Una herencia
exigente
Por Marcela Valente
BUENOS AIRES, 26/10/2007 (IPS) - Néstor Kirchner
asumió en 2003 la presidencia de una Argentina desvastada y en poco
tiempo logró afianzar un modelo de crecimiento económico que permitió
recuperar el empleo y bajar la pobreza. Ahora, quien lo suceda en
diciembre tendrá desafíos más amplios y ambiciosos.
Unos 27 millones de argentinos están convocados a las
urnas el próximo domingo para votar por el candidato o candidata que más
le convenza. Los sondeos coinciden en que la senadora Cristina Fernández,
esposa de Kirchner y candidata del centroizquierdista sector gobernante
del Partido Justicialista, puede llegar a la presidencia sin necesidad
de segunda vuelta.
Kirchner estaba habilitado para postularse para un segundo mandato
consecutivo, pero prefirió cederle el lugar a su esposa y se va con una
imagen positiva muy alta, tanto que esa opinión llega a 70 por ciento
de los consultados en la mayoría de las encuestas.
Este nivel de adhesiones resalta aún más si se tiene en cuenta que
llegó al gobierno con apenas 22 por ciento de los votos logrados en la
primera vuelta electoral, gracias a que su contrincante de entonces, el
ex presidente Carlos Menem (1989-1999), del mismo partido pero en las
antípodas ideológicas, se retiró sin competir cuando se sintió
perdedor.
Durante su gestión, Kirchner renegoció el grueso de la deuda externa
en cese de pago desde fines de 2001, cuando el país colapsó, y canceló
las obligaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El déficit
fiscal, una constante en los años 90, devino desde 2003 en un superávit
que se mantuvo a lo largo de los cuatro años y medio que lleva de
gobierno.
La recesión, que se adueño del país de 1998 a 2002, viró en
crecimiento continuo.
Acompañado por un mercado internacional demandante y un mercado interno
en franca recuperación, el producto interno bruto creció a un ritmo de
ocho por ciento anual. La pobreza, que persiste, se redujo a la mitad, y
la tasa de desempleo bajó de 17 a 7,7 por ciento de la población económicamente
activa.
Pero a medida que mejoran los indicadores también crece la exigencia.
Si bien hubo recuperación de salarios y jubilaciones, los trabajadores
y pensionistas reclaman más aumentos y los expertos denuncian que
alrededor de 45 por ciento de los empleos son precarios y sin la
correspondiente seguridad social.
El economista Ernesto Kritz, de la consultora laboral SEL, dijo a IPS
que el reto más importante del gobierno que asumirá el 10 de diciembre
es "una reducción significativa de la informalidad", que a su
juicio "está en la base del desempleo y la pobreza"
remanentes.
"El último empleo de la mayoría de los desocupados es informal, y
en los hogares pobres los ingresos provienen de ese sector. En la medida
en que se pretenda crecer con equidad, una condición imprescindible será
encarar este tema", advirtió.
"A mi no me gusta Cristina", sentenció para IPS Alicia Fernández,
una jubilada de 84 años. "Me parece mejor Lavagna", expresó
aludiendo al ministro de Economía en el primer tramo del gobierno de
Kirchner y que compite por la presidencia.
Tras 11 aumentos salariales otorgados por Kirchner, esta mujer consiguió
duplicar sus ingresos, pero no votará a la esposa del presidente.
La mujer cree que, si bien el aumento de sus ingresos es bienvenido, los
gastos de supermercado y de medicamentos se tragan la diferencia. "Parece
que el dinero alcanza menos porque todo cuesta más", alertó.
Para el analista político Rosendo Fraga, si se cumple el vaticinio en
el que coinciden todas las encuestas, el primer reto de la hoy senadora
Fernández será "lograr que su gobierno sea percibido como un
primer mandato", dijo a IPS, sin el lastre que pueda dejar el ocaso
de la administración de Kirchner.
Las demandas difieren según la procedencia social de los interlocutores.
Los votantes parecen estar en general preocupados por el aumento de los
precios en el último año y por la persistente desigualdad. Datos
oficiales arrojan una inflación anual de 8,6 por ciento, pero
estimaciones privadas duplican el número.
