|
Los Planes de Construcción de Chinatown Provocan Furia en la Alemania
Rural
ORANIENBURG, Spiegel, Markus Feldenkirchen, 14/03/2008 (Traducción al
castellano AVS/Enkidu Magazine): Un hombre de negocios chino que planea
construir el primer Chinatown de Alemania en el estado oriental de
Brandenburgo está aprendiendo sobre la burocracia alemana en el modo
difícil. Acostumbrado a la aprobación instantánea en China, su proyecto
ha quedado atascado en la planeación a lo largo de tres años.
Un hombre alemán y una pareja de chinos están caminando por un
aeropuerto viejo en Brandenburgo, discutiendo si las pagodas que ellos
esperan construir aquí deberían ser de siete o de 13 pisos de alto.
El hombre chino prefiere 13. Mientras más altas mejor, dice.
Pero siete es lo máximo, asegura el alemán, agregando que las
restricciones en regulación necesitan ser consideradas. "No obtendríamos
los permisos de construcción," dice.
"En China, de donde nosotros venimos, puedes construir tan alto como
quieras," afirma el hombre chino. Su esposa asiente con la cabeza.
El grupo, eventualmente, acuerda posponer el asunto de las pagodas para
el día siguiente. Es un día bonito y ellos no quieren destruir la
euforia de los eventos del día. El consejo de la ciudad en el pueblo de
Oranienburg justo ha aprobado un plan para la construcción del primer
Chinatown de Alemania en el aeropuerto desmantelado, un sitio de casi 80
hectáreas (198 acres).
Ren, el inversionista chino y Kunigam, el ingeniero alemán, esperan
transformar el aeropuerto viejo, cerca de una autopista en una Pequeña
China. De acuerdo con sus planes, dentro de unos pocos años, 2,000
chinos vivirán y trabajarán aquí, en pagodas de 7 o 13 pisos de alto.
Kunigam se detiene frente a alguna maleza y una botella vacía de
schnapps que está tirada ahí. Aquí, asegura, es precisamente donde
estará la puerta de entrada. El visualiza un diseño audaz, como ese de
la puerta al Jardín Yuyuan en Shanghai, donde una vez él se enamoró
durante un viaje. El dibuja una X en la gravilla con su zapato. "Aquí es
donde China inicia", afirma. Luego tira de un anteproyecto que tiene en
el bolsillo y lo desdobla mientras se agita ante el viento. El título en
el anteproyecto dice "Area China Oranienburg - Plan Maestro". Los
jardines están dibujados en verde, las plazas en amarillo y las pagodas
en rojo.
"La Ciudad Prohibida, nuestro centro cultural, estará aquí en el
frente," dice el ingeniero, apuntando en la dirección del bosque
cercano. "Y habrá una ópera de Pekín," dice Ren.
El señala la autopista --donde dos camionetas se encuentran
maniobrando-- que será escondida por una réplica de la Gran Muralla de
China, de cinco metros de alto (16 pies) para proteger la ciudad al
oeste, norte y sur. La Murralla será lo suficientemente ancha para que
la gente pueda caminar sobre ella, justo como hacen en China.
Ellos volvieron a doblar el anteproyecto. Tomó casi tres años, pero
ahora los funcionarios de la ciudad finalmente aprobaron el plan, se
volvió una realidad. Ellos han recibido la aprobación para comprar la
propiedad. El paso siguiente es reunir un "plan de desarrollo de
proyecto específico" ["project-specific development plan"].
Para lograr esto, Hongbin Ren y su Zhaohui han unido fuerzas con Stefan
Kunigam y su socio de negocios para formar una compañía llamada
Brandenburg-China-Projekt Management GmbH. Kunigam dirige una firma de
ingeniería al este de Frankfurt an der Oder. Se dice que Rein tiene
buenas conexiones con el gobierno chino.
Este día de verano, Ren viste una camisa de lino blanca con caracteres
chinos bordados. El dice que el sitio es ideal, "incluso desde la
perspectiva del feng shui". Luego él mete una hoja de pasto en su oído.
Ellos se detienen frente a una señal desgastada que se encuentra en el
piso con caracteres cirílicos en ella -- una reliquia de los días cuando
esta aún era la Alemania Oriental, cuando los soviéticos operaban un
aeropuerto militar aquí. Los rusos, afirma Ren, fueron responsables de
un capítulo obscuro en la historia de Alemania, pero pronto el capítulo
Chino iniciará y promete ser uno brillante.
