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Ajedrez Mundial del Petróleo VI (AFRICA)
La historia será la que tenga la última
palabra. No será la historia enseñada
en la ONU, Washington, París o Bruselas,
sino la historia que se enseñe en los países
que se han liberado del imperialismo y sus marionetas.
África escribirá su propia historia y, tanto al norte
como al sur del Sahara, ésta será una historia de gloria
y dignidad.
Patricio Lumumba
PARTE I: Por el
Control de Yacimientos de Energía Fósil
©
Joel Sangronis Padrón*/30 de diciembre de 2007 (Enkidu Magazine): La sed
energética del mundo se agudiza cada día más. A pesar de la mediática
puesta en escena de maniobras diversivas como la de los agrocombustibles
o el recalentamiento global, lo cierto es que los círculos dominantes de
las grandes potencias del mundo (incluyendo por supuesto a China), no
han cesado un instante en sus intentos de controlar todos y cada uno de
los yacimientos de energía fósil que existen en nuestro planeta.
El
descubrimiento en los últimos años de grandes reservas de hidrocarburos
en territorio africano ha colocado sobre el tablero de ajedrez de la
geopolítica energética mundial a pueblos y países de ese continente que
durante casi todo el siglo XX fueron ignorados y marginados, y en donde
el saqueo de sus estratégicas riquezas minerales y sus condiciones de
trabajo semiesclavas se hizo, en forma más o menos concertada, entre las
diferentes potencias coloniales (EEUU, Francia, Inglaterra, la Sudáfrica
del apartheid), que a su vez hicieron causa común en enfrentar los
intentos de la antigua URSS por establecerse en el continente.
El
derrumbe de la URSS, la emergencia de China como gigante económico y la
consolidación de los EEUU, en el plano militar, como única
superpotencia imperial en el orbe, han marcado la geopolítica mundial de
los últimos años del siglo XX y los primeros del siglo XXI.
El
lento pero sostenido avance de África como zona productora de petróleo
ha provocado un reposicionamiento de las potencias mundiales en ese
continente en defensa y apoyo de sus corporaciones energéticas.
En
el caso de los EEUU, ya desde el gobierno de Clinton se iniciaron
programas de “ayuda” económica y militar como el de las “Operaciones de
Contingencia para el Entrenamiento y la Asistencia” (OCEA por sus siglas
en español), el “Acta de Crecimiento y Oportunidades para África” (AGOA
I y II) y la “Iniciativa Estadounidense de Respuesta a las Crisis
Africanas” (African Contingency Operations Training and Asístanse ACOTA)
programa este último creado para la instrucción militar y “entrenamiento
antiterrorista” de unos 10 a 12 mil militares africanos, cantidad
elevada en los últimos 4 años a 40 mil. Una especie de Escuela de las
Américas para África.
La
creciente importancia de África como suministrador de petróleo estriba
en que ya produce cerca del 12% del que se consume en el mundo y el 25%
del que consumen los EEUU, más del que este último país importa desde
Arabia Saudita. África posee reservas por el orden de los 110 mil
millones de barriles de petróleo (9% del total de las reservas
mundiales) de una calidad excelente, de bajos costos de producción y
rápido y fácil transporte, con unos yacimientos off-shore que
constituyen las áreas de exploración y producción de más rápido
crecimiento en el mundo.
La
importancia estratégica de África para el proyecto imperial de los EEUU
puede deducirse de las repetidas giras de altos funcionarios
usamericanos (incluyendo a los presidentes Clinton y Bush) por ese
continente en los últimos años. En enero del 2006 la secretaria de
estado Condolezza Rice anunció que “los EEUU reducirían su personal
diplomático en Europa para aumentarlo en otras regiones emergentes del
mundo, especialmente África”. A su vez el subsecretario de estado para
África Walter Kansteiner declaró en su momento que: “El petróleo
africano es de interés estratégico nacional para nosotros y lo será aun
más en el futuro”, y el influyente congresista republicano William
Jefferson afirmaba que: “hay que redefinir a África como una región
estratégicamente crucial para los EEUU”.
La
mayor prueba del valor que para los intereses energéticos
estadounidenses ha adquirido África lo encontramos en la decisión
anunciada en febrero de este año (2007) por la administración Bush de
crear el “The United States Africa Command (AFRICOM), un comando
militar de sus fuerzas armadas con competencia exclusiva para África.
Hasta este año la responsabilidad de las operaciones militares
usamericanas en África se las repartían el comando europeo (Eurocom), el
comando central (Centcom) y el comando del Pacífico (Pacom).
Hasta la fecha el gobierno de los EEUU aun no ha anunciado en cual país
africano va a funcionar la sede principal del Africom, pero ateniéndose
a los libretos y guiones de lo que ellos denominan “políticamente
correcto” ya se ha anunciado que el primer comandante del Africom será
un afroamericano, el General William Ward.
