Fastuosa torre nace
débil
Por Diego Cevallos
MÉXICO, 30/08/2007 (IPS) - El gobierno de
izquierda de la capital mexicana quiere celebrar los 200 años de la
independencia del país patrocinando la construcción de un edificio que
rompa el récord de altura en América Latina, en el emblemático parque
de Chapultepec y para uso de un puñado de corporaciones.
La torre de casi 300 metros de altura, con 70 pisos, cuyo diseño
algunos lo comparan con un ataúd puesto de pie, será construido por
una firma liderada por ex funcionarios y amigos del municipio y se hará
gracias a que se "flexibilizaron" normar urbanas, según ha
confesado el propio alcalde Marcelo Erbrad.
La intención de sus responsables es inaugurar el edificio el 16 de
septiembre de 2010, cuando se cumpla el bicentenario del inicio de la
guerra de la independencia de España y 100 años del comienzo de la
Revolución Mexicana que dio nacimiento a la llamada República.
Pero el plan, que según observadores contradice los postulados de
moralidad y transparencia con los que afirma trabajar la alcaldía,
colisionó con vecinos, algunos arquitectos y autoridades de cultura,
que además advierten que la obra se haría tras demoler un edificio de
los años 40 considerado patrimonio cultural de la ciudad y que ocupa un
área de 3.800 metros cuadrados.
Ebrard, del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD),
señala que es esencialmente política la oposición al edificio,
bautizado como Torre Bicentenario y ubicado en Lomas de Chapultepec, una
zona de alto valor inmobiliario ubicado al noroeste de la ciudad.
"No hay ningún interés en que se pueda realizar, puesto que
pudiera prestigiar a la ciudad y a su gobierno (municipal)",
sostuvo.
Sobre las limitaciones legales que hay para poder construir una torre de
300 metros en la zona y sobre un inmueble considerado patrimonio, indicó
que esas normas se pueden flexibilizar o cambiar.
Carteles con la leyenda "suspensión de actividades" firmados
por la delegación Miguel Hidalgo, que administra esa parte de la ciudad
y es del gobernante Partido Acción Nacional, opositor al PRD, rodean
por ahora la fachada del viejo edificio triangular de no más de nueve
metros de altura que se quiere demoler.
La gasolinera, los comercios, el taller de autos, el restaurante, las
oficinas y el salón de baile que allí funcionaban, dejaron de operar.
En los alrededores, donde comparten un atiborrado y ruidoso espacio
urbano altamente cotizado viviendas, edificios de oficinas y un hospital
público de niños, cuelgan algunos carteles en los que se lee "¡No
a la megatorre!".
Otras rezan: "Sr. Jefe de Gobierno: cumpla la ley. Escuche a los
ciudadanos. Construya una ciudad sustentable".
En la estrecha calle que flanquea al edificio por derrumbar, diseñado
por el arquitecto ruso nacionalizado mexicano Vladimir Kapé, los transeúntes
se quejan.
"Aquí una torre, cómo cree que esté bien si va a generar un caos
vehicular", dice Aníbal González, un químico farmacéutico,
mientras la secretaría Elena Lara sostiene que el proyecto "es una
locura".
La decisión para permitir la construcción o no está desde inicios de
este mes en manos de jueces y legisladores de la capital. Los primeros
deben resolver un amparo solicitado por los constructores ante la
oposición de la delegación, y los otros cambiar algunas normas para
permitir un edificio de tal altura.
"Hay mucho de la Torre que huele mal, se ve mal, corre en contra de
la transparencia y los esfuerzos para fomentarla. Paso tras paso,
declaración tras declaración, el proyecto revela todo aquello que lo
hace criticable", señaló la politóloga Denise Dresser,
columnista del semanario de izquierda Proceso y del diario Reforma.
El proyecto es patrocinado "por un gobierno que se dice
vanguardista pero sugiere, tanto con la sede escogida como con el
proceso cuestionable para conseguirla, que aún no entiende cómo serlo",
apunta esta observadora.
