por Juan Jacobo Hernández-Chávez
Carta a la Redacción
Hace unos días llegó a mi
correo de manera indirecta una nota firmada por usted Sr. Jaime Montejo
de Brigada Callejera, en cuyo primer párrafo señala: "Han llegado
a nuestros oídos algunos comentarios sobre las posibles sanciones que
nuestra organización va a recibir de la Sociedad Internacional de Sida
(IAS) por haber impugnado al Jefe de Gobierno del Distrito Federal
Marcelo Ebrard Casaubon..." y prosigue: "Seguramente Luis Soto
Co-Presidente de la IAS, Mats Ahnlund Director de Operaciones de la
Conferencia de la IAS Ginebra, Carlos García de León de Ave de México,
Juan Jacobo Hernández de Colectivo Sol (...) ya decidieron la
profundidad de un castigo de por vida hacia Brigada Callejera. Como si
la vida fuera suficiente para castigarnos".
Me extraño sinceramente que la carta en cuestión –donde menciona mi
nombre aderezándolo con un rosario de lindezas-- no me haya llegado
directamente Sr. Montejo, lo que me parece una increíble falta de valor
civil. ¿Qué trabajo le costaba no enviarla a la manera de "habladas"?
Hablemos claro pues, sin tapujos ni indirectas. Me pongo el saco porque
la mención de mi nombre así me lo permite y van para usted y la
Brigada –con copia a Raymundo y todo el mundo-- las siguientes
consideraciones:
1. Para abrir boca Sr. Montejo, oyó mal: tiene usted unos pésimos
informantes que le llevaron especulaciones y mentiras que usted y la
Brigada han decidido tomar como verdaderas. Las creen y las difunden nomás
porque por ahí les dijeron. Como vivimos en un país libre está en
libertad de creer lo que desee, pero tengo que decirle, con la pena, que
en ningún momento ni el que suscribe, ni a quienes insulta con regodeo
pensamos o propusimos cosa semejante. No Sr. Montejo, no hay tal petición
ni tales sanciones horrorosas, no se azote que hay vidrios. Especulo,
que conste: Quizás la acusación adjetivada que hace en contra nuestra
se derive de la mala conciencia colectiva por el resultado desfavorable
que obtuvo la Brigada de quienes presenciaron su agresión. Quienes
estuvimos ahí no escuchamos ninguna ovación del respetable a favor de
la Brigada y de sus consignas (por muy atendibles que éstas hubiesen
sido), no hubo ninguna, ni una sola manifestación de apoyo o
aquiescencia ante sus diatribas; lo que sí escuchamos fueron reclamos
para que se callaran y dejaran proseguir con la clausura, no los
escucharon ¿o aluciné? Nuestro método de trabajo es ajeno a las
fantasías punitivas que usted y la Brigada quisieran fuesen realidad.
No es así ni lo será, despreocúpese por favor.
2. Atribuye usted a su servidor -y a las otras personas a quienes colma
de vituperios- poderes de inquisidores, casi mágicos, y nuevamente se
equivoca. Sr. Montejo, no se preocupe usted: ninguno de nosotros
deseamos, queremos ni pedimos la condena y la expulsión eterna de los
espacios que ustedes ocupan y seguirán ocupando, ni de ningún otro.
Esté tranquilo, pueden usted y la Brigada seguir insultando, difamando,
exigiendo con violencia prebendas y privilegios, es su estilo inveterado
y harto conocido por tirios y troyanos. En última instancia, ustedes
serán los únicos responsables de sus propios actos y le puedo asegurar
que ninguno de nosotros actuará como inquisidor de nadie, no está
entre nuestras atribuciones ni es nuestra visión "castigar" a
nadie. Así que vivan su vida hasta la eternidad, usted y la Brigada,
como mejor les plazca que nunca recibirán de nosotros esas terribles
condenas con las que tanto parecen soñar. No sucederá, se lo aseguro.
3. Quizás lo que sí pudiera ocurrir en el futuro es que, como a todo
santo que le llega su fiestecita, usted y la Brigada reciban críticas y
sean cuestionados --sin majaderías, diatribas ni empujones de por medio,
claro está-- no por sus reclamos sino por la forma en que deciden
manifestar su disenso o su desacuerdo; por la manera en que imponen sus
estrategias de trabajo; por cómo piden, exigen, reclaman esto o aquello
para sí. Recuerde lo que el clásico ya dijo: "Forma es fondo",
y mire que las formas en que usted y la Brigada se manifiestan dan mucha
tela de donde cortar. Creo que ya es tiempo de que ustedes aprendan a
escuchar cosas sobre su quehacer y su estilito pendenciero que no les
van a gustar y con las que no estarán de acuerdo, y que se desemboce la
manera en que desde hace años han venido actuando: como una especie de
terroristas del sida y del trabajo sexual a quienes todo mundo parece
temer –trabajadoras sexuales, autoridades y OSC—pues poquísimos han
tenido la decisión de encararlos y manifestarles su desacuerdo. Al
arrollar, despreciar, amedrentar a quienes no están de acuerdo con
ustedes han pasado a convertirse en una especie de hoyo negro en la
respuesta al VIH y a los derechos de las trabajadoras y trabajadores
sexuales y casi han logrado que el diálogo sea simplemente imposible.
