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(Fotos
©
Dr. Lars Ivar Owesen-Lein Borge / Enkidu Magazine)
De hueso y esencia
Exposición de Juan Soriano en la
Celda Contemporánea
Carmen B. López-Portillo Romano
A Marek Keller
Buenas noches. Bienvenidos a todos. Pocas cosas podemos hacer sin la
ayuda del otro. Nuestros logros se deben, la mayoría de las veces a la
generosidad y el apoyo de otros. Se deben a que tuvimos la suerte de que
en nuestra vida se nos entreverara su voluntad, su ánimo, su ejemplo,
sus consejos, su solidaridad.
La muestra que hoy inauguramos no es la excepción. Es por ello que
quiero empezar estas palabras agradeciendo a las personas e
instituciones sin cuyo apoyo esta exposición no hubiera sido posible. En
primer lugar quiero agradecer profundamente al Señor Marek Keller y a la
Fundación Juan Soriano y Marek Keller de que generosamente prestara los
retratos de su colección. Marek, muchísimas gracias.
Quiero agradecer de manera muy especial al Maestro Alfonso Miranda, de
que aceptara hacer la curaduría y la museografía de la exposición. Quedó
maravillosa. Muchísimas gracias.
Al Museo Soumaya al apoyo brindado especialmente a Mónica Ruiz, Araceli
Villarreal, Héctor Palhares y Daniela Chavez. Muchísimas gracias a
todos.
A
la Directora de Difusión Cultural [de la Universidad del Claustro de Sor
Juana, N/E], Maestra Soledad Galdames y a todo su equipo, quiero
agradecer el profesionalismo, seriedad y cuidado en todo el proceso de
restauración y adaptación del nuevo espacio de la Celda Contemporánea,
así como en la organización de la exposición, traslado y montaje de la
misma.
Quiero también agradecer a Rafael Tovar, Lourdes Barrera y Lorena
Hernández por la difusión del evento.
Mi agradecimiento al Licenciado Roberto Domínguez por hacerse cargo del
catálogo de la exposición y de manera heroica poder contar con el
catálogo el día de hoy. Muchísimas gracias Roberto.
Al Capitán Rafael Velásquez y a todo su equipo por el apoyo en el
mantenimiento, limpieza y seguridad del espacio.
Nuestro agradecimiento al Instituto Nacional de Bellas Artes y
especialmente a la Licenciada María Teresa Franco y agradezco, en este
momento, el que haya mandado en su representación a Santiago Espinosa de
los Monteros. Muchísimas gracias por su presencia hoy.
Y
a la Licenciada Lucía García Noriega por su apoyo.
Al Instituto Nacional de Antropología e Historia por la supervisión de
los trabajos de restauración de este espacio que a partir de ahora
estará dedicado a albergar expresiones de artistas de la talla de Juan
Soriano.
A
todos Ustedes, muchas gracias por apoyarnos en este día tan
significativo.

Este texto se lo quiero dedicar, se lo dedico a Marek Keller,
amigo entrañable y empiezo citando unas palabras de María Zambrano,
amiga de Juan Soriano:
Tú, Juan, eres auroral
María Zambrano
¿Cómo hablar del color de la perpetua rebeldía de Juan Soriano? Esa
rebeldía que lo define y que lo cumple; esa rebeldía que lo hizo buscar
la luz, como le dijera María Zambrano. ¿Cómo hablar de los rostros en
los que se vislumbra y se confiesa? ¿Cómo de sus manos y el contorno de
su risa o del brillo juguetón de su mirada? ¿Cómo, entre ecos y
reverberaciones, luces, sombras y espejos multiplicados, descifrar la
metáfora que dibuja la representación de su vida, el enigma de su
creación?
La obra de Juan me hace evocar la palabra de Sor Juana que nos invita a
oír con los ojos, con la piel, con la imaginación y la memoria; a oír
simplemente por amor a la palabra o al silencio, por amor a la línea o
al color, por amor al otro.
Recordemos que el verbo griego oida significa simultáneamente ver
y saber, tal vez por eso el ser humano sea también, como lo sugiere
Nicol, el ser de la mirada; él puede ver, como los otros seres vivos,
pero su visión es especial, porque al mirar comprende, se descubre a sí
mismo, advierte ese vínculo estrecho y misterioso que se da entre las
cosas y su mirada, y se da cuenta que su mirada está llena de logos.
