|
Un
acercamiento a la diversidad familiar*

Por María de Jesús
González Pérez/Enkidu
La familia es el
principal agente de reproducción social, funciona como un filtro que
acepta o rechaza prácticas socioculturales externas y se relaciona
determinantemente con las demás estructuras de un sistema social, en el
caso de nuestra sociedad esta institución se encuentra en el más alto
rango del orden moral, sancionando desde una perspectiva heterosexista
la presencia de nuevas familias que alteran el modelo tradicional, por
lo que la Ley de Sociedades de Convivencia, reforma al Código Civil del
Distrito Federal trae consigo la posibilidad de resguardar jurídica e
institucionalmente la construcción de familias diversas y a la vez
inicia el proceso complejo de ir replanteando la noción de la familia
clásica.
El movimiento por
la diversidad sexual se ha transmutado a pesar de sus momentos de
estancamiento, de constantes protagonismos y divisiones al interior, así
como, por las relaciones que ha estrechado con otros movimientos
sociales, partidos políticos y organizaciones no gubernamentales
nacionales y extranjeras, lo cual es parte de la naturaleza colectiva de
un movimiento social que tiende a la continuidad y a replantearse en
determinados ciclos.[i] La transformación y especificidad de las
demandas, reflejo de las necesidades de la vida cotidiana de gays,
lesbianas, bisexuales o transexuales, es un claro ejemplo de esto, ya
que mediante las marchas del orgullo las exigencias van desde la
visibilidad de la libre expresión sexual, medidas de prevención
efectivas ante el VIH/Sida, el esclarecimiento de asesinatos homofóbicos,
la defensa de los derechos sexuales, el
respeto a la diversidad sexual, entendida como las innumerables vías
que tienen los individuos de vivir plenamente su sexualidad, hasta la
aprobación de la iniciativa de Ley sobre las Sociedades de Convivencia,[ii] que en junio de 2006 el discurso postulaba:
“el reconocimiento de todas las familias en su diversidad”.[iii]
Si desde el inicio
de su trabajo colectivo a través de las marchas, espacios y
manifestaciones culturales, talleres, eventos académicos y páginas
electrónicas en internet se ha buscado el respeto a la pluralidad de
relaciones sexo-afectivas, era preciso que esto se enmarcara en un
contexto legal y global como en otros países se ha realizado, es decir,
era importante señalar en la esfera pública que las parejas que no
encuadran en el estereotipo familiar característico, contaban con
derechos y debían legislarse, instaurándose así “la unión civil
también denominada sociedad registrada, sociedad civil, sociedad para
la vida, pacto civil de solidaridad, sociedad de convivencia, ley de
pareja de hecho, etc., según el país”.[iv]
La aprobación de
la Ley de Sociedades de Convivencia en el 2006 y su entrada en vigor en
marzo de este año, fue una propuesta ciudadana que instituyó una
figura jurídica distinta a la del matrimonio civil y fue pensada para
reconocer legalmente la existencia de alianzas que generan derechos y
deberes de orden familiar, personal y patrimonial entre personas del
mismo o distinto sexo y para todas aquellas que desean convivir de
manera diversa, ya que hoy día los individuos eligen múltiples vínculos
de apoyo entre ellos, relaciones que originan en cierta forma lazos de
parentesco que no necesariamente son de tipo consanguíneo. Esta ley les
garantiza los derechos de tutela, sucesión legítima y de arrendamiento,
aunque no posibilite la adopción, sí otorga obligaciones que de algún
modo comprometen a sus miembros a respaldarse mutuamente y a construir
entre ellos un nexo familiar. Esta reforma al Código Civil fue
secundada por organizaciones del movimiento amplio de mujeres, de
derechos humanos, de sexualidad, de salud y VIH/Sida, por intelectuales,
artistas y académicos desde 2001, encabezada por integrantes del
Partido Democracia Social (PDS) y del Partido de la Revolución Democrática
(PRD)[v]; esta confluencia de actores sociales y
políticos desdibuja la línea divisoria entre lo civil y lo
institucional, proceso que intenta construir una democracia más
participativa que resguarde la autogestión de abajo hacia arriba, lo
