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Restauran iglesia mexicana que alberga el retablo más antiguo de América
Cuauhtinchán, México, EFE, 2/04/2008: Un grupo de especialistas terminó
hoy la primera fase de restauración del ex convento franciscano de San
Juan Bautista en Cuauhtinchán, en el estado mexicano de Puebla, que
alberga el retablo completo más antiguo de América, de mediados del
siglo XVI.
Aunque el retablo fue restaurado por la ONG local "El encuentro del
Jaguar y el Águila" entre 1986 y 1988, hace apenas dos años el templo
continuaba en un precario estado de conservación.
Los retablos laterales del presbiterio del siglo XIX sujetos por cables
y maderas, el techo y la bóveda muy estropeados, y las pinturas murales
originales casi desaparecidas.
"Era un lugar poco digno para el retablo", aseguró en una rueda de
prensa en el lugar la presidenta de la Asociación Amigos de Cuauhtinchán,
Cecilia Margaona, una de las impulsoras del proyecto.
Margaona afirmó que las nuevas obras eran necesarias para "lograr
conservar el retablo con las características ambientales existentes",
sin que encoja la madera o se dañe.
Debido al cambio climático, que provocó un aumento de las temperaturas,
en el año 2000 el retablo volvía a presentar daños, por lo que necesitó
unos pequeños retoques a manos de vecinos del municipio dirigidos por la
restauradora mexicana Alicia Ortega.
El proyecto completo de restauración del templo franciscano, que comenzó
en 2006, consta de seis etapas, la primera de las cuales acaba de
finalizar y ha tenido un costo de casi 82.000 dólares, donados por
American Express a la World Monument Found.
Esta última organización incluyó en 2005 al templo en una lista de los
principales cien Monumentos en Peligro.
Esta primera fase consistió en el rescate del área del presbiterio, con
la recuperación de la pintura mural, casi desaparecida porque había sido
tapada con cal, la restauración de los dos retablos laterales del siglo
XIX, de la Inmaculada Concepción y de la Crucifixión, y la renovación de
la puerta de la sacristía y el púlpito.
Además, se instalaron medidores de temperatura, de humedad y de punto de
rocío por todo el templo para controlar las condiciones ambientales y
aplicar ajustes de forma que el retablo no volviera a sufrir daños.
Los trabajos, dijo Ortega en la conferencia de prensa, han sido
supervisados en todo momento por el Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH) mexicano.
El ex convento fue construido en 1527, poco después de la llegada de los
españoles a México, cuando dieron su brazo a torcer ante los
conquistadores las huestes del gran imperio azteca de Tenochtitlán en
Cuauhtinchán, un asentamiento prehispánico en cuyo municipio existen en
la actualidad unos cien sitios arqueológicos.
El estilo es renacentista, tipo fortaleza, y la mano de obra empleada
para su construcción fue indígena, como se muestra en pinturas del
recinto como la de la Anunciación, enmarcada por un jaguar y un águila
de rasgos claramente prehispánicos.
El retablo de mediados del siglo XVI fue originalmente encargado para el
convento de San Francisco de la ciudad de Puebla, a unos 120 kilómetros
al sureste de Ciudad de México, pero poco después fue trasladado a
Tehuacán, en ese mismo estado, y tras un sismo llegó finalmente a
Cuauhtinchán en 1590.
Entre las tareas pendientes, Ortega destacó la colocación de las puertas
del claustro y de los cierres mecánicos de las mismas, el sellado de los
portones y el recambio de los ventanales.
Está previsto también rehabilitar la fuente del claustro, ajardinar los
accesos al templo, reforestar las huertas, y recuperar los aljibes
(depósito de agua potable) y la alberca (estanque) piscícola.
"Hemos logrado hacer mucho más de lo que el dinero puede lograr",
aseguró Margaona, al destacar la participación de casi una veintena de
vecinos en labores tan especializadas como la carpintería.
Al principio, aquellos no tenían conciencia de la importancia de
mantener la riqueza cultural de la región, agregó, pero esto ha cambiado
tanto que algunos de ellos ya están trabajando con el INAH en la
restauración de otros templos por todo el país.
"Lo hacíamos por el dinero, pero ahora nos hemos enamorado del trabajo
de restauradores", afirmó a la prensa Josué, uno de ellos.
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