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Conducta impropia de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal

BURGOS, Eduardo Nabal / Enkidu Magazine, 08/04/2008: Hace tiempo que vi
“Conducta impropia” el virulento documental que filmaron Néstor
Almendros y Orlando Jiménez Leal en 1961. Un trabajo pionero que destapó
con virulencia la persecución de los escritores, artistas, disidentes
políticos y homosexuales represaliados por el Régimen de Fidel Castro.
Otros filmes posteriores han abordado el mismo tema: “Antes que anocheza”
de Julian Schnabel o el documental “Seres extravagantes” de Manuel Zayas
y Antonio Hens, un realizador joven hoy más conocido por su valiente
cortometraje “En malas compañías” y por la absurda polémica que ha
acompañado a su primer largo “Clandestinos”.
Tanto el documental de Zayas como el filme de Schnabel están basados en
la vida del escritor Reinaldo Arenas, uno de los muchos protagonistas de
ese filme coral que es “Conducta impropia”.
Néstor Almendros, excelente operador -que trabajo como director de
fotografía para realizadores como François Truffaut o Terence Malick- y
Orlando Jiménez Leal se atrevieron a mostrar con crudeza los procesos
judiciales y la persecución social que sufrieron los que vivieron el
amor, la sexualidad y la creación fuera de la norma heterosexista
marcada por las modas de una Isla que quiso “convertirse en paraíso”
pero se volvió en un infierno carcelario y marcado por el exilio para
muchas gentes. Y el filme trata de ese desencanto.
Bajo la forma clásica del documental expositivo el filme alterna
entrevistas con varios protagonistas de la historia que se cuenta con
diferentes imágenes, algunas de archivo en blanco y negro o color y
otras de la actualidad en las calles de La Habana o de otras ciudades
como Nueva York donde residen los exiliados, acompañadas de una voz en
off omnisciente.
Hoy la editorial madrileña Egales ha reeditado- en una excelente y
cuidada edición acompañada de interesantes apéndices- el guión y el DVD
con el documental original. Una saludable propuesta para refrescar
nuestra memoria y llenar nuestras mediatecas.
Las cosas para gays, lesbianas y mujeres han cambiado desde la Cuba que
mostraron Almendros y Leal o sobre la que escribieron Reinaldo Arenas,
Virgilio Piñera o Zoe Valdés, aunque la legislación oficial haya
mantenido sus parágrafos represores. Ellos y ellas escribieron con pluma
afilada, haciéndolo desde dentro o fuera de la isla.
Diríamos que Cuba ha abierto la mano en lo social pero no en lo oficial.
Las voces son contradictorias sobre lo que ocurre, lo que ha cambiado y
va a ocurrir allí.
Todos los que aparecen, hablan o filman en “Conducta impropia” fueron
desprestigiados por un Régimen que hizo muchas notables promesas pero no
cumplió todas y en concreto se sujetó a la construcción de un tipo de
héroe- revolucionario-masculino a base de excluir otras “voces y otros
ámbitos”.
Desde dentro de la Isla y más cercanos a la línea del Régimen han venido
propuestas estimables, aunque también más amables, como “Fresa y
chocolate” de Juan Carlos Tabio y Tomás Gutiérrez Alea, uno de los
realizadores que en su momento acusó a “Conducta impropia” de ser
propaganda estalinista “a la inversa”.
El filme de Almendros y Leal es un documental ejemplarmente rodado,
donde se dosifican las entrevistas, las imágenes documentales y los
momentos líricos, duros o dolorosos.
El filme comienza con imágenes del ballet nacional de Cuba y como en una
de sus giras algunos de sus integrantes aprovechan para abandonar la
Cuba fidelista en busca de realizar sus aspiraciones personales y
artísticas y continúa con una implacable requisitoria sobre la represión
de gays, lesbianas, trabajadoras sexuales, escritores y disidentes
ideológicos bajo un Estado de depuración que se está corrompiendo.
Un testimonio indispensable para los amantes del género y toda una caja
de herramientas para los que quieren adentrarse en la realización de un
filme de denuncia.
La película, como ya leemos desde el guión, es un ataque violento,
despiadado contra la política de Castro y sus aliados en el momento
como son algunas de las novelas de Valdés o Arenas.
La crítica siempre ha sido un ejercicio saludable y purificador en
cualquier lugar del mundo para no remover conciencias. El régimen de
Cuba no aceptó las críticas y eso lo ha pagado caro.
Os invito a revisar un filme que ha pasado, hasta hace muy poco, de algo
subrepticia por festivales de cine y certámenes de cine gay-lésbico
y que hoy podemos contemplar con distancia y objetividad pero también
con la pasión y la ira desde la que fue realizado.
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