que conlleva a la secularización, la ruptura de creencias y la
transgresión de un orden simbólico que tiene que ver con la manera en
que significamos o representamos la vida.[vi]
En este
lineamiento, la Ley de Sociedades de Convivencia en el Distrito Federal
y en Coahuila el Pacto Civil de Solidaridad plantean la reinterpretación
de un orden simbólico decimonónico que ha organizado a lo largo del
tiempo las prácticas sexuales y sociales entre el espacio de lo
femenino y lo masculino y que ha ordenado las relaciones sociales en un
todo monolítico, bajo la autocomplacencia de una sociedad que prefiere
una familia nuclear compuesta por mamá, papá e hijos bajo un telón de
violencia intrafamiliar, desamor e indiferencia que aceptar una familia
integrada por una pareja de gays o de lesbianas o una reforma al cambio
de identidad de género. Es importante precisar que el desamor, conlleva
al desapego, al desarraigo, a la desconexión o pérdida de funciones en
cualquier tipo de familia ya sea homosexual o heterosexual, dado que
esta institución es dinámica, compleja y recursiva y, el cambio en uno
solo de sus elementos provoca fracturas inmediatas en los otros de su
grupo y en el sistema.[vii] Por lo que la disfuncionalidad de una
familia no se produce por una orientación sexual específica, sino
por la falta de un entorno amoroso, de comunicación, de consenso,
confianza y respeto.
Cabe indicar que
el trabajo colectivo ha sido arduo para llegar a la aprobación de esta
ley, lo demostraron los embates entre grupos políticos y organizaciones
de derecha e izquierda, ya que durante años la iniciativa de ley fue
llevada y traída entre comisiones, mociones y faltas de quórum por
personajes que querían o adjudicársela o repudiarla. Fue enterrada
bajo el peso de protagonismos personales, rivalidades electorales y
divisiones internas en los partidos de centro e izquierda.[viii] Además la ley se enfrentó a una feroz
campaña en su contra orquestada no sólo por el Partido Acción
Nacional (PAN), sino también por la Iglesia católica, Pro-Vida y la
Unión Nacional de Padres de Familia;[ix] esta manera obsecuente de hacer política
ante un discurso moral y prejuicioso cuando se abordan públicamente
cuestiones como la sexualidad, el aborto o el género, se ve ahora
limitada por las innovadoras formas de acción de los grupos integrantes
de los movimientos sociales, en este caso algunas de ellas fueron la
realización del Festival por el Derecho a la Diversidad Sexual
que se llevaba a cabo cada 14 de febrero desde 2001, en el cual
se materializaba una especie de casamientos simbólicos para parejas de
gays y lesbianas, así como los Coloquios Ciudadanos organizados por la
Red Ciudadana por las Sociedades de Convivencia que, consideramos
manifestaciones colectivas de un movimiento simbólico en el que, la
defensa de la identidad sexual se expresa también como la apropiación
de un campo cultural, el cual es en este caso, constituir una familia
diversa, en el que los actores sociales de este tipo de movimientos
afirman enfáticamente valores como el respeto, resignifican los roles
sociales y de género, instando a la autonomía de formas de vida y
denunciando el autoritarismo en todas las áreas de la vida social.[x]
La diversidad
familiar conlleva por un lado a deconstruir totalmente la idea
establecida de la familia heterosexual pensada como un tejido de
personas y conjunto de bienes dependientes de un nombre, una sangre, un
patrimonio material-simbólico heredado y transmitido en donde lo doméstico
es una instancia de regulación fundamental, de jerarquización, garantía
de la moralidad natural y por el otro, trastoca el precepto de identidad
sexual que incluye únicamente como preferencia la relación hombre-mujer
para consolidarse institucionalmente en el matrimonio civil y religioso,
reconociendo la sexualidad de la pareja exclusivamente en la procreación
de hijos; sin embargo, no sólo las prácticas homoeróticas de gays y
lesbianas trastocan esta identidad, de igual forma lo hacen las parejas
heterosexuales que son infértiles o que deciden no tener hijos.[xi] Asimismo en la dinámica de estas familias
los roles de género se explican de otro modo, es decir, los