Cortejando 500 mil millones de Euros de inversión
A
Ren no le gusta hablar de negocios, pero Hans-Joachim Laesicke está
convencido de que él no tiene nada que ocultar. Laesicke, el alcalde de
la ciudad, se está sentado tras su escritorio de roble. El dice que está
abierto a China, muy abierto, de hecho. "Como la ciudad de Oranienburg,
debemos tomar una aproximación muy proactiva aquí," afirma. El solicitó
al Director de su oficina de planeación que estudie los antecedentes del
empresario chino. El director de planeación preguntó en los círculos de
negocios alemano-chinos y lo que descubrió lo sorprendió. Ren, dijeron
las fuentes, es conocido dentro de estos círculos, conoce a muchos
inversionistas de China y cuenta con 500 mil millones de dólares en
capital de inversión en espera.
La Embajada china también apoya el proyecto. De hecho, no existe razón
para dudar de la seriedad del proyecto. El problema es de naturaleza
distinta.
La oficina de Laesicke está en el tercer piso del Palacio Oranienburg,
una estructura magnífica que el novelista y poeta alemán del siglo XIX,
Theodor Fontane describió con gran entusiasmo en su diario de viaje:
"Caminata en la Marcha de Brandenburgo" ("Wanderungen durch die Mark
Brandenburg").
Laesicke es un gran seguidor de Fontane y él es justo tan apasionado
sobre el hecho de ser alcalde de Oranienburg. El ha pasado los últimos
14 años luchando por esta ciudad de 41,000 personas, pero a pesar de sus
esfuerzos, fue incapaz de prevenir que Oranienburg, a 35 kilómetos (22
millas) al norte de Berlín, fuese omitida de la recuperación económica
del país.
El es un hombre jovial, con barba y corpulento. Colgando del muro se
encuentra una imagen notable de Willy Brandt, ex canciller y líder del
Partido Social Demócrata (SPD) durante más de dos décadas, con una
mandolina en su brazo y un cigarro pendiendo de la comisura de su boca.
Laesicke, quien rechazó convertirse en un miembro del partido durante la
era de Alemania Oriental, se unió al SPD por Brandt y, como él dice,
porque él quería hacer una diferencia.
Laesicke ha escuchado mucho sobre globalización pero sólo sobre cosas
que estaban ocurriendo en otros lugares, lugares alejados. La
globalización no tenía nada que ver con Oranienburg. De hecho, Laesicke
se sintió afortunado por que su ciudad había logrado retener algunos de
sus negocios locales, incluyendo la compañía de excavación y una
manufacturera de tubos de cartón.
Pero ahora, Laesicke desea reclamar su propio pedazo del pastel de la
globalización. El no quiere quejarse sobre un mundo que se está
volviendo más rápido y más complejo. Ya hay suficientes quejas en
Alemania, dice, en especial en oriente. En lugar de quejarse, el desea
que su ciudad sea una ganadora en el juego de la globalización.
Kunigam, el ingeniero, y el Sr. y la Sra. Ren, se reunieron primero con
Laesicke el 15 de diciembre de 2005 a las 11:00 Hrs. Al alcalde le gustó
la idea de Chinatown, pero él tenía una cita a las 13:15 Hrs. para un
servicio de conmemoración para un miembro del grupo Roma, asesinado, en
presencia del gobernador del estado, Matthias Platzeck. Cuando él vio a
la pareja de chinos sentados en su mesa, mostrándose afables, Laesicke
pensó para sí mismo: "Si me voy ahora, no voy a verlos jamás." El se
quedó.
Laesicke nunca ha estado en China pero ha cumplido con su tarea. El toma
un libro titulado: "El Código China. Cómo el Próspero Reino Medio está
cambiando Alemania" ["The China Code. How the Booming Middle Kingdom is
Changing Germany"]. La imagen de un dragón, moviendo su lengua con
avidez, en la portada. El mensaje del libro es que los alemanes deberían
tener relaciones con China lo antes posible, "de otra manera, nuestros
nietos nos preguntarán un día: ¿Por qué te perdiste el surgimiento de
China?" Laesicke no quiere perderse de nada.
La Chinatown de Oranienburg podría llegar a ser una combinación de un
parque de diversiones con un museo de historia natural. Sería algo
positivo en un mundo donde las personas están, cada vez más, copiándose
entre ellas mismas. Los arquitectos por todo China actualmente
construyen réplicas de los pueblos viejos de Europa. Chinatown
Oranienburg, parece, sería la respuesta alemana apropiada.
