| PORTUGAL: La tradición ya no es lo que era
LISBOA, Mario de Queiroz, 12/01/08 (IPS) - Una
ofensiva contra la cultura gastronómica y las tradiciones populares de
Portugal. El Estado democrático está siendo sustituido por uno policial.
El gobierno alienta las delaciones en la ciudadanía.
Estas son algunas de las críticas más
frecuentes y duras ante las nuevas leyes restrictivas que amenazan
la tradicional comida casera a precios altamente competitivos, que
distingue a Portugal del resto de Europa, así como la prohibición de
fumar en todo espacio público.
Las nuevas leyes de control de la
gastronomía y del tabaco, prevé que una persona que detecte una
infracción debe llamar a la policía para que actúe. Las multas en
general para clientes o comerciante van de los 50 euros (75 dólares) a
los 1.000 (1.500) y cuando se trata de alimentos puede llegar a la
clausura del establecimiento y en casos extremos a la prisión del
propietario.
En cuanto a la limitación de fumar, se
incluyen los espacios públicos cerrados y también abiertos, como los
estadios deportivos, mercados y hasta los centros de venta callejeros.
En tanto se fijaron controles para la
producción y expendio de alimentos, como la prohibición de usar en la
cocina utensilios de madera y cambiarlos por similares de plástico,
servir café en tazas desechables, no usar papel de periódico para
envolver las tradicionales castañas asadas en puestos de calles y
restringir la venta en restaurantes de croquetas, empanadas y bollos
caseros.
Portugal es el país de la Unión Europea
(UE) con mayor número de restaurantes por habitante, con un promedio de
uno para 131 personas, frente a uno para 374 en el resto de este bloque
de 27 países.
Las "tascas" (tabernas), un paraíso
gastronómico para el visitante extranjero, en especial para los jóvenes
mochileros por sus precios asequibles, ven así amenazadas sus
tradiciones centenarias y el cierre de muchas parece inevitable.
Difícilmente podrán sobrevivir con la restrictiva legislación.
"La mitad de los restaurantes y cafés de
Portugal están condenados al cierre", sentenció en una entrevista al
semanario Sol de Lisboa la semana pasada, Antonio Nunes, inspector
general de la Autoridad de Seguridad Alimentaria y Económica
(ASAE), una policía creada por el Primer Ministro José Sócrates.
Son los intelectuales, en especial
escritores y sociólogos, los que en estos días han asumido la voz
crítica más implacable contra las medidas impuestas por la mayoría
absoluta con que cuenta el Partido Socialista (PS), de Sócrates, en el
parlamento unicameral en São Bento.
El celo del gobierno es también fustigado
por dueños de tascas consultados por IPS. El común denominador de la
crítica reside en que el Poder Ejecutivo socialista debería tener mayor
respeto por las tradiciones culturales, entre las que se incluye la
gastronomía.
"Si yo tengo una clientela fija, es
porque aquí se cocina como en casa. Todo es modesto, pero eso no quiere
decir que sea sucio. Yo prefiero cerrar y dedicarme a otra actividad,
que empezar a cocinar con cucharas de plástico y no poder ofrecer el
vino de toneles de madera", dijo a IPS Domingos Germano, dueño de
una popular tasca lisboeta.
El ataque más implacable al gobierno fue
dirigido por el escritor, abogado y periodista Miguel Sousa Tavares,
autor de "Ecuador" y de "El Río de las flores", las dos novelas
más vendidas en el país en los últimos cinco años.
En su habitual columna semanal en la
revista Expresso de Lisboa, Sousa Tavares sostuvo que hasta
comienzos de este año, entre las naciones más prohibicionistas
"existía Arabia Saudita, Irán y Estados Unidos. Ahora hay un nuevo país
fundamentalista: Portugal".
"Bienvenido al año 2008 en un país donde
el terror pasó a ser ley y el Estado democrático y republicano fue
sustituido por un Estado policial donde la totalidad de los ciudadanos
asume la condición de vigilantes de la ley y de la virtud, con la
totalidad de las fuerzas policiales movilizadas para correr a todos
lados y reprimir al instante a los infractores de las buenas
costumbres", apunta el escritor.
Respecto de la ley contra los fumadores,
una de las más restrictivas del mundo, Sousa Tavares fustigó al
gobierno al decidir que "quien fuma, debe ser perseguido, denunciado y
multado en todas partes".
Para que la ley pueda ser cumplida, "ya
andan por ahí algunos celadores, descendientes mentales de los antiguos
delatores de la PIDE (Policía Internacional y de Defensa del
Estado, el brazo represivo de la dictadura que imperó en Portugal
entre 1926 y 1974), que se encargan de telefonear a la policía para
denunciar a los fumadores".
Al atender una denuncia, la ASAE "se
presenta en traje de camuflaje negro, al estilo de brigada
antiterrorista, para inspeccionar restaurantes y cafés del país,
movilizada para combatir este nuevo crimen".
El escritor ironizó comparando al
fundador de la Santa Inquisición española, Tomás de Torquemada
(1420-1498), con el Director de la ASAE, "un hombre que promete
acabar con los bollos de crema en las playas, las croquetas de
bacalao en las tascas y los dulces caseros en los cafés, que jura guerra
a las
cucharas de palo en las cocinas y que promueve un mundo totalmente
plastificado".
