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Homenaje a Maestro José
Solé en Palacio de Bellas Artes por su destacada trayectoria en el arte
escénico
“Toda
mi vida ha estado ligada el INBA, como alumno, como maestro, como
directivo, como funcionario..".
Ciudad de México, 7 de septiembre de 2008 (Texto ©
Agustin Villalpando / Enkidu Magazine): En punto de las 19:00 Hrs. del
pasado miércoles 3 de septiembre de 2008, una multitud abarrotó el
Palacio de Bellas Artes, hasta donde llegamos personas interesadas en el
teatro y la vida cultural de este país.
Grandes personalidades del mundo teatral subrayaron la
ausencia de los máximos líderes de los poderes ejecutivo, legislativo y
judicial, a quienes seguramente un homenaje a quien ha vivido inmerso en
la promoción de las artes dramáticas universales, desde este país y a
lo largo de 60 años, debió haber parecido nimio.
En todo caso, estuvieron quienes debieron estar,
quienes han vivido el escenario en carne, sudor y trabajo cotidiano. Las
generaciones consagradas y las nuevas, los periodistas de la sección
cultura, quienes encabezan las asociaciones teatrales más importantes. Lo
mismo vimos a Benjamín Bernal, a Isabel Quintanar, que al Maestro Ignacio
López Tarso, a funcionarios como María Teresa Franco
e Ignacio Escárcega, estos últimos presidieron el majestuoso acto
donde el centro de las palabras, los aplausos, los recuerdos y esperanzas
fue el Maestro José Solé.
De esta manera, el Instituto Nacional de Bellas Artes
(INBA) de México, otorgó la Medalla Bellas Artes al Maestro Solé,
presea que distingue a los creadores artísticos más importantes, como
parte de su reconocimiento a quien, asegura el comunicado, “se ha
formado en esa institución.”
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“Toda mi vida ha estado ligada el INBA, como alumno,
como maestro, como directivo, como funcionario. Recibir la medalla
es el más alto honor al que puedo aspirar” declaró el actor y
director teatral, quien fuese estudiante de la Escuela de Arte
Teatral de Bellas Artes, “cuando estaba en este mismo teatro”
subrayó el Maestro, así como estudiante de escenografía con el
Maestro Julio Prieto y luego fue a París a estudiar dirección escénica.
El Maestro Solé ha dirigido géneros como televisión,
teatro, comedias musicales y ópera; su labor teatral ha sido
reconocida por asociaciones de críticos en México, Estados Unidos
y Cuba, al tiempo que, como actor, formó parte de la Compañía de
Teatro del INBA. Por su labor ha recibido el Gran Premio de Honor de
la Asociación Mexicana de Críticos Teatrales, así como dos
premios nacionales y uno en Atenas.
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El galardonado fue director del Teatro Xola, hoy Julio
Prieto, y director de la Escuela de Arte Dramático del INBA. Durante dos
años fue consejero de la Embajada de México en la URSS, de la que fue
llamado a México en varias ocasiones para montar dos tragedias y un auto
sacramental. También fue titular de la Dirección de Teatro del INBA,
secretario general del Centro Mexicano de Teatro (UNESCO) y coordinador
general del Teatro del INBA.
“Los mejores recuerdos de mi trayectoria están
ligados a Bellas Artes,” asegura Solé.
Un acto sobrio pero emotivo, donde hicieron uso de la
palabra María Teresa Franco, Directora General del Instituto Nacional de
Bellas Artes, así como el propio José Solé tanto en forma oral como
dando una muestra de lo que sabe hacer al presentar, en versión completa,
Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz.
A continuación las palabras de María Teresa Franco,
Directora General del Instituto Nacional de Bellas Artes:
“Para los entusiastas del Teatro en nuestro país,
sobran los motivos para celebrar la trayectoria de José Solé ha sido un
lector ampliamente reconocido por la crítica, uno de los directores de
escena más constantes que haya dado México en las últimas décadas y,
por si fuera poco, también un promotor de la cultura que, con su trabajo
libre y cotidiano o desde las instituciones, ha impulsado proyectos cuya
importancia se puede tasar or su permanencia. Valga recordar, apenas de
paso, que el maestro Solé fue director de la Escuela de Arte Teatral del
INBA y que, en los años que estuvo a la cabeza del Departamento de Teatro
de Bellas Artes, fomentó decididamente los programas de teatro infantil y
escolar, además de que, con su aliento, nacieron dos esfuerzos de valía
indiscutible que, en la actualidad, siguen dando frutos: la Compañía
Nacional de Teatro y el Centro Nacional de Investigación, Documentación
e Información Teatral “Rodolfo Usigli”.