Si los chinos no vienen, sólo reubícalos
La oficina de Hongbin Ren se encuentra en el tercer piso de un edificio
anodino de concreto en el parque industrial del Distrito Malzahn de
Berlín. El se encuentra de pie frente a un mapa, dando golpecitos con su
dedo en la locación de la ciudad de Harbin en el noreste de China, cerca
de Rusia. Es el lugar de donde proviene Ren.
El dice que llegó primero a Alemania en un viaje de negocios, hace tres
años, cuando conoció a Zhaohui, quien era estudiante en Stuttgart y
habla alemán. Ella es ahora su esposa e intérprete.
Ren se aparta del mapa de China, camina al otro lado del piso de vinilo
y se para ante el mapa de Europa, parece evaluarlo como un general.
"Pasamos mucho tiempo buscando la locación adecuada para Chinatown,
hasta que escogimos Oranienburg." El señala al puerto norteño de Lübeck.
Es hora de la comida y Ren y su esposa manejan a un restaurante chino
llamado "Centro de la Tierra" ["Center of the Earth"]. Linternas
anaranjadas cuelgan en la ventana. Una pareja de jubilados se sienta en
la esquina, comiendo pato agridulce.
"Nadie come agridulce en China," dice Ren, "al menos no en la forma en
que hacen los alemanes." El dice que espera con ansia ayudar a los
alemanes a formar una imagen más realista de China.
Ren dice que él ha viajado mucho por Europa. No se puede esperar mucho
de los ingleses, afirma; ellos están destinados al fracaso. Los
franceses carecen de disciplina, agrega, ¿y los italianos? Ni siquiera
vale discutirlo. Pero los alemanes, concluye, son industriosos, lo que
constituye el porqué Alemania es el lugar correcto para su proyecto.
Mientras explica sus planes, Ren intenta atrapar moscas con su mano. El
se muestra visiblemente complacido al atrapar una.
Algunas preguntas todavía no han sido respondidas. Por ejemplo, ¿quiénes
son los inversionistas que, a final de cuentas, gastarán €500 millones
($750 millones) en el proyecto? Ren afirma que esta es una cuestión de
discreción. Ningún inversionista chino se presentará antes de que los
dirigentes [establishment] garanticen que apoyarán el plan.
¿Pero de dónde vendrán tantos chinos? El plan llama por restaurantes,
negocios y cultura china, pero todo eso puesto junto aún no hace a
Chinatown si no hay chinos.
Ren declara que no hay necesidad de preocuparse. De ser necesario, el
alcalde o la Canciller Angela Merkel debérán reunirse con sus
contrapartes chinos y discutir el repoblamiento de las personas. Ren,
quien sólo sabe cómo funcionan las coasa en China, cree que las cosas
peuden ser hechas del mismo modo en Alemania. En China, el gobierno
puede disponer casi todo por decreto.
Ren ahora parece fastidiado. A él no le gustan todas estas preguntas. El
dice que uno debería realizar menos preguntas y simplemente comenzar a
avanzar el proyecto. El atrapa otra mosca.
Las palabras de Ren reflejan la creencia de que todo es posible, así
como la auto-confianza de un país que cuenta con que el mundo le observa
con intensidad, en una mezcal de temor y esperanza, un país con 1.3 mil
millones de personas y un país que implora por prosperidad.
La mesera trae un plato pequeño con la cuenta y las galletas de la
suerte. Ren abre la suya y saca un papel del que lee: "Iniciar es el
secreto para avanzar" ["Getting started is the secret of moving forward"].
Su esposa traduce el dicho y él muestra estar de acuerdo moviendo la
cabeza.
'Un Riesgo Incalculable'
El 21 de mayo de 2007, el Sr. y la Sra Ren se encontraban sentados en la
sección visitantes del Consejo de la Ciudad de Oranienburg, observando
discutir al consejo sobre su proyecto. Al final, hubieron 20 votos a
favor de Chinatown y 8 en contra. Ren de alguna manera estaba
desilusionado con los votos negativos. En casa, en China, las decisiones
políticas son generalmente unánimes. Pero entonces se le explicó que 20
a 8 es un resultado excelente en un sistema democrático. También se le
dijo que incluso aunque los opositores perdieron la votación, sus
razonamientos deben ser tomados con seriedad.