En efecto, la ley llega al extremo de
prohibir cocinar con cucharones de madera, un utensilio
tradicional en la cocina mediterránea desde la Grecia antigua, así como
usar las manos para la confección de algunos platos y quesos. Todo debe
ser reemplazado por metales y plásticos.
Sousa Tavares concluyó fustigando a la
ASAE dirigida por Nunes, que "con su ejército de 'ayatolás' de camisas
negras", es ayudado por "los eternos soplones, disponibles para
denunciar incluso al anciano que hace años se sienta en la
misma mesa de la tasca del barrio para jugar dominó con los
amigos y encender un cigarro para quemar el frío y la tristeza".
El poeta Vasco de Graça Moura, crítico de
arte y traductor de los clásicos griegos, sostuvo por su parte en un
artículo publicado el miércoles en Diario de Noticias, de Lisboa,
que las nuevas leyes sobre como cocinar, deben ser "aliñadas con
sentido común y por normas, nacionales e internacionales, que imponen un
mayor respeto por las tradiciones culturales".
Entre éstas, "se incluye la gastronomía,
con la inmensa variedad de sus propuestas y la necesaria artesanía para
su confección, requisito esencial para que sea genuina, típica y de
calidad".
"Una cosa es el control de las reglas
básicas de higiene y seguridad alimentaria y otra la
tendencia inquisitorial sin criterio o distinción, en nombre de lo
políticamente correcto, de rastreo al Estado de la cuchara de
palo".
Graça Muora recuerda que ciertos platos
tradicionales y algunos vinos y quesos podrían simplemente
desparecer en caso de que la ley no sea revisada o si se aplica a
ciegas, un "fundamentalismo de corte totalitario, que tiene tanto
de delirante como de misión imposible".
"La carne se deja ocho días en una pasta
de ajo, según una receta de (la ciudad septentrional de) Lamego,
la perdiz hay que comerla con la mano cerca de la nariz, la carne de
caza no sale de los mataderos, la temperatura de las manos que amasan
ciertos quesos artesanales es determinante para su calidad, hay
vinos que envejecen en barriles de madera desde hace mucho
impregnada".
Las nuevas disposiciones eliminan la
culinaria casera, que existe como actividad de subsistencia de muchas
familias que la venden a restaurantes vecinos, tradición que según Graça
Muora, en caso "de ser prohibida, plastificada, liofilizada,
higienizada hasta el ridículo, no aumentará la seguridad alimentaria,
sino que se registrará una destrucción obstinada y sistemática del
patrimonio cultural y del tejido económico".
El columnista Daniel Oliveira, uno de los
periodistas más premiados de Portugal, afirmó en la edición del sábado
pasado del semanario Expresso que, al entrar a tomar un simple café en
un establecimiento, "se encuentran varios avisos sobre diversas
prohibiciones, a propósito de croquetas, dulces y bebidas, siempre con
la respectiva referencia al decreto-ley".
Estas normas son producidas "por el mismo
Estado que cierra las urgencias en los hospitales, el mismo Estado
que no nos protege de los despidos arbitrarios, pero que sí nos protege
contra los peligros del bollo de crema", porque cuando "los políticos y
burócratas nada tienen para ofrecer a la ciudadanía, les resta dar el
ejemplo: distribuir virtudes y cobrar multas".
En la misma edición del citado semanario,
el analista João Pereira Coutinho sostuvo que el fanatismo higiénico
siempre comienza en farsa y termina en tragedia.
La autoridad, con "fulgor
higiénico-patriótico", aparece en "un restaurante, hotel, cantina,
feria, mercado o donde quiera que sea, confisca, clausura, cuestiona,
apertrechado de uniforme, con máscaras en la cara, como se fuesen a
arrestar
terroristas", precisó el analista.
En efecto, desde su creación el 30 de
julio hasta el 20 de diciembre pasado, la ASAE recibió en promedio 50
denuncias diarias. Durante cinco meses, 11.059 personas presentaron
quejas de irregularidades a través de carta o fax, mientras otros 6.891
reclamaciones fueron enviadas por correo electrónico.
Entre agosto y noviembre fueron detenidas
50 personas, 1.200 establecimientos fueron clausurados, se incautaron
productos por un valor de 70,5 millones de dólares y se cobraron multas
por un total de 2,25 millones de dólares, indica un
balance divulgado este mes por el semanario Sol.
A ese respecto, el escritor Miguel
Carvalho, autor de "Un mordisco en la oreja del perro", en el último
número del semanario Visão, recuerda que Antonio de Oliveira Salazar,
dictador de Portugal entre 1932 y 1969, "dividía a los buenos
portugueses entre los agentes de la PIDE y los informadores de
ésta, sobrando los malos: perseguidos, presos y a veces muertos".
El Estado pide ahora "una actitud
empeñada, algo parecida con el voluntariado de aquellos tiempos, contra
el fumador que se siente vigilado y acorralado" y no tardará mucho para
que "las próximas víctimas sean los gordos", a quienes se
recomendará comer en restaurantes macrobióticos y vegetarianos,
concluyó con ironía el escritor. (FIN/2008) |