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FOTO: Bryan Denton para The New York Times
El costo de muchos alimentos
básicos, como en este mercado en Amman, se ha duplicado. Algunos en la
clase media están inclinando hacia la pobreza.
La
inflación creciente genera inquietud en el Medio Oriente
AMMAN, Jordania, New York Times, Robert F. Worth, 25 de febrero
(Traducción al castellano AVS/Enkidu Magazine): Incluso mientras
enriquece a los gobernantes árabes, el reciente boom en el precio del
petróleo está ayudando a estimular un aumento extraordinario en el costo
de los alimentos y otros bienes básicos que está apretando a la clase
media de esta región y provoca huelgas, demostraciones y disturbios
ocasionales desde Marruecos hasta el Golfo Pérsico.
Muchos en Jordania sienten aprietos por los precios altos. En un mall en
Amman, los pasillos vacíos reflejan la incapacidad de las personas para
gastar.
Aquí en Jordania, el costo de mantener subsidios al combustible, entre
la oleada de precios forzó al gobierno a retirar casi todos los
subsidios este mes, aumentando el precio de algunos combustibles hasta
76 por ciento de la noche a la mañana. Como un efecto dominó devastador,
el precio de los bienes básicos como huevos, papas y pepinos se duplicó
o aumentó más que eso.
En Arabia Saudita, donde la inflación había sido virtualmente de cero
durante una década, ha alcanzado, recientemente, un nivel oficial de 6.5
por ciento, aunque las estimaciones no oficiales la ponen en un nivel
mucho mayor. Las protestas públicas y los boicots han seguido, y 19
clérigos prominentes publicaron una declaración inusual en la Internet
en diciembre, advirtiendo sobre una crisis que causaría "robo, estafa,
robo armado y resentimiento entre ricos y pobres."

FOTO: Bryan Denton para The New York Times
La inflación tiene muchas causas, desde la demanda global creciente de
materias primas a las restricciones monetarias de las monedas vinculadas
al debilitado dólar de Estados Unidos. Pero una causa es el precio del
petroleo mismo que se dispara, se ha cuadruplicado desde 2002. Esto está
ayudando a empejuar a muchas personas ordinarias hacia la pobreza
incluso mientras estimula una nueva ola de crecimiento económico en el
Golfo.
"Ahora debemos escoger: nosotros comemos o nos mantenemos abrigados [warm].
No podemos hacer ambos," dijo Abdul Rahman Abdul Raheem, quien trabaja
en una tienda de ropa en un mall en Amman y una vez soñó con enviar a
sus hijos a una escuela privada. "Ya no somos clase media; estamos en el
nivel de la pobreza."
Algunos gobiernos han intentado suavizar el impacto de los precios
elevados aumentando los salarios o los subsidios en alimentos. Jordania,
por ejemplo, ha elevado 50 dinares ($70 dólares de Estados Unidos) los
salarios de los empleados del sector público que ganan menos de 300
dinares ($423 dólares de Estados Unidos) al mes. Para aquellos que ganan
más de 300 dinares, el aumento fue de 45 dinares, o $64 dólares. Pero
eso compensa sólo por una fracción del aumento de precios y la mayoría
de la gente que trabaja en el sector privado no obtiene tal alivio.
El hecho de que la inflación coincida con la riqueza petrolera nueva ha
alimentado percepciones de corrupción e injusticia económica, afirman
algunos analistas.
“Alrededor de dos tercios de jordanos creen ahora que existe corrupción
generalizada,” añade Mohammed al-Masri, director de opinión pública en
el Centro de Estudios Estratégicos [Center for Strategic Studies] de la
Universidad de Jordania. “La clase media es menos y menos capaz de
permitirse lo que solían y es más y más suspicaz.”
En algunos lugares, los aumentos de precio han llevado a la violencia.
En Yemen, del precio del pan y otros alimentos casi se ha duplicado en
los últimos cuatro meses, provocando una serie de manifestaciones y
disturbios en donde al menos una docena de personas resultaron muertas.
En Marruecos, 34 personas fueron sentenciadas a prisión el miércoles por
participar en disturbios por los precios de los alimentos, informó el
servicio de noticias estatal de Marruecos. Incluso en la tan controlada
Jordania se han registrado manifestaciones no violentas y huelgas.
La inflación también fue un factor —con frecuencia pasado por alto— en
algunos choques recientes que fueron vistos como políticos o sectarios.
Una confrontación en Beirut entre los soldados del ejército libanés y un
grupo de manifestantes chiitas que dejó a siete personas muertes inició
con demostraciones sobre los cortes de energía eléctrica y los precios
del pan que aumentan.
En Bahrein y Emiratos Arabes Unidos, la inflación se registra en dobles
dígitos y los trabajadores extranjeros, quienes constituyen la amplia
mayoría de la fuerza laborar, se han ido a la huelga en los meses
recientes por la pérdida de poder de compra del dinero que envían a
casa. Los trabajadores son pagados en monedas que están vinculadas al
dólar y el valor de sus salarios —convertidos a rupias indias y otras
monedas— ha caído significativamente.