Son "70 pisos de tergiversaciones. 300 metros de manipulaciones,
6.500 lugares de estacionamiento cargados de contradicciones. Una trampa
para la ciudad, para el PRD que la gobierna, para los ciudadanos que la
habitan", opina Dresser.
El estatal Instituto Nacional de Bellas Artes, que desde 1990 tiene al
inmueble que se pretende demoler en su lista de edificaciones con
"valor artístico", advierte que hará todo lo posible por
evitar que se construya la torre.
El Grupo Danhos, impulsor de la gigantesca edificación y con 30 años
de actividades en la ciudad, defiende a capa y espada su proyecto. Es
sustentable, se hará con técnicas vanguardistas, representa una
inversión de 600 millones de dólares y generará 4.400 empleos
directos, 13.200 indirectos y 600 puestos permanentes, indica.
La Torre simbolizará el bicentenario de la independencia de España y
"contribuirá a consolidar la modernización urbana de nuestro país",
argumenta. Además, "será el más alto, más moderno y más
equipado de América Latina y un elemento urbano característico de la
ciudad", añade.
El proyecto del Grupo Danhos es liderado por Jorge Gamboa de Buen, quien
fue secretario (ministro) de Desarrollo Urbano del municipio de la
capital a inicios de los años 90, cuando el actual alcalde Ebrad era
secretario de Gobierno (Interior) en aquella gestión.
El secretario en funciones de Desarrollo Urbano, Arturo Aispuro Coronel,
fue colaborador cercano de Gamboa de Buen en la alcaldía de la ciudad.
El privado Grupo Danhos ha promocionado sus construcciones en la capital
con mantas donde se observa el logotipo de la alcaldía de la ciudad,
aunque no forma parte de ella, lo que ha generado aún más suspicacia
entre los opositores a la torre.
"Aquí parece haber un contubernio para favorecer a una empresa
privada y una actitud extraña de la municipalidad que pretende celebrar
el bicentenario con una construcción en una zona ya saturada y que será
ocupada, finalmente, sólo por firmas de mucho poder económico",
dijo a IPS el arquitecto urbanista Fernando Montes.
Con el propósito de que la Torre Bicentenario cuente con suficientes
espacios para vehículos, la alcaldía firmó un acuerdo con Danhos. Eso
le permitirá hacer un estacionamiento subterráneo de 30.000 metros
cuadrados que pertenecen al parque de Chapultepec, una zona verde que
colinda con el proyecto.
Ebrad ha reiterado que apoya plenamente la construcción del nuevo
inmueble. Sin embargo, hasta la fecha el Grupo Danhos no presentó a la
municipalidad los estudios de impacto ambiental y urbano requeridos para
sustentar este tipo de obras.
El alcalde capitalino "aspira a presentarse como miembro de una
izquierda distinta, pero su comportamiento en este tema (de la torre)
indica que todo cambia para permanecer igual. La misma discrecionalidad,
la misma opacidad, la misma manera de gobernar el Distrito Federal
(capital) que contribuye a su retroceso en lugar de asegurar su avance",
opinó Dresser.
La delegación que se opone a la construcción, los vecinos de la zona y
el Instituto Nacional de Bellas Artes advierten que harán todo lo que
esté a su alcance para evitar que se realice la obra.
Representantes del Grupo Danhos dialogaron en las últimas semanas con
los opositores a la construcción tratando de que su opinión cambie.
Pero en lugar de acercar posiciones, éstas se han radicalizado.
El arquitecto que diseñó y que supervisaría la torre es el holandés
Rem Koolhaas, quien obtuvo en 2000 el premio Pritzker (considerado el
Nobel de arquitectura). Se trata de un profesional que dicta clases en
la escuela de diseño de la universidad estadounidense de Harvard.
De construirse, el edificio que tendrá decenas de oficinas, tres
restaurantes, 10 grandes zonas comerciales, gimnasio, un centro de
negocios y hasta un museo, será catalogado de forma inmediata como el más
grande y moderno de América Latina.
Para tener un espacio en ese lugar, los interesados deberán pagar miles
de dólares en renta.
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