Aun
antes de establecer el Africom los EEUU habían venido instalando una
serie de base militares alrededor de los puntos estratégicos del mapa
petrolero africano. En la isla de San Tomé y Príncipe, frente al golfo
de Guinea que aporta el 10% del petróleo africano que consumen los EEUU,
ya funciona una gran base aeronaval y hacia el noreste del continente
ocupa la gran base militar de Camp Lemonier en Djibuti, en pleno
estrecho de Bab al Mandab (Puerta de las Lágrimas) entre el Mar Rojo y
el Golfo de Adén, antigua sede de una base de la legión extranjera
francesa. Aunque los galos conservan tropas en ese país, la cesión de
esta base por parte del gobierno de Djibuti, en el que todavía Francia
mantiene una considerable influencia, es prueba de la concordancia de
intereses que en materia energética africana existe entre el Elíseo y la
Casa Blanca desde la época de Chirac y ahora reforzada aun más con el
atlantista Sarkozy en la presidencia francesa.
Además de estas bases, los usamericanos tienen importantes contingentes
de tropas en varios países africanos, con gobiernos disciplinadamente
alineados con los intereses de Washington, destacándose entre estos a
Kenia, Etiopía, Uganda y el Chad.
Este impresionante despliegue militar (con los altos costos que ello
conlleva) tiene como indignante contrapartida el hecho de que los EEUU
son el país desarrollado que menor porcentaje de su PIB (0.3%) dedica a
la ayuda para el desarrollo de África.
Francia por su parte, mantiene dos grandes bases militares en Dakar
(Senegal) y Libreville (Gabón) además de tropas en Djibuti, República
Centroafricana, Chad, Costa de Marfil y Mauritania.
Acá
es interesante señalar que los franceses parecen haber resignado su
papel de gran potencia colonial africana a favor de la fuerza y el poder
militar estadounidense en la zona y no quieren repetir los feroces
choques de intereses (hasta ahora no combatidos por sus propios
soldados) que los enfrentaron a mediados de la década de 1.990 en la
región de los grandes lagos (Ruanda, Burundi, Congo) y a finales de esa
misma década en el África occidental (Liberia, Sierra Leona, Costa de
Marfil).
El
establecimiento de bases militares y gobiernos satélites de los EEUU en
países que hasta ahora Francia había considerado como parte de su
imperio neocolonial (Camerún, Chad, Gabón, Djibuti, Congo Brazzaville) y
el control de las operaciones de exploración, perforación, producción y
comercialización del petróleo en esos países por parte de las grandes
petroleras anglosajonas (Exxon, Chevron, Shell), en desmedro de la
corporación francesa Total, con cierta pasividad y complacencia del
Elíseo, permiten inferir que existen nuevos acuerdos de reparto de
influencias y control de las riquezas energéticas africanas, donde
Francia y sus multinacionales, por razones estratégicas y de
supervivencia han subordinado su participación en beneficio del hegemón
estadounidense; esto aun cuando la última iniciativa gala de una “Unión
Mediterránea” pareciera ser una ofensiva destinada a salvaguardar lo que
los franceses siempre han considerado su espacio vital, esto es, el
norte de África. Aquí es interesante señalar que en el año 2005 la
policía sudafricana, alertada por la inteligencia francesa, desmanteló y
detuvo un grupo de mercenarios, dirigidos nada menos que por Mark
Tatcher, hijo de la otrora “Ironmaden” británica Margaret Tatcher, a
través de los cuales intentaban los EEUU, Inglaterra y España (el trío
“antiterrorista” de las Azores) derrocar al dictador Teodoro Obiang de
Guinea Ecuatorial, para expulsar a la petrolera gala Total de ese país
en beneficio de la Repsol y de la Shell (la Exxon ya está allí) e
instalar la mayor central de licuefacción de gas del mundo sin
participación de París. Francia se enteró y sus servicios de
inteligencia, tal y como en una novela de Forshite o de Le Carre,
dieron el soplo a la policía sudafricana que desmanteló la operación.
Así
como en 1.885 las potencias coloniales europeas presentes en la
conferencia de Berlín (Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Portugal
y España) acordaron un “reparto entre caballeros” del continente
africano, la “operación antiterrorista” para África, “Libertad Duradera”
promovida y liderada por la administración Bush y secundada por
Francia, Alemania, Inglaterra, Italia y España, (¡sólo faltarían Japón y
Canadá para ser el G-8!) parece constituir la fase inicial de un nuevo
reparto de este continente.
Esta coalición, utilizando el manoseado, hipócrita y falso, pero aun
útil argumento de la lucha contra el terrorismo, (en donde, como
siempre, la etérea y fantasmal presencia de Al Qaeda y el “fanatismo
musulmán” sirven perfectamente de excusa a los intereses imperiales)
busca no sólo repartirse el botín africano sino erigirse como un muro de
contención contra la actual penetración de China en África y frenar los
futuros intentos de potencias emergentes (Brasil, India, Sudáfrica) de
posicionarse y competir por los recursos energéticos y minerales
africanos.