Friedrich Seifert, miembros del conservador Unión Democrática Cristiana
(CDU), dijo que le preocupaba el desarrollo de un ghetto en las afueras
de Oranienburg, una ciudad china existiendo junto a la ciudad alemana.
Chinatown, añadió, es "un riesgo incalculable". Seifert fue uno de los
ocho votos contra el proyecto.
Seifert está sentado en su jardín bajo un árbol, mientras las aves en
las ramas dan uno de sus últimos conciertos del año. El viste lentes
redondos, se ve cordial y habla suavemente.
Su vida ha sido relativamente simple hasta ahora. El edificio en donde
él vive y trabaja ahora como arquitecto fue una vez su escuela. Su
escritorio ahora se encuentra donde solía sentarse en la clase de primer
grado. El es miembro de una comunidad de vegetarianos que se llama a sí
misma: "Eden", un grupo viejo que una vez esperó ser capaz de conseguir
sus requerimientos alimenticios por medio del cultivo de su fruta y sus
verduras. Fue un intento por alistar la ayuda de la naturaleza para
volverse autosuficientes e independientes del mundo exterior. Y era lo
opuesto de la globalización.
Eden existe todavía en nuestros días, incluso aunque la mayoría de los
miembros de la colonia sólo cultivan sus parcelas en su tiempo libre.
Pero ha seguido siendo un hogar y un refugio para Seifert. ¿Y ahora los
chinos serán sus vecinos nuevos? "Esta Chinatown estaría a menos de un
kilómetro de distancia", dice él, apuntando la cerca.
El se levanta y camina por el jardín, por delante de lechos de hierbas,
fresas, apio y rábanos en el verano.
"No tenemos idea del tipo de personas con las que estaremos tratando,"
afirma. Seifert dice que no es xenófobo. Pero él tiene una conexión
profunda con su hogar y su comunidad y él se ha vuelto un poco aprensivo
desde que los chinos comenzaron a aparecer en los periódicos con más
frecuencia. El teme que pronto será incapaz de reconocer su propio
hogar.
El Partido Nacional Democrático (NPD) de extrema derecha ha sido rápido
en tomar ventaja de los temores de la gente como Seifert. Un día cada
buzón en Oranienburg contenía un folleto del NPD que decía: "Hoy eres
tolerante, ¡pero mañana serás un extranjero en tu propio país!" Junto al
texto estaba un dibujo inquietante, casi fantasmal, de un hombre chino
mirando en la esquina, con ojos sesgados, dientes salientes y un
sombrero de granjero de arroz.
Incluso el escritor Theodor Fontane sabía el tipo de emociones que "el
hombre chino" ["the Chinaman"] podría despertar entre otros alemanes.
Fontane hizo de un hombre chino el personaje central de su novela "Effi
Briest", aunque el personaje, de hecho, nunca aparece en la historia. Es
sólo un espíritu, un símbolo de todo lo que es extranjero y extraño.
Mientras se extiende opr la novela, el espíritu chino representa tanto
los temores como la nostalgia del título del personaje, Effi.
Incluso en los días de Fontane, fines del siglo XIX, China era un país
que provocaba un anhelo de aventura y experiencias exóticas entre los
alemanes. Y con todo, también suscitaba temores ante lo desconocido.
Para mucha gente el día de hoy, hay pocas cosas más perturbadoras que el
despertar fuerte de China. Pocos saben cómo reaccionar: aislándose a sí
mismos, como Friedrich Seifert, o, como el Alcalde Laesicke, adoptar
todo lo asociado con China como una oportunidad tremenda.
Una Educación sobre la Burocracia Alemana
Cuando el consejo de la ciudad aprobó el concepto de Chinatown, Ren
pensó que esto significaba que él había obtenido la autorización final.
El estaba listo para ordenar los bulldozers. Pero el resultado fue que
el consejo apenas había preparado el camino para que la fase de
planeación continuara. Sólo era un primer paso. Dos semanas después de
la votación, Ren recibió una carta de tres páginas de la oficina de
planeación de la ciudad explicando lo que él tenía que hacer después
--su tarea, por así decirlo.
Ahora, él leyó, las condiciones estaban en su lugar, "para empezar a
planear el proceso de planeación con base en las previsiones del Código
Federal de Construcción." El nunca había escuchado algunas de las
expresiones que estaba leyendo, frases como "procedimiento de planeación
del espacio" ["spatial
planning procedure"], "desarrollo del sistema de transporte público
local" ["development of the local public transport system"] y "borrador
del plan de desarrollo sustanciado preliminar" ["substantiated
preliminary draft development plan"]. Era el momento en que Ren debía
conocer la verdadera Alemania. Hasta entonces, él había visto el país
como un lugar con aire bueno, espacios abiertos y gente trabajadora. El
estaba a punto de encontrar la Alemania invisible, la tierra de los
reglamentos y las regulaciones.