“Recordar su historia en el campo de la actuación,
que se remonta a los cuarenta, o su vida como director, que se cuenta por
décadas de trabajo caracterizado por su asombrosa versatilidad, invita a
recorrer más de medio siglo de la tradición escénica de México, a
descubrir los vericuetos que hacen de las tablas más que un oficio
apasionante, una forma de vida en la que caben todas las búsquedas, desde
las exploraciones con el lenguaje del cine o de la televisión, hasta las
más arriesgadas relecturas de los clásicos, el teatro para niños, las
comedias musicales, o la ópera.
“Esta noche, el Consejo Nacional para la Cultura y
las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes rinden un homenaje que
no sólo es merecido, sino necesario, a un profesional de la escena que ha
vivido con el apasionado convencimiento de que ‘el teatro es un resumen
de todas las artes […] Es una forma de prevenir, de avisar contando,
unas veces con alegría, otras con severidad, lo que ha pasado, lo que
pasa y lo que puede pasar.’
“Además de la consabida bonhomía y del fervor con
que se ha consagrado a compartir su larga experiencia, el legado del
maestro José Solé es un invaluable cúmulo de aproximaciones al hecho
teatral, en todos los géneros, que hoy pertenece a nuestra memoria
colectiva y, sin lugar a dudas, también a nuestro vasto patrimonio
cultural.”
El Maestro Solé hizo uso de la palabra, “Aquí en
Bellas Artes es mi casa, en ella estudié, ya que la escuela de teatro
estaba en este mismo edifico, yo no tenía edad para entrar, pero lo hice
debido a que en mi secundaria nos dividían en tandas para entrar a las
clases, en fin, todo mi agradecimiento a esos maestros que es una lista
muy larga”, luego recordó nombres como Rambal, Novo y Mondragón; escenógrafos
como Julio Prieto y David Antón; así como actores de la talla de Luis
Gimeno e Ignacio López Tarso, “de quienes aprendí mucho”, aseveró
el homenajeado. “El teatro es como el toreo, hay que saber torear todos
los toros”.
Tras un aplauso avasallante, el obscuro dio paso a Los
empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz, bajo la dirección
de José Solé, en el programa de mano se leen estas palabras escritas por
el maestro:
“Si bien la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, niña
prodigio, joven admirable y monja sapiente, vivió y brilló en el periodo
barroco, fácilmente puede recibir el epíteto de mujer renacentista. Su
curiosidad intelectual la llevó por los caminos de la poesía, la
dramaturgia, la teología, la astronomía, la pintura y porqué no, también
la gastronomía.
“Otro rasgo característico de la religiosa fue que,
además de acceder a distintas ramas del conocimiento, tuvo un fuerte carácter
novohispano. Esto equivale a decir que en su obra es notoria la mezcla de
las diferentes razas, lenguas y concepciones que iban, poco a poco,
formando la personalidad mexicana.
”Sor Juana fue una monja cortesana que, para su
subsistencia como intelectual en una época en donde la mujer tenía una
posición de desventaja, optó por buscar la protección y el mecenazgo de
la aristocracia. Como parte de este hecho, la monja novohispana elaboró
variados textos, ya en verso, ya en prosa, para dar bienvenidas,
parabienes y aplausos a virreyes, arzobispos, nombres y demás personajes
de su tiempo y espacio.
“Uno de estos escritos es la obra teatral Los
empeños de una casa, elaborada como parte de los agasajos que
recibieron el virrey don Tomás Antonio de la Cerda, conde de Paredes y
marqués de la Laguna y su esposa doña María Luisa Manrique de Lara y
Gonzaga.
