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En la
Batalla Global contra el SIDA, Bush Crea un Legado
- In Global Battle on AIDS, Bush Creates Legacy
Washington, New York Times, Sheryl Gay Stolberg, 5 de enero (Traducción
al castellano Agustin Villalpando/Enkidu Magazine): El Dr. Jean W. Pape
no sabía que esperar a principios de enero de 2003, cuando él se
escabulló de su empleo, dando tratamiento a pacientes con SIDA en Haití
y voló a Washington para tener una reunión secreta con el Presidente
Bush.
Bush estaba considerando dedicar miles de millones de dólares al combate
global contra el SIDA, una iniciativa de salud pública sin precedente en
tamaño y en amplitud. Las deliberaciones se habían realizado con la
mayor discreción, incluso el secretario de salud fue dejado fuera. Si el
Presidente Bush iba a provocar un shock al mundo -y a republicanos
escépticos- con un gasto grande de efectivo estadounidense para enviar
medicinas caras fuera del territorio, él quería que éste dinero fuese
bien gastado.
“El dijo, 'Yo le hago responsable, porque esta es una acción grande,
esta es una cosa importante que he estado pensando por mucho tiempo,'”
recuerda Pape, uno de numerosos expertos sobre SIDA con quienes Bush
consultó. “Nosotros le indicamos que nuestras armas están completamente
descompuestas como médicos, sabiendo que hay cosas que podríamos hacer
si tuviésemos los medicamentos.”
Casi cinco años después, el Plan de Alivio de Emergencia contra el SIDA
[Emergency Plan for AIDS Relief, Pepfar, por sus siglas en inglés], del
Presidente podría ser el logro más duradero a nivel bipartidista de la
Administración Bush.
Con un año más en el cargo, Bush se enfrenta a unos Estados Unidos
terriblemente divididos por la guerra en Irak. Sus logros domésticos,
los recortes de impuestos y la reforma educativa, no han sido totalmente
aceptados por los demócrata y su agenda legislativa en su segundo
periodo -modernizar la Seguridad Social y la política de inmigración- se
encuentra en ruinas.
El Programa Global contra el SIDA [global AIDS program] es una excepción
rara. Hasta el momento, unos 1.4 millones de pacientes de SIDA han
recibido medicina que les ha salvado la vida, pagada con dólares
estadounidenses, a partir de 50,000 antes de la iniciativa. Incluso sus
más ardientes enemigos, entre ellos el Senador John Kerry, de
Massachusetts, su contrincante demócrata en 2004, tuvo dificultades para
discutir las cifras.
“Es algo bueno que él quisiera gastar el dinero,” aseguró Kerry, un
defensor temprano de una legislación similar al plan que Bush adoptó.
“Creo que representa un logro tremendo para el país.”
Anunciado en el Informe a la Nación [State of the Union] de 2003, el
plan anunció $15 mil millones de dólares de Estados Unidos para la
prevención, el tratamiento y el cuidado relacionado con el SIDA,
concentrando sus esfuerzos en 15 naciones muy afectadas de Africa y el
Caribe. Un Congreso entusiasta ya ha aprobado $19 mil millones.
Bush está presionando por un compromiso nuevo, de cinco años y $30 mil
millones. El viajará a Africa en febrero para abogar por su plan -y,
espera la Casa Blanca, mejorar el lado conservador compasivo [compassinate
conservative side] de su legado.
A
pesar del esfuerzo, aún hay 33 millones de personas que viven con VIH y
Estados Unidos estima que existieron 1.7 millones de infecciones nuevas
en 2007 tan sólo en el Africa Subsahariana. Los críticos, incluyendo a
Kerry, están indignados en particular porque un tercio de los fondos de
prevención son utilizados en enseñar la abstinencia, a pesar de la falta
de un consenso científico de que tales programas reducen la propagación
del VIH.
Cuando Beatrice Were, activista contra el SIDA de Uganda, denunció el
enfoque de sólo abtinencia [abstinence-only] en una conferencia
internacional contra el SIDA, ella recibió una ovación con el auditorio
de pie. Paul Zeitz, Director Ejecutivo de Global AIDS Alliance [Alianza
Global contra el SIDA], un grupo activista en Washington, afirma que el
programa de Bush ha sido paralizado por "políticas conducidas por lo
ideológico" [“ideologically driven policies”].
