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Joênia, la abogada de los indios de Brazil -
Joênia, l'avocate des Indiens du Brésil
LE MONDE, Jean-Pierre Langellier, 10 de septiembre de 2008 (Traducción al castellano Agustin Villalpando / Enkidu Magazine): Estas imágenes permanecerán durante largo tiempo en la memoria de los indios de Brazil. En Brasilia, ese día -el 27 de agosto pasado-, Joênia Batista de Carvalho avanza hacia los 11 jueces de la Suprema Corte. En sus mejillas, ella ha pintado tres líneas rojas, dos horizontales y una vertical, símbolos tradicionales de fuerza y de lealtad. Ellas contrastan vivamente con su largo cabello negro que cae sobre su ropa de abogada.
Joênia abre su defensa con dos palabras pronunciadas en wapichana, el idioma de su pueblo: "Waynau bii" ("Basta de violencia"). Primera Amerindia de Brazil [Première Amérindienne du Brésil] promovida como abogada (en 1997), ella se convirtió también, a los 34 años de edad, an la primera india [Indienne] en expresarse ante el más alto tribunal del país. Su voz, vibrante de emoción, traiciona la solemnidad del momento.
Ella habla, asegura, a nombre de las comunidade tribales que le han encargado defenderles ante la corte. Es aquí donde se debe resolver el más antigüo, el más duro y el más simbólico de los conflictos que opone a indios y blancos en Brazil. Los jueces tienen por misión confirmar, o no, la demarcación de la reserva Raposa-Serra do Sol, aprobada en 2005, luego de treinta años de litigios, por un decreto del Presidente Luiz Inacio Lula da Silva.
Tan grande como la mitad de Bélgica, esta reserva de una sola pieza, tiene fronteras con Venezuela y Guyana, abriga a unos 19,000 indios que pertenecen a las tribus Macuxi, Ingarico, Pacaraima, Taurepangue y Wapichana. El Estado federal les ha concedido el usufructo. Ellos luchan, con ayuda de Joênia, por mantener la unidad de la reserva, que el bosque recubre en su gran mayoría. Sólo la continuidad de su territorio, aseguran ellos, protegerá su modo de vida de las influencias exteriores destructivas.
Su solicitud choca de frente con los intereses de los granjeros blancos, sobre todo de quienes cultivan arroz, instalados en la reserva. Ellos reclaman un trazo territorial discontinuo que, creando islotes agrícolas, preserve sus plantaciones y evite que 200 de ellos sean expulsados. Ellos gozan del apoyo activo del gobierno del estado de Roraima, que subraya su rol económico. Ellos gozan además a la simpatía del ejército, que reivindica que la reserva complica la vigilancia de las fronteras. Los agricultores y el gobierno local han apelado a la Corte con la esperanza de que ella refute al Presidente Lula.
"Rebelde desde la infancia", Joênia se enorgullece de defender a su pueblo, de hacer conocer sus expectativas y sus inquietudes a los "no-indios" ["non-Indiens"] de Brazil. Ella nació en 1974 en un poblado de la Amazonia en vias de aculturación. Su abuela ignoraba todo del portugués, pero su madre apenas conocía unas pocas palabras de su ancestral lengua materna.
El funcionario poco imaginativo que registró su llegada al mundo un día de San Juan la "bautiza" símplemente con el nombre Joênia Batista [Juana Bautista, N/E]. Carvalho es patronímico de su marido, un comerciante mestizo. Pero en 2004, lugo de la entrega en Washington del premio Reebok de los derechos del hombre, ella reivindica su apellido tribal: Joênia Wapichana. La búsqueda de identidad, individual y colectiva, acompaña toda su existencia.
Ella tenía ocho años de edad cuando su madre, separada del padre, se instaló en Boa Vista, capital del estado, con sus hijos, quienes le ayudaron en la venta de frutas. Excelente estudiante, la única india en su clase, ella se rebela contra el desprecio que abruma a su familia, contra los prejuicios de aquelos "que nos tienen por feos, estúpidos y perezosos". No hay manera, asegura ella, "de escapar a nuestra identidad, que se lee en nuestro rostro."
Sus hermanos renuncian pronto a la escuela. Ella sufre de ser "india, mujer y pobre" ["indienne, femme et pauvre"]. Pero ella se aferra. Se le destina a la enseñanza, oficio prometido de forma regular a las mujeres jóvenes indias educadas. Ella se imagina más como médico. Ella tiene 18 años de edad cuando su hermana mayor, que acaba de dar a luz, muere en el hospital, víctima de negligencia médica. Esta muerte la trastoca y fija su vocación: ella será abogada. Para financiar sus cursos en la noche, ella trabaja durante el dia con un contador.
En 1997, ella obtiene de manera brillante su título y pone manos a la obra de inmediato. El consejo indígena de Roraima tiene necesidad de ella. Debe, en principio, ganarse la confianza de los suyos. Esto no sucede a menudo en esta sociedad tan patriarcal y machista, donde los hombres, viejos de preferencia, jefes o chamanes, monopolizan la palabra. En cada encuentro, ella explica quién es y de dónde viene. Sus raíces le apoyan.
En la primera línea de un conflicto siempre más exacerbado, Joênia toma riesgos. En 2001, ella recibe una advertencia: tres indios, que vienen para escucharla, son asesinados. Luego de 30 años, recuerda ella a los jueces en Brasilia, 21 jefes indígenas han sido asesinados. A estos crímenes hay que añadir las amenazas de muerte, las casas incendiadas, los puentes saboteados. Los indios respondieron, aquí y allá, ocupando una plantación o bloqueando una carretera.
El 27 de agosto, el primer juez invitó a pronunciarse por dar la razón a los indios. Hubo entonces un movimiento de alegría en la sala de audiencias, donde una treintena de ellos, con las caras pintadas, habían sido admitidos. A petición de un magistrado, deseoso de rendirse en el terreno, el tribunal suspendió sus trabajos y no decidirá sino hasta fines de año. Joênia es optimista. La exposición del juez a favor de los indios, dice ella, es "histórica". El comprendió que, "sin (su) tierra, (sus) valores y (su) cultura no pueden existir".
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Article paru dans l'édition du 11.09.08. |
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