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El
Hombre que fue Drácula, una llamada de atención para nuestros
vampiros del siglo XXI
© Agustin Villalpando/Editor Enkidu
Magazine
Ciudad de México, 9 de febrero de 2008 (Fotos
©Enkidu Magazine): El Hombre que
fue Drácula encierra en sí misma la pasión por las artes teatrales y
constituye una verdadera master class en cuanto a la esencia de
lo que debe ser una puesta en escena. El compromiso con el teatro se ve
en cada detalle, en cada paso, en cada línea y en cada silencio. Al
mismo tiempo, la iluminación forma un conjunto excepcional con armonía
perfecta con el vestuario y la escenografía.
Esto sólo puede materializarse por medio de un texto sólido, basado en
una investigación a profundidad en cuanto al tema que compete. En este
caso, el Maestro Roberto Coria realizó dos años de lecturas, relecturas,
investigaciones y escritura.
¿Cómo traer a pleno siglo XXI las sensaciones victorianas, donde las
mujeres debían casarse con un hombre, esperarlo a que regresara del
trabajo con una casa ordenada y limpia y listas para servir la cena? La
respuesta en El Hombre que fue Drácula es sencilla: siendo fieles
al espíritu de los tiempos. Un hablar pausado, un respetar las
diferencias en el idioma inglés entre, por ejemplo el uso del "you"
Usted, del "you" tú. Este fue uno de los logros más pulcros que he visto
en el escenario contemporáneo: sin prisas, sin atajos en el lenguaje.
Se dirán muchas cosas en el futuro la maestría con que esta puesta
recupera el espíritu de un personaje de la vida real que hubo sido, en
lamentable error, superado por su creación, no es caso aislado, sino que
ha ocurrido con Don Quijote, con el Bardo de Avon, con Supermán lo mismo
que con Las Divas -del cine o de la ópera-, por mencionar casos en que
la leyenda supera al ser humano.
¿Cómo era Bram Stoker? ¿Qué le inspiraba? ¿Cómo supo llegar a la esencia
del espíritu del Imperio Británico y, con todo, cuestionar esa ansiedad
para conquistarlo todo, esa sed por tenerlo todo, aún a costa del otro?
Un juego de espejos donde verás reflejados algunos de tus pensamientos,
de tus sensaciones y de tus deseos. ¿Ser inmortal? ¿Poder ir más allá y
huir, verdaderamente de este "mundanal ruido"?
La ambientación es sobria pero contundente. Los conflictos y las
esperanzas se muestran en el devenir de la obra y El Monstruo, en sus
acepciones de teatro, actores, relaciones humanas, perro/mascota,
esposa, esposo, hijos, jefe, ídolo, Amor, Pasión, Vida y Muerte, cobran
sangre, huesos y espíritu en El Hombre que fue Drácula, una
llamada de atención para nuestros vampiros del siglo XXI.
Más aún, en pleno siglo XXI, la avaricia draculiana, valga la expresión,
sin fronteras, sin límites, sin miramientos, está tan viva como pueden
atestiguar las víctimas en Medio Oriente, Afganistán, Irak, por
mencionar los casos más populares en la prensa internacional
contemporánea.
Bram Stoker dio vida a una leyenda que forma parte del genoma espiritual
del ser humano, lo mismo que los Hermanos Grimm trajeron de entre las
voces vivas, de la ahora Alemania, historias como la Caperucita Roja,
Blanca Nieves, Cenicienta, El Gato con Botas, Los Tres Cochinitos, por
mencionar unos pocos ejemplos.
El Hombre que fue Drácula es una alegoría del espíritu humano, de
lo peor y lo mejor del ser humano, de las tinieblas que nos rodean a
cada paso, de la vida antes-después de la vida misma. Casi todos los
actores fueron impresionantes, destaca, por supuesto, Luis Miguel
Lombana, quien da una dimensión creíble a Bram Stoker. Elena de Haro
debe ser un poco más agresiva con su presentación, pero es un excelente
papel. La fuerza de Nicolás Núñez se siente como el actor más importante
del Imperio, mientras que Guillermo Henry es un Conan Doyle breve, pero
impresionante, y Antonio Monroi es justo por la sobriedad de su
presencia y la voz, que amenaza en convertirse con el Conde que todos
tememos/amamos.
Un momento de atención y respeto al Maestro Vicente Quirarte, por su
edición literaria, y ante todo, nos quitamos el sombrero ante el Maestro
Eduardo Ruis Saviñón, quien la dado forma, espíritu y cuerpo al El
Hombre que fue Drácula.
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El hombre que fue Drácula
De Roberto Coria
Edición literaria: Vicente Quirarte
Versión escénica y dirección: Eduardo Ruíz Saviñón
Vestuario: Nuria Marroquín
Escenografía e iluminación: Sergio Villegas
TEATRO JUAN RUIZ DE ALARCÓN,
Centro Cultural
Universitario, UNAM.
Los días:
1,2,3,8,9,10,15,16,17,22,23,24 y
29 de Febrero de 2008
Funciones:
Viernes 19:30 hrs
Sábado 19:00 hrs
Domingo 18:00 hrs
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