ROMA, 11/09/08 (Miguel Mora/El Pais /
Enkidu Magazine): En la provincia de Roma, la Cruz Roja ha identificado
hasta ahora a 2.200 ciudadanos gitanos en 30 campamentos ilegales. En
Milán, la policía ha fichado a 1.500 en campos autorizados. En Nápoles
las cuentas del Gobierno suman apenas 1.200. A un mes de ser completado,
el llamado Censo Maroni parece rebajar mucho el alcance de la cacareada
"emergencia gitana".
Tras las críticas, la toma de huellas
dactilares se ha reducido al mínimo
Los gitanos parecen haberse esfumado de
repente. Según el presidente de Cruz Roja en Roma, Fernando Capuano,
"las primeras cifras que se dieron, sinceramente, estaban infladas,
pensábamos que había 12.000 y ahora no creemos que haya más de
6.000".
Según la ONG Everyone, que trabaja con los
gitanos en Milán, la razón es otra: "La persecución sistemática
de las autoridades ha logrado su objetivo, muchos gitanos se han asustado
y han decidido marcharse".
España, Francia, Alemania o incluso el
regreso a Rumania son los destinos elegidos. Nikole Vankuta, de 29 años,
rumano, cabeza de una familia de siete personas, cuenta por teléfono
desde Milán que están preparando todo para marcharse a España. "Aquí
no se puede estar", dice. "No hay trabajo ni dinero, tenemos
problemas con la policía todo el tiempo. España está más tranquilo.
Tenemos paisanos en Torrevieja, en Madrid, en Castellón, y allí no pasa
lo que aquí".
Aunque es muy difícil determinar cuántos
romaníes se han marchado, lo que parece claro es que los rumanos están
yéndose en masa. "Se están yendo todos, sólo deben quedar ya 6.000
o 7.000", calcula Nico Grancea, un rumano calé que vive en Pesaro.
"Mis suegros se fueron primero a España y ahora están en Francia.
Aquí la presión es insoportable".
Roberto Malini, responsable de Everyone,
calcula que el número de gitanos se ha reducido a la mitad en poco más
de un año. La razón, explica, es que "antes, Italia nunca había
hecho nada por los gitanos, los consideraba invisibles, pero en los
últimos dos años las instituciones, las fuerzas del orden y la
propaganda de los medios se han unido contra ellos".
La consigna de mano dura sigue marcando el
día a día. Ayer, dos familias gitanas que vivían cerca de Rímini
denunciaron haber recibido una paliza a manos de los carabineros de
Bussolengo. En Roma, el 4 de septiembre, fuerzas de la policía y el
Ejército desmantelaron varios campamentos en la orilla del Tíber.
Paolo Ciani, de la organización católica
Comunidad de San Egidio, cree que "aún es pronto para saber si ha
habido un éxodo masivo, porque en verano siempre hay más movimiento y
algunos vuelven a su país por vacaciones". En todo caso, Ciani
subraya que el Gobierno "dio cifras absolutamente infladas, y si
ahora son más bajas podrá decir que su política represiva ha sido un
éxito".
El alcalde de Roma, Gianni Alemanno, habló
de que había 20.000 gitanos irregulares en Roma. La Cruz Roja sólo ha
identificado a 2.200. En Milán, la alcaldesa, Letizia Moratti, manejó
cifras de 25.000 personas, pero a día de hoy, sólo se han contado 1.500
en la ciudad. "Si se confirman esas cifras, alguien debe explicarlo",
dice Ciani. ¿Para qué crearon ese fantasma? ¿Quizá para decir ahora a
sus electores que los han echado?".
La nota positiva es que tras la condena
general a la toma de huellas dactilares, el mecanismo parece haberse
reducido al mínimo. El presidente de la Cruz Roja romana, Fernando
Capuano, afirma que sus voluntarios no han tomado ni una sola huella, ni a
adultos ni a niños. "No ha hecho falta porque todos tenían papeles".
El censo más transparente es el de la
capital: en los 30 campamentos ilegales revisados habitan, dice Capuano,
"sobre todo rumanos, seguidos de bosnios, serbios, sintis italianos,
y caminantes. Hay 900 menores, la mayoría nacidos en Italia y con un
nivel de escolaridad muy bajo, del 20%". La situación en esos campos
es de enorme degradación. "No hay agua ni luz", dice Capuano.
El mito del gitano rumano se revela
especialmente falso en Nápoles. Entre las 1.200 personas censadas, hay
"poquísimos rumanos", según el portavoz de la Delegación del
Gobierno. Probablemente, el incendio de Ponticelli fue la invitación más
eficaz al exilio.
Población gitana
- El censo de población gitana puesto en
marcha por el Gobierno de Berlusconi apunta a que su presencia en Italia
es muy inferior a la cifra que auguraba la derecha.
- En Milán, frente a una previsión de
cerca de 25.000 personas, de momento sólo han sido censadas 1.500. En
Roma, los censados son 2.200 (se calculaban 20.000), y en Nápoles, 1.200
(frente a una previsión de 10.000).