comportamientos del individuo que culturalmente se asocian a la
feminidad y masculinidad se desdibujan, fracturándose las
significaciones de padre/madre y esposo/esposa. Cuando una pareja de
gays o de lesbianas deciden unirse, se recrean las funciones de cada uno
al interior de esta nueva célula de manera indiferenciada que se
intersecta con su historia de vida particular (procedencia, educación,
profesión, creencias, gustos, etc.) por lo que hay una redefinición de roles, los cuales pueden verse como
papeles intercambiables.[xii]
La materialización
de esta ley que institucionaliza de alguna manera la relación afectiva
y sexual de las personas del mismo sexo es un paso adelante de las
organizaciones que integran el movimiento, no obstante, hay reservas en
algunos miembros del colectivo que consideran que esta figura civil se
acerca al comportamiento heterosexual y pareciera que al registrar su
unión tienen que probar la “normalidad” de la gente homosexual por
un lado y por el otro, se podría pensar que la legalización de estas
uniones es producto de un mecanismo de control que intenta retraer la
inconformidad que va en aumento por los actos de homofobia y de
discriminación silenciados; ante lo cual pensamos que lo interesante de
esta ley sin dejar de lado estas posturas, es básicamente el
reconocimiento y protección legal de las diferentes existencias
sexo-genéricas de los individuos que son parte integral de una sociedad
que por mucho tiempo los ha excluido.
Claro está que
la unión lésbica o gay es el resultado de una lucha por afirmar
las libertades sin embargo, ésta aún no termina, ya que estas
sociedades de convivencia tienen un plus extra, el hacer de su familia,
una “familia perfecta”, dado que están bajo el escrutinio constante
de la sociedad y se mide su actuación en base a lo institucional de la
familia tradicional debido a esto la vigilancia se extrema, ya que los
juicios homofóbicos suponen que los homosexuales no forman parejas
estables ni son capaces de un compromiso a largo plazo y luego, al
elegir la maternidad lésbica o paternidad gay se pasa a otra dimensión
política moral, el entorno
cambia, desde cómo lo asimila la familia de la pareja, amigos, cómo lo
entiende el mismo colectivo, hasta
cómo lo percibe el imaginario social fundamentado en un discurso
dominante heterosexista que se opone rotundamente a la homoparentalidad,
ya que argumenta que el ambiente de un hogar homosexual no sería el
apropiado para el desarrollo psicológico, sexual y moral de un niño;
idea contrastada por investigaciones
que indican que el desarrollo óptimo de los niños no se basa en
la orientación sexual de los padres, sino en una vinculación estable
con adultos comprometidos y amorosos.[xiii]
Los señalamientos
homofóbicos de grupos políticos y económicos de la derecha, específicamente
empresariales que desaprueban estas nuevas formas de vida y que más aún
descalifican que estas familias puedan tener hijos, no han comprendido aún
que la familia diferente, no es sólo aquella constituida por una pareja
gay, lésbica, transexual o bisexual, sino que también se incluye a la
familia que formada por una pareja heterosexual deciden no tener hijos,
son estériles o bien en el binomio padre/madre tienen hijos e hijas
homosexuales, bisexuales, transexuales o travestis representando una
pluralidad de familias, así en el 2002 se realizó el Primer Encuentro
Internacional de Padres, Parientes y Amigos de Gays y Lesbianas
realizado en la Asamblea Legislativa del D. F., discutiendo una realidad
ineludible que concierne al rechazo y discriminación inicial hacia la
homosexualidad y otras preferencias sexuales en el seno familiar, en el
que se resaltó que la información es un punto nodal para la comprensión
y aceptación al interior de la familia, quizá el resultado de este
evento, se constató en el 2004 en la XXVI Marcha del Orgullo LGBTTT
en el que encabezó el recorrido un contingente integrado por
padres de familia,[xiv] inscribiéndose de esta manera en la lucha
por la diversidad sexual y mostrando el mosaico de identidades sexo-genéricas
que una familia puede reproducir en la actualidad, lo cual nos encamina