El descubrió que él habría de tomar en cuenta "informes de impacto
ambiental", que los "reportes de centros de tolerancia tolerancia" ["center
tolerability reports"] serían necesarios y que la ciudad
--naturalmente--, requeriría una "valoración de tolerancia de ruido". El
también fue instruido para especificar "las compañías de planeación para
el desarrollo del plan urbano de uso de suelo".
Ren decidió no ordenar sus bulldozers aún.
Pero él también ignoró la carta, en lugar de eso, invitó al alcalde a
cenar a un restaurante, un "restaurante Chino real, donde el pato aún se
encuentra en el hueso," como dijo posteriormente Laesicke. Tal vez Ren
esperaba que un buen pato le ayudaría a evitar el Codigo Federal de
Construcción.
El día siguiente escribió un correo electrónico al alcalde,
agradeciéndole por la "maravillosa tarde" y por su "apoyo cordial y
vigoroso". El agregó que ahora buscaría "una ciudad hermana en China".
Ren también tenía otra petición: "Apreciaríamos grandemente si su esposa
le acompañase a nuestro siguiente encuentro. Esto posiblemente nos
ayudará a lograr un entendimiento más profundo."
'Cuando Alguien Ha Sido Mordido por una Serpiente, El Tiene miedo de
ella'
Oficiales de la ciudad, gradualmente se molestaron con la camaradería
informal del empresario chino. Ellos también se sorprendieron de que Ren
nunca respondiera a la carta de tres páginas.
Entonces hubo otra reunión en el Palacio Oranienburg. Laesicke había
invitado a los señores Ren a su oficina. El proyectó se encontraba en un
callejón sin salida, y ambos lados estaban ahora desilusionados uno del
otro.
Ren estaba decepcionado porque creía que el precio de la propiedad era
muy alto y porque la construcción era demasiado complicada en Alemania.
La ciudad estaba desencantada porque Ren no había hecho su tarea. El ni
siquiera había especificado una compañía de planeación. Debido a estos
desacuerdos, el alcalde pidió a Paul Lösse de p4, una empresa de
planeación, que participara en la reunión. El también investigó técnicas
para negociar con los chinos. Es importante usar metáforas, dice el día
de hoy.
El propósito de la reunión fue aclarar asuntos controvertidos.
Lösse había traído un proyector para mostrar su presentación en la
pared. Las palabras "Proyecto Chinatown" y un carácter chino estaba en
lo alto de cada página. Después de un rato, Ren dijo "perdón" e
interrumpió la presentación. El parecía irritado. El dijo que él no
entendía lo que Lösse estaba haciendo ni el porqué una compañía de
planeación y porqué esta presentación eran necesarias en primer lugar.
"El carácter ahí arriba, ¿qué se supone que significa?" preguntó Ren.
"Umm,"
tartamudeó Lösse, "Yo pedí de manera específica a mi equipo que buscara
un carácter Chino adecuado. Umm, pensé que significaba 'éxito'."
"Esas son tonterías," dijo Ren. "Ni siquiera tenemos ese carácter."
Entonces terminó la presentación y dijo que tal vez estaría en contacto
y que ahora quería hablar en privado con el alcalde y el director de la
oficina de planeación de la ciudad. Lösse empacó su proyector y se fue.
La Diferencia de Hacer Negocios en una Democrácia
Ren les dijo que necesitaba claridad para sus inversionistas. El dijo
que cuando este tipo de proyectos se encuentran en la mesa de
negociaciones en China, el gobierno declara con claridad cómo planea
apoyar el proyecto y luego garantiza el éxito del proyecto. Ren dijo a
los funcionarios alemanes que necesitaba respuestas concretas de parte
del Estado de Brandenburgo y de la Ciudad de Oranienburg sobre si
aprobarían y promoverían el proyecto.
Pero las cosas se hacen un poco diferente en Alemania, respondió el
alcalde. Además, dijo él, el estado se ha vuelto más precavido después
de haber subsidiado muchos proyectos, después de la reunificación
alemana, que a final de cuentas fueron una chapuza. "En Alemania,
nosotros comparamos esta experiencia con los niños que se queman."