Las
elites políticas chinas perciben el siglo XXI como “su siglo”, pero la
creciente dependencia del petróleo importado puede convertirse en el
talón de Aquiles de tal aspiración, por ello, en materia de seguridad
energética han asumido la misma estrategia de los EEUU, esto es, no
colocar todos los huevos en una misma canasta, es decir, diversificar al
máximo sus fuentes de aprovisionamiento petrolero, por ello, desde hace
ya cierto tiempo, en forma firme y sutil, han venido tomando posiciones
en el tablero energético africano. Sus empresas petroleras SINOPEC y la
CNPC (China Nacional Petroleum Company) se han asentado firmemente en el
suelo (o mejor sería decir en el subsuelo) africano, compitiendo de
igual a igual con las grandes petroleras anglosajonas y francesas.
Esta posición de privilegio que detentan las dos grandes petroleras
estatales chinas en África ha sido posible, entre otras causas, gracias
a la agresiva expansión económica china en ese continente y a la
correspondiente influencia política que ella ha conllevado.
El
intercambio comercial sino-africano ha subido de un poco más de cuatro
mil millones de dólares a principios de los años noventa a superar los
cuarenta y cinco mil millones de dólares en este 2007, con proyecciones
a duplicar esta cifra en los próximos diez años.
En
noviembre del año 2006 40 presidentes africanos fueron a Beijing para
celebrar allí la primera cumbre de jefes de estado sino-africana.
China ya obtiene de África más del 30% del petróleo que consume y
asegura su posición en este mercado con una sutil y heterodoxa (para
África) estrategia de ayudas de carácter tecnológico, social, financiera
y diplomática, que representa para los países de este continente una
opción diferente a las brutales estrategias coercitivas que
históricamente efectuaron (y aun lo hacen) allí los europeos y
contemporáneamente los usamericanos con sus acciones militares y las
terapias de shock y programas de ajuste del Banco Mundial y el FMI.
La
gira que realizó durante febrero de este año 2007 el presidente chino Hu
Jintao por ocho países africanos, (diplomacia del dólar la llamaron
algunos), sirvió para fortalecer en grado sumo la presencia china en ese
continente. El jerarca chino firmó acuerdos comerciales, condonó deudas
a los países africanos más pobres por el orden de los dieciocho mil
millones de dólares, otorgó becas y programas de intercambio estudiantil
para que miles de jóvenes africanos se preparen en universidades chinas
y formalizó acuerdos de cooperación y formación militar con varios
Estados.
Estas actividades no podían dejar de encender las alarmas en Washington
que se apresuró, apenas despegando el avión de Hu Jintao de territorio
africano, en anunciar la creación del Africom como una forma de
advertencia a China sobre las intenciones de los EEUU de controlar los
recursos de ese continente.
En
asociación con la estatal sudafricana South African Petroleum (alianza
por lo demás interesante y estratégica mucho más allá de lo simplemente
comercial o técnico) Sinopec acaba de firmar acuerdos con Nigeria por el
orden de los 2.300 millones de dólares para producir 200.000 barriles
diarios de crudo, con lo que de hecho puso fin al histórico monopolio
que las compañías anglosajonas (Shell, Chevron y Exxon) habían mantenido
sobre el petróleo de ese país. En este mismo país, China invirtió más de
cuatro mil millones de dólares en la modernización de la refinería de
Kaduna y a cambio sus empresas estatales obtuvieron cuatro licencias de
explotación en el delta del río Níger. Es significativo que el
presidente nigeriano Obasanjo, durante el banquete de recepción en
honor a Hu Jintao, declarara en alta voz su deseo y esperanza de que
“China dirija a el mundo durante el siglo XXI”.
El
pasado año 2006 China otorgó préstamos por más de diez mil millones de
dólares a Nigeria, Ghana y Angola, países que comparten la condición de
productores de crudo y en los que no es difícil imaginar que el petróleo
figuró en dichos contratos como garantía del pago. En ese mismo año
2006, el Banco Mundial y el FMI otorgaron ¡a toda África¡ sólo 2.300
millones de dólares y en condiciones que oscilan entre la usura y el
gangsterismo puro y simple.
Sinopec también ha realizado prospecciones en Níger, Mauritania y Malí,
países que hasta ahora no resultaban atractivos desde el punto de vista
de sus posibles reservas pero que ahora, con un barril de petróleo
cotizándose a casi 100 dólares, sí lo son, y China lleva la delantera en
ellos. De igual forma China firmó acuerdos con el pro estadounidense
gobierno de Kenia para la exploración petrolera en sus costas con todos
los gastos operativos por su cuenta.
©
Joel Sangronis Padrón *
Profesor en la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt” (UNERMB),
Costa Oriental, Lago de Maracaibo, Venezuela
Joelsanp02@yahoo.com
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