a entender que la familia no es una agrupación social estática, al
contrario, la familia mexicana se sitúa en los confines indecisos entre
lo público y lo privado, es decir, “la frontera que los separa
resulta sinuosa, variable de acuerdo con los tiempos, los lugares y los
ambientes, del mismo modo que va y viene a través de la casa”.[xv]
La tarea que han
emprendido las distintas agrupaciones lésbicas, gays, bisexuales y
transexuales por una visibilidad legal y social, reconceptualiza
inevitablemente la noción de familia nuclear o extensa, sin embargo,
esta diferente representación social de la familia no ha sido la única
que ha removido este concepto, también lo hacen las familias
monoparentales: de madres solteras y de un solo padre; viudos,
interraciales, de divorciados o bien, estables y con una
concubina que componen el ensamble de familias, pero en este caso en
particular, la desaprobación no es total, ya que viene vinculada a una
doble moral que conlleva a la permisibilidad de prácticas
socioculturales adquiridas y justificadas en una sociedad patriarcal. En
cambio el discurso dominante integrista que promueve por múltiples
medios que, cuerpo, género y deseo están constreñidos sólo en una
relación entre un hombre y una mujer, rechaza abiertamente la irrupción
de una familia lésbica o gay, pues considera que se desquebraja el
sistema heteronormativo que legitima los estilos de vida ceñidos al
binario sexo-genérico que, a su vez avala y reproduce la discriminación
de manera que, “la reglamentación binaria de la sexualidad suprime la
multiplicidad subversiva de una sexualidad que trastorna las hegemonías
heterosexual, reproductiva y médico-jurídica.”[xvi]
Finalmente
consideramos que el objetivo de este tipo de movimientos no es solamente
la igualdad de derechos que corresponde al espacio político-institucional,
sino también el derecho a ser diferentes frente al engranaje social, a
que sea respetada la pluralidad de existencias sexo-afectivas de las
personas que tengan el deseo de conformar una familia; así también
entendemos que falta camino por recorrer y en ocasiones resulta difícil
la aceptación de familias diversas dado que el pensamiento conservador
relaciona la llamada crisis de la familia con la aceptación de la
homosexualidad, vista como sinónimo de depravación moral y falta de
compromiso, supuesto afianzado en un país bifurcado que por un lado,
está inscrito en un ámbito de globalización que aspira política y
económicamente a ser una nación de primer mundo desatendiendo la
amplia gama de formas de vida de sus ciudadanos que son los que
contribuyen al desarrollo macro social y que por el otro, hay una
constante confrontación entre las prácticas sociales, políticas,
culturales y por ende valorativas de los siglos XIX, XX y XXI. De manera
que el tocar estos temas que indudablemente polarizan a la opinión pública,
pone de relieve la importancia y la función de un Estado laico. La
legislación de estas uniones contribuye a que los seres humanos que
disienten sexual y afectivamente del ordenamiento heterosexual sean
visibles y esto podría ser un alcance para inscribir gradualmente en el
imaginario social mexicano la necesaria apertura a nuevos referentes
sociales y culturales que nos encaucen al reconocimiento y respeto de la
diversidad entre los individuos y a replantear la noción de convivencia
social tan olvidada en
nuestra sociedad.
* Este trabajo fue
presentado en el Simposio de Estudios Queer de la Pascua 2007 y en el
Coloquio sobre Diversidad Sexual realizado en el PUEG, ambos eventos
efectuados en el presente año. Una versión aún más detallada de esta
colaboración se encuentra publicada en la revista El Cotidiano de la
Universidad Autónoma Metropolitana-Azc., año 22, número 146,
noviembre-diciembre 2007.
[i]
Cfr. Alberoni, Francesco. Movimiento
e institución, Madrid, Nacional, 1984; Gunder Frank, André y
Marta Fuentes. 10 tesis acerca de los movimientos sociales en Guido
Béjar, Rafael, comps. El juicio al sujeto. Un análisis global de los movimientos sociales,
México, FLACSO-MAP, 1990; Tarrow, Sydney. El
poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva
y la política, Madrid, Alianza, 1994.