"Niños que se queman," masculló Ren. "En China tenemos un refrán: Cuando
alguien ha sido mordido por una serpiente, él le tiene miedo." Pero,
añadió, el hecho de que los alemanes hubiesen sido mordidos una vez no
debería impedirles seguir con el proyecto. El no paraba de moverse en su
silla. El ritmo de trabajo era demasiado lento, dijo él. Las cosas
tendrían que apresurarse.
"En China, un proyecto con valor de €1.7 mil millones fue aprobado
recientemente, en tan solo tres meses," dijo Ren. "Nuestro proyecto ya
ha tomado tres años."
Este es el núcleo del conflicto, esta diferencia entre una dictadura en
transición y una democracia. Los burócratas de China no solicitan cosas
como informes de tolerancia central [central tolerability reports]. Las
cosas pueden ser más incómodas en una democracia. Ellas toman más
tiempo, hay más personas que deben ser escuchadas y un rango amplio de
preocupaciones que deben tomarse en cuenta, incluyendo aquellas de los
residentes locales, los comerciantes al menudeo, los escépticos como
Seinfert. Algunas veces incluso el impacto potencial en las ranas puede
ser un factor.
La democracia requiere paciencia. Sus resultados son raramente
gigantescos, pero con frecuencia son sólidos. El hecho de que a muchos
se les permita expresar sus opiniones podría ser estresante, pero les
protege contra la conducta arbitraria de unas pocas personas.
En un momento, Ren pidió que uno de sus empleados preguntase en la
alcaldía si se le permitiría construir pagodas de 13 pisos de alto, o un
rascacielos real, tal vez incluso el edificio más alto de Europa. Los
oficiales de la ciudad lograron convencerlo de no seguir con su plan.
Laesicke parece estar perdiendo. El aún no ha logrado explicar Alemania
a su huésped. Nada funciona y así, él logra la metáfora.
"Imagina que nosotros dos estamos tocando en una orquesta. Digamos que
tú tocas la flauta y yo toco la tuba." Ren parecía intrigado. El imitó
tocar la flauta con sus dedos.
"Nosotros necesitamos un director de manera que podamos interpretar
música juntos," continúa Laesicke. "Y el director, en nuestro caso, es
un alemán. Debemos tocar bajo reglas y leyes alemanas. De otra manera no
habrá música."
Laesicke está complacido con su metáfora, pero se da cuenta que no ha
ayudado en mucho. Ren sonríe por cortesía y sigue repitiendo que China y
Alemania son socios excelentes y que el futuro será magnífico.
"Bueno, no parece que vayamos a llegar más lejos el día de hoy," dice
Laesicke. Su voz poderosa ahora parece consumida. Después de que la
pareja se ha ido, él y su director de zona [section head] se quedan para
discutir sobre la reunión.
"Ellos tienen una noción completamente equivocada sobre el poder de un
alcalde," dice Laesicke. "No soy una especie de oficial del Partido
Comunista Chino." "Por supuesto que no," dice su director de zona. "Lo
duro sobre los chinos es que no puedes decir lo que están pensando."
"En absoluto," dice Laesicke. "Ellos siempre parecen amistosos cuando
hablan y siempre es algo completamente satisfactorio. Pero entonces te
quedas después, como estamos ahora y te preguntas a ti mismo: ¿Qué es lo
que resolvimos exactamente?"
"Nada," dijo el director de zonal. Exactamente, afirma el alcalde,
"nada".
El invierno ha llegado a Oranienburg, la euforia del verano anterior ha
amainado y la ciudad aún espero el dinero y el plan de desarrollo.
No sucederá tan pronto como ambos lados habían esperado al inicio. Aún
desean que el proyecto sea exitoso. Pero se ha vuelto demasiado incómodo
y complicado de lo que ambos lados pudiesen haber imaginado.
Ren planea volar a China pronto, para hablar con los inversionistas. El
espera que todo esté resuelto para junio y que sus bulldozers puedan,
finalmente, aparecer.
El alcalde Laesicke desea creer que el proyecto ocurrirá y con todo,
creer no es tan fácil como alguna vez lo fue. Pero él ya no está
convencido de que Oranienberg se volverá un ganador en el juego de la
globalización. El está periódicamente superado por las dudas. Cuando eso
ocurre, dice el alcalde, tal vez los chinos son un poco diferentes,
después de todo.
Traducido del alemán por Christopher Sultan/del inglés por Agustin
Villalpando/ Enkidu Magazine.
|