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El Cardenal Tarcisio Bertone &
Raúl Castro (foto: Periodista Digital)
Benedicto XVI y el viaje a Cuba del cardenal Bertone
Lo más grave del viaje a la isla-cárcel
del alto prelado es la enigmática continuidad de la política de mano
extendida del Vaticano y de importantes figuras eclesiásticas hacia
la tiranía del Caribe, durante casi cuatro décadas, continuidad
enigmática que ineludiblemente llega al propio pontificado de
Benedicto XVI, del cual el cardenal Bertone es secretario de Estado
y fue a Cuba como su enviado.
Por Armando F. Valladares (*) /Enkidu
Magazine
MIAMI, 07/03/08 (Enkidu Magazine): La visita
a la Cuba comunista del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado
de la Santa Sede, entre el 21 y el 26 de febrero pp., provocó malestar e
indignación entre los fieles católicos de la isla y del destierro, por
el espaldarazo diplomático que su visita significó para el régimen
cubano, en una coyuntura política particularmente delicada.
Antes de embarcar para Cuba, en
declaraciones al periódico Avvenire, órgano de episcopado italiano, el
cardenal Bertone reconoció que su viaje obedecía a una invitación del
episcopado de la isla, en el marco de las conmemoraciones por el 10°
aniversario del viaje de Juan Pablo II a Cuba; pero que también era
fruto de "una invitación, particularmente cálida, de las autoridades
civiles", o sea, de los actuales carceleros comunistas.
Añadió el jefe de la diplomacia vaticana, de
manera chocante, que "Cuba es la prueba de que el diálogo, si es
sincero, siempre da frutos", pareciendo olvidar la advertencia
evangélica de que un árbol malo jamás puede tener buenos frutos (S.
Mateo 7, 18). Y no perdió la oportunidad de elogiar a monseñor Cesare
Zacchi -nuncio apostólico durante los primeros años de la revolución
comunista, tristemente célebre por su colaboración con el régimen, quien
llegó a referirse a Castro como "un hombre con profundos valores
cristianos"- quien, según el cardenal Bertone, "tanto hizo", y "con
éxito", por incentivar las relaciones entre La Habana y Roma (cf. Zenit,
Febr. 19, 2008).
El canciller Pérez Roque, que lo aguardaba
en el aeropuerto junto con autoridades eclesiásticas y comunistas, dijo
cínicamente que recibía al alto eclesiástico con "respeto y
hospitalidad", y que esa visita era la expresión de las "excelentes"
relaciones entre el régimen y el Vaticano.
Se comprende que la prensa comunista haya
dado cierta notoriedad a su estadía en Cuba, en particular, a su
entrevista con el nuevo dictador, Raúl Castro, increíblemente llena de
sonrisas y cordialidad, de acuerdo con las fotos divulgadas por la
prensa cubana. Castro, a pesar de ser junto con su hermano uno de los
mayores represores y torturadores del régimen, durante medio siglo,
recibió del enviado vaticano votos de "éxitos" en una "misión" que,
según el cardenal, el nuevo dictador ejercerá "al servicio de su país".
No faltaron, de parte del cardenal Bertone,
enfáticas declaraciones contra el embargo norteamericano, pareciendo
olvidar que la causa del problema es el implacable embargo interno del
régimen comunista contra el pueblo cubano.
Este viaje a Cuba y esta entrevista con el
dictador de turno se produjeron diez años después del viaje de Juan
Pablo II, que tantas esperanzas de libertad para Cuba suscitara en el
mundo entero. En realidad, a juzgar sus propias confesiones a algunos
periodistas, el enviado papal salió de la entrevista con los labios y el
corazón tiznados por concesiones, los oídos llenos de promesas, y las
manos vacías: ''Todo comienza siempre con promesas, pero esperamos una
apertura, puesto que nada es imposible'' (cf. Isabel Sánchez, AFP; El
Nuevo Herald, Miami, Febr. 27, 2008).
No fueron suficientes sus tímidas alusiones
a los presos de la isla, efectuadas al pie del avión que lo condujo a
Roma, para atenuar el sabor amargo que dejó su estadía en Cuba,
especialmente, en los presos políticos y sus familiares.