[ii]
González
Pérez, Ma. de Jesús. “Marcha del orgullo por la diversidad
sexual. Manifestación colectiva que desafía las políticas del
cuerpo”, El Cotidiano, México, año 20, núm. 131, mayo-junio
2005, pp. 90-97.
[iii]
Parte del discurso de la XXVIII Marcha del Orgullo LGBTTT, México,
D. F., 17 de junio de 2006.
[iv]
Castañeda, Marina. La nueva
homosexualidad, México, Paidós, 2006.
[v]
Cabe resaltar que esta ley fue trabajada inicialmente
por Enoé Uranga ex diputada del Partido Democracia Social.
[vi]
Pombo P., María Dolores. Crisis
e identidades colectivas en América Latina. México, Plaza y
Valdés/UAM-X, 1990
[vii]
Dra. María
Teresa Ayllón Trujillo especialista sobre el tema familiar,
Universidad Autónoma de San Luis Potosí, (UASLP), participó en el
Módulo V sobre Adultez Gay y Lésbica en el Diplomado sobre
Diversidad Sexual. Programa Universitario de Estudios de Género.
PUEG/UNAM, marzo 2007.
[viii]
Castañeda, Marina. Loc. Cit.
[ix]
No sólo la Iglesia católica rechazó esta ley, también otro tipo
de creencias que en su momento se manifestaron en contra de su
aprobación, como fue el caso del Consejo Interreligioso de México
en el que convergen las más distintas iglesias, desde la católica
y la evangélica, hasta la comunidad judía, el islamismo y el
budismo. Román, José Antonio. “Inaceptable, bendición a parejas
del mismo sexo”, La Jornada, México, 15 de febrero 2001, p. 48.
[x]
Pombo
P., María Dolores. Loc. Cit.
[xi]
En países como Australia y Estados Unidos ha surgido un movimiento
vía internet que defiende el derecho de la pareja a no tener niños,
Child free o No kidding (No niños y Sin bromear) son agrupaciones
que consideran que tener un hijo no es un requerimiento en su
existencia, sino una opción que bien puede no tomarse. López, Ana
Valentina y Thelma Gómez. “¿Hijos? ¡No!”, El Independiente, México,
7 de marzo de 2004. Algunos sociólogos y mercadólogos
norteamericanos se refieren a las parejas sin hijos como las Dinks,
acrónimo inglés que significa: familias de Double income, No kids
(dos ingresos y sin niños), un término inventado por el
investigador Pat Buchanan y utilizado en su libro The
Death of the West.
[xii]
M.
Johnson, Suzanne y Elizabeth O´Connor. Madres
lesbianas. Guía para formar una familia feliz, México, Lumen,
2005.
[xiii]
Castañeda, Marina. Loc. Cit. La organización lésbica Patlatonalli,
lleva a cabo un trabajo interesante sobre educación e información
a través de la literatura, para que los niños y niñas conozcan
sus derechos, entre ellos, el de vivir en una familia diferente. Uno
de los ejemplares representativos de una familia diversa de la
Colección Cuento Infantil, Todas las Familias son Sagradas, es el
de Cardoza, Melissa y Margarita Sada (Ilustraciones). Tengo
una tía que no es monjita, México, Ediciones Patlatonalli,
2004. También se destaca la importante labor que realiza el Grupo
de Madres Lesbianas GRUMALE, desde 1997.
[xiv]
Algunos de los grupos fueron: Madres Asertivas, Padres
Amorosos, Grupo de Padres y Grupo Coyoacán de Padres y Madres de
Gays y Lesbianas.
[xv]
Perrot, Michelle. La familia triunfante, en Georges Duby, Historia
de la vida privada, Tomo 4, París, Taurus, 1989.
[xvi]
Butler,
Judith. El género en disputa.
El feminismo y la subversión de la identidad, México, PUEG/UNAM,
2001
|