4. Lo invito (iba a escribir: "lo reto", pero me arrepentí,
no fuera a ser interpretado de manera literal y ahí sí llevo la de
perder, ¡ay nanita!) a que se siente a dialogar conmigo y con otros en
el disenso, sin manifestaciones de odio, inquina, mala fe ni violencia
verbal. Proponga la agenda, si es que la tiene. Usted ha sido testigo de
que su manera de actuar no me amedrenta y de que me he acercado a
ustedes en numerosas ocasiones, sin agredirlos, a buscar un acercamiento.
Profesar ideas diferentes, contrapuestas, trabajar de una manera o de
otra, con éste o aquél, creer en esto o aquello no debería ser motivo
de declaraciones de guerra, ni de amenazas de muerte civil, social, y
diosa nos libre, física... ¿o de plano me equivoco y sí, si hay que
lanzarnos como templarios modernos a decapitar infieles que no piensan,
actúan, creen y trabajan como nosotros? Reflexionen ustedes y decídanse
a proponer sus ideas, a defenderlas y atrévanse a no imponerlas a
gritos, intimidaciones y cerrazón. ¿Será una ilusión pedir que se
sienten en un foro a discutir? ¿Será mucho pedirles que dejen hablar a
las trabajadoras sexuales a las que tutelan de manera ostentosa, sin ser
ninguno de ustedes tres –usted mismo y las hermanas Madrid—trabajadores
sexuales? ¿O somos poca cosa, somos "impuros", no los
merecemos? ¿Nosotros sí estamos condenados por el proletariado a las
llamas de la hoguera eterna, a la expulsión del paraíso? Qué cosas,
¿verdad?
5. Inspirándome en el primer párrafo de su carta, me atrevo a plantear
una osada especulación que ruego a los dioses me desmienta en los
hechos de manera civilizada aunque, por supuesto, enjundiosa y categórica:
ni usted ni la Brigada son gente de ideas ni de polémica, digo, de polémica
de a devis, no de discurso tipo Atila, fundamentalista. A lo largo de
los años los he visto trabajar y he notado el placer, la satisfacción
que les da imponerse, arrasar, ningunear a los demás. Vamos, sus métodos
de imposición inspirados en sanestalin harían palidecer a los más
recalcitrantes maoístas. Nadie los merece. Cuando alguien trata de
dialogar o discutir con ustedes, no quieren ni saben escuchar, oyen lo
que quieren y le dan la interpretación que mejor se acomoda a sus
intereses... porque usted y la Brigada también tienen intereses ¿verdad?
Ande, no sea tímido, confiese que sí tienen un Encanto de intereses,
¿no es así? ¿O acaso no tienen negociaciones con los laboratorios de
condones que les permiten obtener ganancias de su venta entre las
trabajadoras sexuales? Y no por ello alguien se atrevería a
calificarlos como explotadores de sus beneficiarias, o de cosas peores
¿o sí? ¿A quién le rinden cuentas de sus ganancias, de sus ingresos?
¿O eso no es asunto nuestro, de nadie? Que rindan cuentas los otros,
los vendidos, los mercaderes, los cirqueros, los vividores, ustedes no,
por supuesto. Ay Sr. Montejo, no se me enoje, aguante vara... En fin,
ejerciendo mis dotes de pitonisa, pero deseando deveritas equivocarme,
anticipo algunas posibles reacciones: a) su silencio despectivo, b) una
indeseable, aguerrida y atrevida agresión física (¡¡¡diosa me libre!!!)
contra su servidor, con consecuencias de pronóstico reservado, o c) una
respuesta kilométrica aderezada de una buena y copiosa dosis de párrafos
en el mejor estilo fascista-leninista (del que usted es dilecto y culto
representante) en la que me pondrá en mi lugar, me mandará nuevamente
al basurero de la historia casera, me denunciará por enésima vez como
vividor del sida, del soda, del suda y del seda, me llamará corrupto
mercader y dará así al traste con mis ilusiones de ejercitar la pluma
y la neurona, pero sobre todo de debatir ideas, de tener la oportunidad
de desenmascarar discursos hipócritas y facciosos en beneficio del
respetable que ya quiere oír la neta del planeta.
A sus órdenes...
Juan Jacobo Hernández-Chávez
Director General
Colectivo Sol, AC
Co-Chair Community Program Committee, AIDS 2008 Mexico