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Los
empresarios LGBT de derecha
La riqueza, el poder
y el abuso contra los propios son como el agua salada; cuanto más se
bebe, más sed da.
Arthur
Schopenhauer (1788-1860)
Filósofo alemán.
Por Abraham Landeta*
CIUDAD DE MEXICO, 4 de febrero, 2008
(Enkidu Magazine): “¿A poco
existen gays de derecha? ¿Pues no que todos buscan los mismos derechos
para todos los que estamos en situación de vulnerabilidad?”,
me preguntaba un diputado local la semana pasada. Pues para
sorpresa de muchos activistas he de decirles que si existen, y que
muchas veces hasta establecen acuerdos con ellos, y que conviven
diariamente en sus establecimientos sin darse cuenta.
Para muestra basta un botón.
Manuel trabaja en un conocido antro LGBT, uno de los más concurridos.
Llega a las 6 de la tarde al establecimiento, auxilia en el aseo del
lugar, y el primer sábado de cada mes le toca limpiar los baños. Gana
$50 diarios, y sale a la hora del cierre, que en ocasiones se prolonga
hasta la mañana del día siguiente, dando un promedio de 11 horas
diarias de trabajo. No cuenta con seguro social o prestación alguna,
salvo el equivalente a 7 días de trabajo en Navidad, es decir, unos míseros
350 pesos mexicanos como aguinaldo, y no tiene vacaciones, a menos que
avise con un mes de anticipación para que alguien cubra su puesto, y
claro, que los días que tome de descanso no se los pagan. Y pobre si
algún cliente se le va sin pagar, porque le descuentan el importe en “abonos
chiquitos” (como si se pudiera fragmentar aún mas su sueldo).
Completa su ingreso con las propinas del lugar, las cuales son
repartidas entre todo el personal, menos aquellas que sean pagadas con
tarjeta bancaria, porque esas se las queda uno de los dueños, quien
cada vez que tiene oportunidad presume de cómo ha apoyado la lucha de
los activistas gays.
En ese establecimiento,
cuenta Manuel, casi nunca se respeta el horario de funcionamiento por la
autoridad local, y rara vez no se tiene sobrecupo, pues siempre esta a
reventar. Los extinguidores ya caducaron, y la salida de emergencia
resulta una trampa pues no tiene las condiciones necesarias para ser
funcional. Todas las noches el animador en cabina invita a hacer uso del
condón cuando los asistentes tengan relaciones sexuales, pero nadie les
advierte sobre las consecuencias dañinas del consumo de tabaco y del
alcohol que venden diariamente ahí, y aunque no obligan a la compra de
estos productos, constantemente invitan a su consumo y provocan “compras
de pánico” de cerveza y bebida nacional con sus famosos “5 minutos de dos por uno”.
Y luego, una vez al año,
llega la Marcha del Orgullo LGBT, y se apresuran a dar una gran
cooperación –que apenas rebasa los 10,000 pesos mexicanos- para los
preparativos con lo cual tienen lo suficiente para presumir durante los
364 días siguientes de ser “una
empresa hecha por y para gente gay comprometida con los derechos humanos
y con la lucha en contra de la discriminación”. Ante este acto,
los activistas se muestran sumamente complacidos, muy agradecidos por la
“enorme” contribución,
hacen público que dicho establecimiento si apoya las causas sociales
del colectivo LGBT; a cambio de esta publicidad, el dueño del lugar les
dé permiso para repartir información dentro de su establecimiento, no
les cobra las entradas, les invita “una cervecita” y si esta muy de
buenas les da un descuentito en la cuenta.
Pero analicemos más al
establecimiento. Sus ganancias son literalmente, millonarias. Los
empleados, mayoritariamente gays, trabajan en condiciones que
contravienen toda legislación laboral. Se lee en la entrada un letrero
que dice que todas y todos son bienvenidos. El lugar ni siquiera tiene
la totalidad de sus papeles en regla ante la autoridad, y si lo
clausuran los dueños no tardan en gritar a viento y marea que “se
trata de un acto de homofobia” cuando lo que se esta haciendo es
cerrar un lugar que se encuentra fuera de la norma y que es peligroso
para sus asistentes. Al interior del mismo se distribuyen drogas, y
hasta existen los llamados “dealers autorizados” (¿autorizados por
quien?).
No es delito ser empresario,
pero si es un acto hipócrita y poco ético fingir que se apoya a la
comunidad cuando no es totalmente cierto, ya que en lo cotidiano tanto
clientes como empleados sufren los terribles atropellos de la
discriminación y la explotación. Cualquiera que tenga la iniciativa de
abrir un espacio de convivencia para el colectivo LGBT debe de tener en
cuenta que esta ofreciendo un servicio para un sector que es víctima
del prejuicio, la discriminación, el estigma y la intolerancia
gubernamental y social, en otras palabras, un sector en situación de
vulnerabilidad, y que por lo tanto más allá de una responsabilidad
comercial tienen una enorme responsabilidad social.
Nos hemos quejado de que los
medios de comunicación y algunos legisladores lucran con nosotros como
si fuéramos mercancía de importación, pero ¿qué no acaso algunos
empresarios LGBT hacen lo mismo?
La derecha ha sido para los
activistas LGBT algo como el terrible “coco” para los niños: siempre espanta. Así tenemos que durante los actos políticos de
las marchas del orgullo de la diversidad sexual a lo largo y ancho del
país, sus mensajes siempre coinciden en luchar contra el
conservadurismo, las posiciones radicales de la iglesia y la exclusión
sistemática de aquellos que no toleran la diferencia. En este punto
habría que preguntarles a los magníficos oradores de tales actos a
cual derecha se refieren, si a la de “ese
mundo exterior heterosexual” o la que se encuentra inmersa en el
colectivo.
Fruto de la propia homofobia
interna del colectivo LGBT existen establecimientos mercantiles donde
abiertamente se prohíbe el ingreso a travestis, transexuales y hasta a
los “poco masculinos”. Y a las mujeres ni se digan, ellas son víctimas
aún de una doble o incluso triple discriminación en primer lugar por
ser mujeres, en segundo por tener una orientación sexual distinta a la
heterosexual y en tercero por no encajar, en algunos casos, en el
prototipo de niñas bien vestidas y femeninas.
Son justamente este tipo de
empresarios LGBT, aquellos que alejados de la conciencia social a favor
del colectivo, infringen todo tipo de valores humanos como la dignidad,
el respeto a la diferencia, la pluralidad, los derechos laborales, que
compran la justicia a su beneficio a quienes no debe perderse de vista,
porque más que aliados pueden convertirse en enemigos internos, pues
representan una clara expresión de la derecha al interior de nuestra
comunidad. En este punto de la situación todos los que somos
consumidores también tendríamos que reflexionar sobre que tipo de
comunidad queremos, y por lo tanto, a que tipo de empresarios debemos
entregar nuestro dinero: ¿a aquellos de derecha o a aquellos
verdaderamente solidarios con nosotros? La pregunta esta en el aire.
*Coordinador
General de Juventud por la Ciudad
de México
Tel. Celular 55 9167-6595
MSN / Mail: landeta@yahoo.com
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