El procastrismo del cardenal Bertone ya
había quedado de manifiesto en su anterior viaje a Cuba, en octubre de
2005, cuando, siendo aún arzobispo de Génova, tuvo una larga entrevista
con Fidel Castro, después de la cual tejió loas a la "notable lucidez"
del tirano, expresó su convicción de que en él "ha crecido el respeto
por la religión" y el "aprecio por la Iglesia", rematando, contra todas
las evidencias, que en la isla-cárcel "la apertura ya es total" (cf.
Armando Valladares, "Cardenal Bertone-Cuba: el Pastor ‘bendice’ al
Lobo", Oct. 25, 2005).
En realidad, lo más grave del viaje a Cuba
de tan alto prelado es la enigmática continuidad de la política de mano
extendida del Vaticano y de importantes figuras eclesiásticas de
diversos países hacia la tiranía del Caribe, durante casi cuatro
décadas, que se remonta a los años en que monseñor Zacchi, ahora
ensalzado por el cardenal Bertone, era nuncio en Cuba; y a la época en
que monseñor Agostino Casaroli, entonces secretario del Consejo para los
Asuntos Públicos de la Iglesia, afirmó en visita a Cuba, en 1974, que
los católicos de la isla eran felices.
Enigmática continuidad que pasa por tantos
lamentables episodios protagonizados por numerosos cardenales y altos
eclesiásticos de diversos países, que han peregrinado a Cuba comunista,
hechos que he tenido ocasión de abordar en artículos anteriores.
Enigmática continuidad que pasa por Juan Pablo II cuando el 8 de enero
de 2005, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Cuba
ante la Santa Sede, hizo un increíble reconocimiento a diversas "metas"
supuestamente alcanzadas por la revolución comunista en materia de
"atención sanitaria", "instrucción" y "cultura", a través de las cuales
se realizaría la "promoción humana integral", incluyendo el "crecimiento
armónico del cuerpo y del espíritu"; algo que colocó a los católicos
cubanos en una encrucijada espiritual sin precedentes (cf. Armando
Valladares, "Juan Pablo II, Cuba y un dilema de conciencia", Enero 15,
2005 y "Cardenal Sodano y Fidel Castro: el Pastor sale en auxilio del
lobo", Mayo 11, 2003). Continuidad enigmática que ineludiblemente llega
al propio pontificado de Benedicto XVI, del cual el cardenal Bertone es
Secretario de Estado y fue a Cuba como su enviado.
En el extenso mensaje de Benedicto XVI,
llevado por el cardenal Bertone, su alusión al drama de los católicos
cubanos no podía ser más decepcionante: "En ocasiones, algunas
comunidades cristianas se ven abrumadas por las dificultades, por la
escasez de recursos, la indiferencia o incluso el recelo, que pueden
inducir al desánimo". ¿A eso se reducirá, según la visión papal, el
exterminio sistemático de los católicos cubanos, que incluye el
asesinato físico en el "paredón" de fusilamiento de jóvenes mártires
cuyas últimas palabras fueron "¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comunismo!",
y el asesinato espiritual de generaciones enteras?
Mi sospecha, con relación al futuro de Cuba,
es que se prepara, con apoyos eclesiásticos del más alto nivel, un
castrismo sin Castro que intentaría salvar los supuestos "logros" y
"metas" del comunismo cubano en materia social, en particular, la
educación y la salud, que en realidad han sido y continúan siendo dos
instrumentos implacables de control de las conciencias y de extinción de
la fe de niños, jóvenes y adultos.
No es la primera vez que me veo en la
obligación de conciencia de publicar comentarios críticos, aunque
invariablemente filiales, respetuosos y documentados, sobre las
relaciones diplomáticas de altas figuras de la Iglesia con el Estado
comunista.
Son comentarios efectuados por el imperativo
de conciencia de un fiel católico, cubano y preso político durante 22
años, que tuvo su fe vivificada al oír los gritos de esos jóvenes que
murieron fusilados, cuyas últimas palabras fueron de fe en la Iglesia y
de repudio a un sistema que, para usar la expresión del entonces
cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la
Fe, es una "vergüenza de nuestro tiempo".
(*) Armando Valladares, ex preso
político cubano, fue embajador de Estados Unidos ante la Comisión de
Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, durante las administraciones
Reagan y Bush (padre).
E-mail: armandovalladares2005@yahoo.es
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