Esa declaración tuvo eco, en términos más diplomáticos, por el
independiente Instituto de Medicina [Institute of Medicine], que evaluó
el programa en marzo. Este llamó al Congreso a abandonar el requisito de
la abstinencia y retirar la prohibición de conceder fondos a agujas
limpias para adictos a drogas, entre otros cambios.
Con todo, el instituto concluyó que, en general, el programa había hecho
un "inicio prometedor". Y cuando se distanciaron un poco, incluso
críticos como Zeitz, conceden que Bush dio lugar a una revolución
filosófica. En un paso sorprendente, enterró la noción de que porque los
pacientes son pobres o carecen de educación, no merecen, o no se les
puede enseñar, el uso de los medicamentos que podrían significar la
diferencia entre la vida y la muerte.
En Haití, alrededor de 13,000 pacientes ahora están recibiendo
medicamentos antirretrovirales. Eso es apenas la mitad de los 26,000
estimados, pero mucho más que los 100 que recibían tratamiento hace
cinco años. "Una historia de éxito inmensa," dice Pape, "más allá de la
imaginación."
En Uganda, un país que ya llevaba mucho tiempo en su propia iniciativa
contra el SIDA cuando Bush inició la suya, 110,000 personas se
encuentran bajo trabamientos, mientras que 2 millones se realizan la
prueba de detección del VIH cada año, comparados con hasta 10,000
personas en tratamiento y 400,000 pruebas de detección, según el Dr.
Alex Coutinho, experto sobre SIDA en el país. El dinero llega, en su
mayoría, por Pepfar, pero también del fondo de Naciones Unidas, al cual
Estados Unidos contribuye.
Coutinho asegura que las personas en Uganda estaban aterrados de que
cuando Bush deje su cargo, "el fondo Bush" [“the Bush fund”], como le
llaman, terminaría con él. "Cuando he viajado en Estados Unidos, me
sorprende cuán poco la gente sabe lo que Pepfar significa," afirma.
"Sólo porque fue hecho bajo Bush, es algo por lo que el país debería
estar orgulloso."
La historia de cómo un Presidente republicano conservador se volvió un
cruzado global contra el SIDA [crusader against global AIDS] es
prácticamente increíble. Bush compitió por la Casa Blanca en el año 2000
con lo que Joshua B. Bolten, su Jefe del Estado Mayor [chief of staff],
denomina "un escepticismo republicano sobre la eficacia de la ayuda al
exterior." El habló de permitir que "Africa resuelva los problemas de
Africa" [“Africa solve Africa’s problems”]. Pero una variedad de fuerzas
conspiraron para colocar la epidemia internacional de SIDA en la agenda
del Presidente nuevo.
Colin L. Powell, entonces Secretario de Estado nuevo, tenía muchos
problemas por la demografía que mostraban algunas naciones africanas, el
SIDA amenazaba con aniquilar a la población entera que sostiene a los
menores [child-bearing population]- una condición que podría crear
inestabilidad y un clima de propicio para el terrorismo. Apenas unas
semanas en el cargo, él llamó a Tommy G. Thompson, Secretario de Salud y
Servicios Humanos [Health and Human Services Secretary] de la nueva
administración.
“Yo dije, ‘Tommy, esto no sólo es un asunto de salud, es un asunto de
seguridad nacional,’” recuerda Powell. Ellos se comprometieron a
trabajar juntos y el Presidente, afirma Powell, "se dedicó a esto de
inmediato." Con todo, se hizo poco en un principio, lo que enfureció a
los activistas coo Zeitz.
Para el año 2002, sin embargo, los conservadores cristianos, un
componente principal en la base política de Bush, comenzaron a adoptar
la causa. Jesse Helms, Senador republicano conservador, por Carolina del
Norte, se declaró a sí mismo apenado [ashamed] de que no haya hecho más.
Bill Frist, un doctor que entonces era Senador republicano por Tennessee,
estaba atormentando a Bush sobre la pandemia. Del mismo modo, Bono, la
estrella de rock. Las medicinas genéricas estaban recortando los costos
del tratamiento.
En la primavera de ese año, Bush envió a Thompson y al Dr. Anthony S.
Fauci, el experto más importante del gobierno sobre SIDA, a Africa "para
intentar delimitar lo que pudiésemos hacer en una forma humanitaria,"
dijo Fauci.
