| Familiarmente LGBT: Un repaso por la
charla Construyendo Familias organizada por el Centro de Iniciativas y
Políticas del Socialismo para Buenos Aires (CIPSBA)
BUENOS AIRES, 07/09/08 (Alejandro Viedma/AG
Magazine/Enkidu Magazine): El psicoanálisis comparte con la antropología
el no tomar por naturales u obvias las cuestiones que son instaladas como
tales por una supuesta mayoría que no habilita para revalidar las
teorías nacidas de ciertos mitos o conceptos rígidos.
Así como Lacan dio lugar a que se
interrogue (pregunta freudiana, por otra parte) qué es ser una mujer, me
permito pensar en la familia y el contexto actual: qué es una familia,
qué características tiene que tener una familia para constituirse como
tal, si hay un modelo familiar que predomina en estos tiempos de
globalización y, más específicamente, cómo entender los grupos
familiares que están compuestos por personas lesbianas, gays, bisexuales
y/o trans (LGBT) que muchas veces no presentan lazos sanguineos, y cuáles
son los efectos de estas situaciones en la sociedad argentina.
Trataré de recorrer estos interrogantes
articulando con algo de mi experiencia como profesional de la salud.
FAMILIAS LGBT: EXISTENTES PERO NEGADAS
Hoy en día sólo como excepción tiene una
cierta permanencia el matrimonio monógamo, heterosexual y con fin
reproductivo.
Con este panorama, del lado de la sociedad,
¿no hay algo de pérdida de la realidad o negación de la misma? Digo, ¿por
qué seguir pensando que esa familia «tradicional» es el objetivo ideal
a seguir? ¿Por qué no darle la entidad que se merece a las «otras»
familias, las cuales siempre existieron? ¿Por qué justamente allí donde
sí habría una obviedad (es obvio que estas familias cobran vida) no se
la reconoce?
Por un lado, sabemos que lo «tradicional»
se refiere a una época pasada y, por otro, creo que «lo ideal» es
inalcanzable.
Considero que hay que replantearse el
concepto de mayoría, porque si reuniésemos a todas las familias que no
serían las «tradicionales», si agrupáramos a todos los «grupos
disidentes», es decir, a las «otras» familias, las ensambladas, las de
madres solteras, las de dos papás, las de dos mamás, las de madres
trans, la de parejas que se juntan y alguno de ellos/as ya tiene un hijo
con una pareja anterior, etc., obtendríamos un grupo ampliamente
mayoritario.
Por eso debemos contextualizar los espacios
geográficos y los momentos sociales, históricos, políticos, culturales,
económicos, teóricos, etc.
MIEDOS AJENOS Y PROPIOS
Varios prejuicios se dirigen aún hacia (y
dentro de) los sujetos LGBT, entre ellos uno de los más fuertes es: «te
vas a quedar solo» (apoyado por la realidad, ya que en nuestro país casi
no existe una ley que ampare a las familias homoparentales), no obstante,
algo de ese prejuicio está perdiendo fuerza en el imaginario social,
porque existen muchas personas lesbianas y gays que están compartiendo
sus vidas en pareja hace muchos años y eso implica una historia y un
proyectar de a dos.
Uno de esos proyectos puede ser convertirse
en padres. Y los prejuicios que circulan en la sociedad también son
introyectados en las parejas de lesbianas y gays.
El discurso expresado y escuchado que
contiene el miedo más común de estas personas es: «yo no adoptaría
porque la sociedad no está preparada para esto», o «no quiero que el
niño salga dañado, por ejemplo en su colegio, por tener dos papás o dos
mamás».
Me parece que muchas veces nos quedamos en
ese miedo paralizante por no actuar. Y lo principal en estos casos es
empezar por uno, por lo que se puede hacer previamente, recorriendo
caminos posibles hasta concretar el hecho: informándose, reuniéndose con
otras personas que hayan pasado por la misma situación, acercándose a
profesionales, para luego estar preparado para afrontar el «afuera».
Por ejemplo, cuando se hace real el deseo
de construir una familia homoparental con un hijo (o más), es importante
acercarse al colegio donde acudirá ese/a niño/a para informar, «educar»,
darles tiempo a las autoridades y docentes de ese establecimiento para que
lean material pertinente, etc.

Imagen (Gentileza: AG Magazine): El
autor de esta columna, Alejandro Viedma, junto a Martín Lanfranco (uno
de los coordinadores de Area Jóvenes de la CHA), Marlene Wayar (activista
trans y directora de El Teje) y la licenciada Eva Rotenberg (co-compiladora
de "Homeparentalidades. Nuevas Familias") en la charla
organizada por CIPSBA.
La construcción implica sumatoria, algo
que se edifica, armado de. Y armar una familia «no convencional» ya
rompe con lo que circula socio culturalmente, el: «a la familia no se la
elige, te tocó eso», puesto que si hablamos de elegir, introducimos la
dimensión del deseo y de la decisión responsable de esa elección y de
ir preparándonos para la realización de ese deseo de construir una
familia «diversa».
Lo anteriormente mencionado se relaciona
con el verbo adoptar, el cual proviene del latín: «Ad optare», y
significa desear, elegir lo que se quiere.
En mi experiencia dentro de los grupos de
reflexión para varones gays que coordino puedo dar cuenta de este
panorama, relacionando la teoría con la práctica misma: por ejemplo, hay
dos hombres que adoptaron como solteros, hay otro miembro que hizo la
unión civil con su pareja, hay un papá de un hijo gay, abuelos gays,
padres gays que tienen hijos/as de matrimonios anteriores y en la
actualidad conviven con alguien de su mismo sexo, etc.
