal de las
reformas del siglo XIX. Las iglesias no existían jurídicamente y la
religión se profesaba en los templos o en las casas. Los ministros de
culto estaban sujetos a todo tipo de restricciones políticas y los
partidos no podían tener referencias confesionales.
A
partir de 1938 apareció una nueva forma de convivencia entre la Iglesia
y el Estado mexicano. La Iglesia aceptó el monopolio estatal sobre la
cuestión social, a cambio de la tolerancia gubernamental respecto de
las actividades educativas eclesiales.
Durante
el gobierno encabezado por Carlos Salinas de Gortari se modifican y
crean diversos instrumentos jurídicos que dan origen a la reforma
constitucional en materia religiosa de 1992. Cabe recordar que se
modificaron los artículos 24 y 130 y se creó la Ley de Asociaciones
Religiosas y Culto Público. Esta reforma establece un regreso al espíritu
liberal de la Constitución de 1857, debido a que se abandonan la mayor
parte de las normas anticlericales de la Revolución, pero también
ponen de manifiesto la importancia de fortalecer los principios del
Estado laico.
En
estos días observamos de manera preocupante que la escena nacional está
dominada por actos de violencia generalizada, corrupción, y
divergencias políticas, sociales y económicas.
Así
lo pone de manifiesto la división de la sociedad después de las
elecciones del año pasado,
en donde se observaron campañas de odio contra partidos políticos y
candidatos que ocasionaron fuertes heridas en la ciudadanía, mismas que
pueden abrirse aún más, si se continúa con esa estrategia electoral
de odio y resentimiento como lo acontecido en Yucatán.
O
los supuestos atentados que aparentemente se adjudica el Ejército
Popular Revolucionario (EPR), de las explosiones a los gasoductos de
Petróleos Mexicanos en los estados de Querétaro y Guanajuato; la
controvertida participación de las fuerzas armadas, extralimitando su
competencia, en el combate al narcotráfico, el cual, ha ocasionado un
enfrentamiento armado entre el Ejército y la delincuencia organizada,
teniendo como resultado incuantificables ejecuciones de personas, el
escandaloso caso de la presunta corrupción de funcionarios del gobierno
federal actual, desencadenado por las declaraciones del empresario prófugo
Zhenli Ye Gon y la profunda división entre los principales actores políticos
y económicos resultado de una muy cuestionada reforma hacendaria.
En
medio de este enfrentamiento político, económico y social, e incluso
militar, ahora, la Arquidiócesis de México propone una reforma
constitucional a los artículos 3º, 24, y 130, así como modificaciones
a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público con el propósito
según, sus mismas palabras de “alcanzar una verdadera libertad
religiosa”.
Es
lamentable que la Iglesia Católica precisamente en los momentos que el
país requiere unidad y voces orientadoras que propicien un ambiente de
tolerancia, civilidad y solidaridad, introduzca de manera irresponsable
un elemento más de confrontación: una disputa de carácter político-religioso,
conllevaría a un riesgo muy elevado de inestabilidad social.
En
lugar de buscar posiciones de poder y privilegio, sería pertinente que
desde las asociaciones religiosas se hiciera un llamado a la
reconciliación de todos los sectores del país, para que prevalezcan
los métodos pacíficos de resolución de las controversias, por encima
de los que pugnan por el uso de la violencia.
Una
vez concluida la difícil experiencia del primer gobierno de la transición,
la Reforma del Estado constituye el marco ideal para reivindicar los
principios del Estado laico: resguardando las libertades y los derechos
de todas y todos los mexicanos, y combatiendo el oportunismo de los líderes
políticos que buscan legitimarse recurriendo al apoyo del clero; e
impidiendo por otra parte,
que las jerarquías
religiosas busquen imponer su visión y filosofía a la sociedad y
gobierno mexicano: por esto es urgente subir a rango constitucional,
precisamente, la laicidad del Estado.
Esperamos
que el análisis la reflexión y las propuestas que se lleven a cabo en
este Encuentro, contribuyan a impulsar reformas legislativas que
enmarcadas en políticas públicas pertinentes, permitan que el país
avance verdaderamente hacia una democracia plena. Es preciso evitar los
retrocesos que voces y posiciones intolerantes pretenden hacer
prevalecer.
Cabe
recordar que en el 2009 el Vaticano organizará el VI
Encuentro Mundial sobre la Familia en la Ciudad de México. Sin
embargo, no se debe aceptar que el clero político imponga a toda la
sociedad, su visión religiosa de la familia o de temas que sólo al
Estado competen.
En
este contexto consideramos fundamental señalar que, frente al enfoque
religioso en temas sobre educación de la sexualidad, la conformación
de familias alternativas, la salud sexual y reproductiva, el derecho de
la mujer a decidir sobre su cuerpo y
la diversidad sexual, deben ser analizados desde la perspectiva científica.
En
las conferencias que se presentarán a lo largo de esta semana se
discutirán temas de vital importancia, para una sana convivencia de la
sociedad mexicana, pero los grandes ejes reflexivos que guiarán este
Encuentro Internacional serán el laicismo y la educación.
En
una sociedad más informada, la educación de la sexualidad es un
derecho y se constituye como el instrumento más eficaz para transformar
a la sociedad mexicana, en virtud de que no solo desarticula desde la raíz
la discriminación hacia bisexuales, gays, lesbianas, transexuales y
transgéneros; sino también permite combatir la deserción escolar por
embarazos no deseados, sobre todo en la población adolescente y permite
romper el círculo vicioso de la pobreza y violencia intrafamiliar, el
machismo, la misoginia, la homofobia, convirtiéndose al mismo tiempo,
en instrumento de prevención de infecciones de transmisión sexual,
evitando pandemias como la del VIH/SIDA, o el papiloma humano.
Es
decir, la educación de la sexualidad puede ayudar a alcanzar un mundo más
libre, democrático, justo, equitativo, igualitario, democrático,
desarrollado, sin discriminación y sin violencia.
La
libertad de conciencia, como elemento primordial de la libertad de
creencias, debe ser
garantizado por las instituciones políticas, ya que le imprime solidez
al Estado laico y lo blinda frente a los embates
agresivos de la derecha confesional.
La
defensa del Estado laico en la actualidad, implica reconocer que la
separación entre las esferas política y religiosa, y la distinción
entre la gestión pública y las creencias personales son principios de
la convivencia social.
FRENTEA
A LA INTENCIÓN DEL CLERO DE TENER MAYOR PODER Y PIVILEGIOS.
¡Pongámonos
en estado de alerta!
¡Defendamos
el Estado Laico!
¡Víva
el Estado Laico!
Muchas
gracias.
Dip.
David Sánchez Camacho.
Palacio
Legislativo a 16 de julio de 2007.
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