Ellos regresaron y propusieron $500 millones para prevenir la
transmisión del virus de madre a recién nacido. El Presidente aprobó,
asegura Fauci, pero les dijo que pensaran en términos más grandes [think
bigger].
"El quería hacer algo que cambiara el juego [game-changing]", añade
Bolten. "Algo que, en lugar de encontrarse en los márgenes, mitigando la
conciencia de todos, pudiese verdaderamente cambiar la trayectoria de
esta enfermedad que, a partir de los informes que estábamos obteniendo,
se dirigía a destruir un continente entero."
Bolten, Fauci y un puñado de otros expertos, pasaron ocho meses
planeando con tranquilidad. En el interior de la Casa Blanca,
Condoleezza Rice, entonces consejera de Seguridad Nacional, estuvo a
favor del programa.
Pero hubo resistencia de aquellos que pensaban que era "problemático
anunciar mucho dinero para los extranjeros," afirmó Michael J. Gerson,
ex escritor de discursos de Bush. Los opositores lucharon en un intento
de última hora, de retirar el anuncio del discurso anual a la nación,
State of the Union, pero Bush rechazó el intento.
Con Estados Unidos a punto de invadir Irak, algunos teorizaron en el
sentido de que Bush estaba intentando suavizar la imagen de la nación.
No fue así, afirma Gerson, quien llama a esta inicativa como "moralismo
de polítca exterior" [“foreign policy moralism”]. Pero él percibe un
vínculo: "Encaja con una concepción más amplia sobre su visión del
propósito de Estados Unidos en el mundo, que no sólo incluye la
liberación de otros pueblos, sino su tratamiento en caso de
enfermedades."
Las metas eran ambiciosas: dar tratamiento a 2 millonse de personas,
prevenir 7 millones de infecciones nuevas y proveer atención a 10
millones, incluyendo huérfanos y otros menores considerados en riesgo,
durante cinco años, iniciando en 2004, cuando el dinero estuvo
disponible.
Los objetivos de prevención no serán medidos sino hasta 2010. Pero el
Dr. Mark Dybul, Coordinador Global contra el SIDA [global AIDS
coordinator] de la Administración Bush, dice que el programa se
encuentra en camino de lograr sus metas. Además de medicinas con valor
de 1.4 millones de dólares de Estados Unidos, el gobierno dice que ha
provisto cuidados a casi 6.7 millones de personas afectadas por la
enfermedad, incluyendo 2.7 millones de huérfanos y otros niños. Las
medicinas [drugs] suministradas a las mujeres embarazadas han evitado
que un estimado de 152,000 recién nacidos obtuvieran la infección,
asegura el gobierno.
Algunos expertos sobre el sIDA afirman que el dinero podría ser
utilizado de modo más eficiente. La lucha ahora no es en el sentido de
si volver a autorizar el programa, sino cómo. La mayoría del dinero ha
sido canalizado por medio de organizaciones basadas en la religión [religious-based
organizations], lo que ha significado críticas por personas como
Coutinho, de Uganda, quien afirma que el control local recortaría los
costos.
Citando la tasa de infección actual, los activistas dicen que se
requieren $50 mi millones, no $30 mil millones como ha propuesto Bush.
Joseph R. Biden Jr, Senador por Delaware, presidente demócrata del
Comité de Relaciones Exteriores del Senado, también está llamando a que
sean $50 mil millones, como dice Coutinho.
"A menos que Pepfar sea reautorizado en un nivel mucho mayor," continuó
Coutinho, "estaremos en el negocio de jugar a ser Dios."
En la Casa Blanca, el activismo [advocacy] contra el SIDA se ha vuelto
un asunto familiar. Laura Bush llevó a cabo su tercer gira por Africa el
año pasado y la hija del Presidente, Jenna, escribió la crónica de la
vida de una mujer joven, portadora del VIH, en un libro nuevo.
Bush anunció su viaje a Africa de manera paralela al Día Mundial contra
el SIDA en noviembre, citando de Deuteronomios: "He puesto ante tí la
vida y la muerte... Por tanto, escoje la vida" [“I have set before you
life and death ... Therefore, choose life”].
Ese día, el Pórtico Norte [North Portico] de la Casa Blanca fue adronado
con un moño rojo enorme, símbolo de la lucha contra la pandemia. Incluso
Zeitz lo tomó como un signo positivo.
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