¿Cuáles son los datos que emanan de los
principales estudios en familias homoparentales?
La mayoría de las investigaciones hechas
en el mundo acerca del desarrollo de niños y niñas (algunas de dichas
investigaciones incluyen a adolescentes) criados/as en familias
homoparentales se realizaron en Europa, los Estados Unidos y Canadá.
Los datos informan que no hay diferencias
significativas entre tales niños/as y los/las criados/as por padres
heterosexuales en cuanto a su desarrollo socio afectivo.
Los estudios revelan que los/las niños/niñas
criados/as en familias homoparentales no resultan homosexuales más
frecuentemente que los/las criados/as por padres heterosexuales.
Igualmente si fuese así, no sería un
problema, considero que ya en la base de esa hipótesis a constatar o
refutar hay algo prejuicioso, ya que se supondría que la homosexualidad
es contagiosa donde implícita o explícitamente continúa el concepto de
enfermedad; pero al menos los resultados descartan una de las ideas más
comunes del imaginario colectivo basada en la ignorancia.
LO QUE HACE A UNA FAMILIA
Lo que mejor define a una familia son los
lazos afectivos (corrientes amorosas y agresivas) que se constituyen y
vehiculizan dentro de la misma.
En ese sentido, no considero que la
consanguinidad, lo genético, la filiación sean los únicos rasgos
excluyentes que deberían estar presentes en un grupo familiar y, al mismo
tiempo, se amplía una posible definición de las familias.
En palabras de Gilbert Herdt y Bruce Koff
en su libro «Gestión familiar de la homosexualidad»: «La familia es
plural porque se trata de una forma de parentesco, y el parentesco es un
sistema de relaciones sociales arbitrario sin relación directa con la
consanguinidad ni con la filiación. El parentesco existe solamente en la
conciencia de las personas y es una convención social, un lenguaje, un
sistema de representaciones. El parentesco no es una relación física o
biológica: el parentesco es una relación social».
Es por ello que me permito pensar en otras
formas de familiaridad dentro del colectivo LGBT, como la que conforman
los amigos o la solidaridad como elemento emergente en períodos críticos
de las personas.
Ejemplo de ello puede ser lo que ocurre
dentro del hospital Muñiz (según me comentó la presidenta de ATTTA,
Marcela Romero), sobre todo entre personas trans y gays que conviven con
el VIH/SIDA: hay muchos gays que no son visitados y en períodos
terminales son las chicas trans las que los cuidan, los asean, les dan de
comer, los acompañan.
Respecto a ellas, en el momento que hay una
información oficial de que están muy graves, se llama a sus familias –que
en general viven en el norte argentino- para transmitirle dicha noticia, y
lo que ocurre –también en general- es que la respuesta del otro lado
del teléfono es: «esa persona hace rato dejó de ser parte de esta
familia». Entonces, tras las expulsiones, los «asesinatos» de las
personas trans por sus familias «naturales», muchas chicas cumplen ese
mandato por poseer una alta cuota de pulsión de muerte. No por casualidad
el promedio de vida de las chicas trans en Argentina es de 25 a 35 años.
También podría pensarse que ciertas redes
hacen las veces de familias, como por ej., grupos de pertenencia, donde se
construye un espacio que la sociedad obtura. De hecho, me sentí muy
reconfortado cuando recibí un mail de un integrante de uno de los grupos
que coordino, que decía: «Querido Ale, me alegra mucho que hayan
ingresado a nuestro grupo dos personas nuevas, se nota que la familia se
sigue ampliando… Carlos».
POR LA LEGITIMACIÓN DE LO FAMILIARMENTE
DIVERSO
El término delirio proviene de una
metáfora de labriego de la antigua Roma. Así lo explica Pierre Rey en su
novela «Una temporada con Lacan»: Lira, el surco. Cuando un campesino se
distraía detrás de su arado, apartándose inadvertidamente del surco,
los demás, para avisarle, le gritaban: De lira! Te sales del surco.
Cuando irradia su propia energía, toda creación se sitúa necesariamente
fuera del surco, porque la creación sólo puede proceder del delirio.
En tal sentido, las «nuevas» creaciones
familiares se salen del surco, de lo establecido, no obstante desde lo
social no se las debe meter en la bolsa de lo raro, de lo enfermizo y no
se debe analogar lo que sale de la norma con lo que transgrede la ley, la
salud, y para ello hay que seguir luchando para legitimizar los derechos
de todos y todas, creando y afianzando, haciendo cumplir nuevas leyes.
Tengo la idea que la ley y el afecto se
retroalimentan, cada aspecto actúa como soporte del otro.
Es el respeto, el amor, el compromiso lo
que construye y legitima una familia y, a su vez, la ley debe anidar,
respaldar esos lazos. Sobre todo para los menores, a los cuales hay que
proteger, acompañar, ayudar, en lugar de señalar, estigmatizar, apartar.
Para finalizar, creo que en este tema
sería importante recusar la terminología negativa, que sigue haciendo
oir ciertas palabras estigmatizantes, como: patología, lo (no) natural,
mayoría, perversión, etc., avaladas por mitos, informaciones con bases
falsas, rigideces, y que hace que siga reproducéndose la discriminación,
en pos de valorizar lo positivo, lo que circula en lo que existe: dentro
de la diversidad de manifestaciones familiares en este mundo plural y
atractivo en lo relacional, apuntar al reconocimiento de la singularidad,
de la subjetividad de cada quien, a la responsabilidad, al deseo, a la
capacidad de una persona para ser padre -más allá de su orientación o
identidad sexual, y al amor-, lo cual no significa «dar todo», sino lo
necesario y suficiente con límites.
Alejandro Viedma
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