“La primera representación d esta pieza tuvo lugar
en el palacio virreinal de la Ciudad de México [hoy Palacio Nacional,
N/Enkidu] en 1683. No se tienen noticias precisas de cómo se dio –formalmente
hablando– esta función. Sin embargo, dado el afán hispanizante que tenía
los altos estamentos sociales del virreinato, es fácil suponer que no
distó mucho de las puestas escénicas de la metrópoli. No obstante,
puesto que Los empeños de una casa es una obra mexicana [cuando todavía no
existía México como ahora lo conocemos, era la Nueva España, N/E],
escrita por una mujer mexicana [sic, N/E] y estrenada en la capital del
virreinato [esto es, la Nueva España, N/E], hemos querido imprimirle a
nuestra puesta escénica, más que un ambiente español (la acción sucede
en Toledo), un carácter novohispano.
“Por lo menos hemos incorporado varios elementos
característicos de nuestra tierra en el siglo XVII. De éstos cabe
mencionar los bio-bu, es decir, biombos de estilo japonés (Namban), los
cuales llegaron al virreinato en el Galeón de Manila [Neo de China, N/E],
antes que a la misma España. Hemos incluido la ancestral costumbre indígena
de beber chocolate (xocoatl-agua amarga), manjar que mucho gustó a los
españoles e incorporaron a su propia cultura. Asimismo vestimos a una de
las damas con la prenda indígena llamada huipil, por saber que las
criollas de la aristocracia utilizaban algunas prendas indígenas como
ropa de trapillo. También hicimos uso de música americana de los siglos
XVI y XVII, para finalizar con el conocido “tono” de la chacona,
creación del Nuevo Mundo, que incidió en las danzas y la música europea.
“Si bien los caracteres protagónicos de la obra
permanecen al estamento criollo de la sociedad, quisimos que éstos fueran
sustentados por personajes que representarán la variopinta mezcla racial
que se dio en la Nueva España.
“Por lo mismo aparecen en la puesta indios, negros y
mestizos (como el indiano Castaño). Se ha tratado, asimismo, de recrear
las ropas indígenas que se utilizaban en los mitotes y diversas
festividades indias, así como la peculiar indumentaria que utilizaban las
negras y mulatas del virreinato.
“Y he aquí, altísimos Señores, Senado discreto,
una concepción mexicana de una obra mexicana, perdonad sus yerros.”
Entonces vimos un despliegue de Historia y un sabor añejo
que, como en los vinos, dio una textura especial, gourmet, por así
decirlo, a quienes tuvimos el honor de participar de esta degustación de
la dramaturgia novohispana en su versión mexicana contemporánea. En el
reparto estuvieron Diana Luna, Francisco Silva, Oscar Ulises Cancino,
Marco Vinicio, Abril Mayett, Lucía Puente, Erwin Veytia, Aleyda Gallardo,
Marta Fernanda Del Solar, René Varsi, Antonio Rojas, Carlos Orozco,
Gerson Martínez, y Marco Zetina, cada uno de ellos disfrutando el momento
dramatúrgico y, con ello, permitiendo que el respetable fuese adaptando
su oído a esos novohispanismos, a la ropa, a la música en vivo y al
enredo que Sor Juana retrató en esta obra, donde dos parejas nobles deberán
ser ágiles en sus resoluciones a fin de lograr permanencia con la persona
que han deseado como pareja: Dona Ana y Don Juan, Doña Leonor y Don
Carlos.
Castaño (Carlos Orozco), muestra una obediencia ciega
a su amo, Don Carlos, pero es necesario ocultar su identidad para llevar
un recado. El lacayo entonces se torna en mujer y es percibida como Doña
Leonor, lo que genera un enredo digno de presenciar.
Amig@ lector, si te es posible encontrar esta obra
cerca de donde te encuentres, si bien leerla o mejor verla, anímate y
vuelve los ojos, los oídos y tus sentidos a esta muestra de lo que se
experimentaba en la América Novohispana.
Para leer los Festejos de Los empeños de una casa, de
Sor Juana Inés de la Cruz, puedes ir a: http://www.comedias.org/sorjuana/empcas0.html
Puedes leer el texto de Los empeños de una casa, de Sor Juana Inés de la Cruz, en: http://www.comedias.org/sorjuana/empcas1a.html
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