| El Festival de Cine Queer de Indonesia saca a los gays
del armario
YAKARTA, 26/08/2007 (Reuters) - El festival de cine gay de Indonesia
tuvo que enfrentarse a una violenta oposición durante sus inicios.
Miembros de un grupo radical islámico intentaron irrumpir en los cines
y parar las proyecciones, pero el festival cumple ya seis años y el
organizador John Badalu ya no tiene miedo a nada.
La inauguración el viernes del Festival de cine Q! (QFF, por sus
siglas en inglés) reunió a una multitud en Yakarta, que lucían vistosas
pelucas de colores, medias de red y alas de cupido.
La homosexualidad no está prohibida por las leyes indonesias, pero
continúa siendo un tabú en un país donde el 85 por ciento de sus 220
millones de habitantes son musulmanes.
"El festival ha dado algo de fuerza a los movimientos de derechos
de los gays en Indonesia, y ha permitido que salgan a la luz muchos temas",
dijo a Reuters Badalu.
El difunto ex presidente Suharto allanó el camino para una mayor
libertad de expresión en 1998, permitiendo que temas como la política y
la homosexualidad se pudieran explorar en las artes.
"Arisan", una película de 2003 sobre la vida de una mujer de
la clase alta Indonesia, fue la primera película indonesia de temática
homosexual, hablando de una mujer que tenía un problemas matrimoniales y
que se siente atraída por un joven ejecutivo gay.
En un país donde muchos homosexuales siguen dentro del "armario",
el festival toca con delicadeza los problemas a los que se enfrentan como
comunidad marginada a través de películas como "Happy
Together", del director japonés, Wong Kar Wai, que muestra como se
deteriora la relación de una pareja gay.
Entre las películas internacionales que han intentado romper los mitos
entorno a la homosexualidad se incluye "La mala educación", del
oscarizado Pedro Almodóvar, que explica la historia de un actor que
sufrió abusos sexuales durante su infancia por un cura pedófilo.
Las edición de este año estuvo a punto de ser suspendida, pero no por
la oposición de los musulmanes extremistas sino por la falta de fondos.
"Un trabajador de una gasolinera de Oriente Medio me envió una
larga carta, describiéndome como, un simple trabajador, apoyaba la
misión del festival. En principio pensé que la carta era una broma, era
muy larga. Pero entonces, al final de la carta decía que había donado
100 dólares", dijo Badalu.
/Por Adhityani Arga y Sugita Katyal/
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