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Texto y Fotos © Guillermo Campos/Enkidu Magazine |
La que
busca, encuentra...
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La casa era
magnífica, en una calle poco transitada de la Colonia Roma. Con
fachada de cantera y balcones de madera con cristales biselados.
Muy bien conservada.
Dentro, un
pequeño jardín con fuente que insistía en lanzar al aire chorros
de agua, adornaba apenas el lugar. |
Sofía se sintió como en la
casa de sus abuelos, cuando jugaba sola en un lugar semejante.
Los dos ancianos le fueron
mostrando una a una las habitaciones. Lleno de muebles antiguos y
cuadros de bodegones viejos y apolillados que aún lucían orondos
colgados en las paredes tapizadas de satín. Una pianola de rollo
descansaba en un rincón del pasillo que llevaba al segundo piso. Todo
decorado con un gusto del siglo pasado. Sofía no comprendía cómo estos
señores estaban vendiendo aquella casa en un precio tan módico…
- No podía dejar pasar esta
oportunidad.- pensó mientras caminaba delante de la pareja rumbo a la
cocina.
La muchacha se sorprendió,
una enorme estancia limpia como quirófano brillaba bajo la luz de las
lámparas que aún parpadeaban, encendiéndose.
La mesa de centro, con una
base de mármol gris impoluta, estacaba del resto de los muebles.
Ollas, cacerolas y marmitas
de acero despedían un frío glaciar.
En una esquina, un enorme
cazo de cobre resaltaba sobre todo lo demás. -. ¡Dentro podría cocinarse
una vaca entera¡ .- pensó Sofía.
- ¿Qué le parece señorita?
escuchó la voz del anciano a sus espaldas.
- La cocina es nuestro
orgullo, continuó la voz de la mujer.
Al voltear, la joven miró a
los dos ancianos con mandiles de cuero puestos, acercándose a ella con
dos enormes cuchillos destellando en ambas manos. Al mismo tiempo, un
grito ahogado luchaba por escapar de su boca, las luces se apagaron.
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