El precio de los alimentos está al tope de la agenda de los candidatos,
de los consumidores y es titulo principal de los principales medios de
comunicación.
Grandes empresarios expresan su temor por una espiral de aumentos de
precios y salarios. También están preocupados por la falta de energía
para enfrentar este problema.
En otro orden, la inseguridad ciudadana, la corrupción, el atraso en
educación y salud públicas, la morosidad de los juicios por
violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura
(1976-1983) y sobre todo la ausencia de garantías de seguridad para los
testigos de esos procesos, también son temas que inquietan en la campaña
electoral.
Con un discurso contra la impunidad, Kirchner se ganó la simpatía de líderes
de las organizaciones defensoras de los humanos más emblemáticas como
las asociaciones Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo,
entre otras. Pero recibe críticas de otras entidades por la lentitud de
los juicios y la inseguridad de los testigos.
Si bien se valoran los cambios que introdujo en la selección de
magistrados para la Corte Suprema de Justicia, que garantizaron que haya
hoy un tribunal prestigioso, organizaciones cívicas recelan por la
falta de acceso a la información pública, el arbitrario reparto de
publicidad oficial y la pobre relación del gobierno con la prensa.
Las entidades ambientales también creen que el crecimiento económico
tiene enormes deudas con los recursos naturales y las comunidades. Hasta
último momento procuraron, con éxito dispar, comprometer a los
candidatos en una legislación que permita avanzar en un crecimiento más
sustentable.
Pero para la mayoría de los votantes, la economía es el principal
asunto a atender, sobre todo por el impacto que esto tiene en la vida
cotidiana de la mayoría de los 38 millones de argentinos.
"En materia económica y social hay dos desafíos fundamentales",
indicó a IPS el economista Alejandro Vanoli, vicepresidente de la
Comisión Nacional de Valores y miembro del Grupo Fénix de economistas
de la Universidad de Buenos Aires, que plantea un modelo de desarrollo
distinto del neoliberal que imperó en los años 90.
"Hay que consolidar un cambio en la matriz productiva para ir hacia
un perfil más diversificado, que permita aumentar el empleo y que no sólo
se base en el área agropecuaria o en la explotación de hidrocarburos,
que son industrias de capital intensivo", explicó.
"Hoy el crecimiento y el empleo dependen mucho del precio de las
materias primas que se negocian en el mercado internacional, y eso tiene
que cambiar", alertó.
El segundo reto es propiciar un cambio en la matriz distributiva, señaló.
Si bien destaca que con Kirchner hubo recuperación de indicadores
sociales, señaló se requiere una reforma impositiva y la profundización
del gasto social "en cantidad y calidad" a fin de quebrar esa
desigualdad.
En cambio, el economista se resiste a colocar al tope de la agenda otros
temas vapuleados por dirigentes que rivalizan con la candidata del
oficialismo: el aumento de precios, la falta de energía, o la falta de
acuerdo para una renegociación de la deuda externa de 6.000 millones de
dólares con el Club de París.
"Es importante tener una inflación controlada,
pero me resisto a colocar ese tema en el tope de la agenda", opinó.
"Lo principal es mantener el crecimiento económico, y en
Argentina, tras el argumento de la inflación, se persigue muchas veces
un enfriamiento de la economía y el achicamiento del gasto" público,
advirtió.
Respecto de la deuda, Vanoli tampoco consideró que sea un tema
prioritario. "Sería bueno un acuerdo con el Club de París siempre
que no implique tener que aceptar condicionamientos del FMI (Fondo
Monetario Internacional)", explicó el experto.
Y sobre los tenedores de bonos de deuda soberana que no aceptaron entrar
al canje propuesto por el gobierno hace tres años, remarcó que el
Congreso Nacional legislativo debería debatir si reabre la negociación.
En caso afirmativo, hay que hacer una oferta que no supere la que ya
hizo el gobierno en la primera tanda.
De todos modos, a su juicio, la resolución de estos temas que heredará
el sucesor o sucesora de Kirchner no son un requisito para atraer
inversiones. Según su visión, Argentina creció en los últimos años
sin recurrir al crédito internacional, sobre la base de políticas autónomas
y confió en que seguirá en ese camino.
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