No queda del todo claro si nuestra comprensión se da porque podemos
hablar de lo que vemos o lo vemos porque podemos hablar de aquello que
tenemos ante nuestra mirada. Mirar las cosas y hablar de ellas son dos
prerrogativas humanas que dan cuenta de la experiencia de eso que
llamamos saber.
"Una obra de arte -afirma Valery- debería siempre enseñarnos que no
habíamos visto lo que vemos."
Y
todo esto viene a cuento porque estoy cierta que Juan Soriano fue un
hombre que supo cumplir a plenitud ambos privilegios, y lo hizo siendo
fiel a su vocación, generosamente nos enseñó a mirar la realidad
abordándola desde otros ángulos, articulando nuevas ideas y
aproximaciones, obligándonos a pensar, a dudar, a interrogarnos, a
rebelarnos. Supo mostrarnos uno de los caminos para vislumbrar las
flexiones de la imaginación y, acaso, a oír las voces del silencio, la
presencia insólita y ambigua de una ausencia.
En esa dimensión podría apropiarme quizá de las palabras de Sor Juana
para hablar de la obra de Juan Soriano:
Pues más que a ciencia el arte has
reducido,
Haciendo suspensión de toda un alma
El que sólo era objeto de un sentido.
La obra de Juan Soriano nos permite dar cuenta de la lucidez de su
mirada, de la ferocidad de su inteligencia y de su capacidad
interrogadora que no cedía hasta que encontraba la justa tonalidad de
una idea, de un sentimiento; el volumen preciso de una conmoción o de un
encuentro. Cada uno de sus trazos inventaba el mundo, cada uno de sus
dibujos era un "destello de la divinidad". Quienes lo conocimos podemos,
además, agradecer su generosidad, sus consejos y la ironía con la que
nos enseñó a reírnos de nosotros mismos. Juan supo ser fiel a sus sueños
y a sus retos.
El arte de Juan promueve la necesaria participación de quien lo mira,
alimentando la riqueza de las interpretaciones, la pluralidad de las
voces y los significados, la polivalencia de las miradas, y no el
enmudecimiento homogeneizante ante la realidad en donde todo es lo
mismo, en donde todo da lo mismo. Por eso creo que Juan, además de ser
un provocador, además de ser un rebelde, era un creador de metáforas que
expresaba en unos cuantos trazos la esencia de una idea. Cada uno de sus
cuadros y esculturas es una invitación a la reflexión y al diálogo, a
veces también un homenaje.
¿Cómo desentrañar las razones que llevaron a Juan Soriano a cumplir su
vida conmoviendo a aquellos que estamos del otro lado de la aurora? o
¿Cómo preguntarle por qué creía que valía la pena contagiarnos de
asombro y rebeldía?
Esta exposición es, quizá y sobre todo, un autorretrato de Juan Soriano,
conformado por los rostros otros. Al mirarlos lo miramos, lo intuimos,
lo vislumbramos.
Esta exposición es, también, una autobiografía afectiva que da cuenta de
las marcas, de la presencia, de las huellas de los otros en su vida, de
esos otros constitutivos de su ser, testigos de su tiempo y sus amores.
Esta exposición es una de las formas de buscar con él la luz.
En esta tarde templada de marzo que escribo este texto con la mente y el
corazón plenos de imágenes, de ideas, sentimiento y recuerdos que rompen
su reposo, el presente se confunde con la certeza de su amistad y la de
Marek, esa amistad solidaria que me sostuvo tantas veces con palabras,
con gestos y con guiños, esa amistad que supo festejar también la
plenitud de mi vida: consejos, vivencias, correspondencias,
interrogaciones, abrazos y simpatías se me entreveran en la constante de
su incondicionalidad. Por eso tal vez lo más importante que aquí pueda
decir es que estas palabras son más que otra cosa un testimonio de
coincidencia, de cariño entrañable, de admiración y de agradecimiento.
Hay seres que acompañan nuestra vida y le dan sentido. Juan Soriano, sin
duda, para mí, es uno de ellos.
En San Jerónimo a 6 de marzo de 2008
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