La gran dependencia del Medio Oriente en cuanto a la importación de
alimentos, le ha hecho especialmente vulnerable al aumento global en los
precios de materias primas durante el año pasado, asegura George T. Abed,
ex Gobernador de la Autoridad Monetaria Palestina y un Director en el
Instituto de Finanzas Internacionales [Institute of International
Finance], una organización con sede en Washington.
La corrupción, la ineficiencia y las economías monopólicas empeoran el
impacto, pues oficiales del gobierno o dueños de negocios inflan los
precios de manera artificial o toman una parte de tales aumentos.
“Para muchos productos básicos, no tenemos un libre mercado de precios,
tenemos precios de monopolio,” afirma Samer Tawil, ex Ministro de
Economía Nacional en Jordania. “Petróleo, cemento, arroz, carne, azúcar:
estos son importados casi exclusivamente por un importador, cada uno,
aquí. La corrupción es una cosa cuando se trata de construir un camino
pero cuando afecta mi comida, eso es diferente.”
En los países productores de petróleo del Golfo, los gobiernos que
cuentan con un influjo de dinero del petróleo pueden suavizar el golpe
al gastar mas. Emiratos Arabes Unidos aumentó los salarios de los
empleados del sector público en 70 por ciento este mes; Omán los elevó
en 43 por ciento; Arabia Saudita también elevó los salarios y aumentó
los subsidios de algunos alimentos. Bahrein estableció un fondo por $100
millones para ser distribuido este año a la gente más afectada por los
aumentos de precios. Pero todo este gasto del gobierno tiene el efecto
desafortunado de empeorar la inflación, dicen los economistas.
Los países con menos petróleo que vender no tienen las mismas opciones.
En Siria, donde la producción de petróleo está agotándose, los precios
también se han elevado fuertemente. Aunque ha iniciado a liberar su
rígida economía socialista, el gobierno ha, repetidamente, pospuesto
planes para eliminar los subsidios que mantienen, para sus ciudadanos,
los precios de manera artificial bajos, temiendo represalias domésticas.
Aun así, la inflación de los últimos meses ha tomado una cuota de todos
menos de los ricos.
Thou al-Fakar Hammad, empleado en la oficina de contratos de la compañía
estatal de petróleo de Siria, cuenta con un grado en derecho y gana
apenas menos de 15,000 libras sirias, o $293, al mes, dos veces el
promedio nacional. Su salario fue, una vez, más que adecuado y hasta
recientemente él enviaba la mitad a sus padres.
Sin embargo, la subida de precios ha cambiado todo eso, dijo él. Ahora
él ha tomado un segundo trabajo enseñando árabe los fines de semana para
ayudar a su esposa y a su hijo pequeño. Incapaz de comprarse un
automóvil, él toma los camiones públicos desde su departamento de dos
habitaciones justo en las afueras de Damasco, para ir a trabajar. El se
puede permitir los pañales de mejor calidad para su hijo en las noches y
recurre a los baratos durante el día. El no puede enviar nada a sus
padres.
“Tengo que vivir día con día,” dice él. “No puedo hacer un presupuesto
para todo porque, si mi hijo se enferma, gastaré mucho de lo que gano
para medicarlo.”
Al mismo tiempo, una clase nueva de empresarios, la mayoría de ellos con
vínculos al gobierno, ha construido mansiones llamativas y ha ayudado en
la transformación de Damasco, la capital de Siria, con restaurantes y
cafés nuevos y glamorosos. Eso ha ayudado a alimentar la percepción de
corrupción e injusticia, dicen los analistas. El miércoles, el diario
estatal Al Thawra publicó una encuesta donde se reveló que 450 de 452
sirios creen que sus instituciones estatales se encuentran plagadas de
corrupción.
“Mucha gente cree que la mayoría de las políticas económicas del
gobierno son adoptadas para ajustarse a los intereses de la nueva
aristocracia emergente de Siria, mientras que hace caso omiso de los
intereses de los pobres y de la clase media baja,” añade Marwan al-Kabalan,
profesor de ciencias políticas en la Universidad de Damasco.
Las mismas actitudes son visibles en Jordania. Incluso antes de que los
subsidios al combustible fueran retirados este mes, la inflación había
erosionado fuertemente el poder de compra de la familia promedio durante
los últimos cinco años, dijo Tawil, el ex Ministro de Economía. Aunque
la tasa oficial de inflación para 2007 fue de 5.4 por ciento, estudios
del gobierno han mostrado que las familias de ingreso medio están
gastando mucho más en comida y están consumiendo menos, agregó. El año
pasado, una encuesta de la Unidad de Inteligencia Económica [Economist
Intelligence Unit] encontró que Amman es la capital árabe más cara en
cuanto al costo de vida.
Abdul Raheem, el empleado en la tienda de ropa en Amman, dijo: “Nadie
puede estar en el gobierno y estar limpio.”
Entre tanto, su propia vida ha sido transformada, dijo Abdul Raheem. El
señaló una lista de precios: las papas han brincado a unos 76 centavos
por libra desde 32 centavos. Un cartón de 30 huevos se elevó a casi
$4.25, desde apenas $2; los pepinos se elevaron a 58 centavos por libra
a unos 22. Todo esto en cuestión de semanas.
“Estos siempre fueron los productos básicos,” dijo él. “Ahora son un
lujo.”
Con un salario equivalente a $423 y una renta de $176, pagar por los
alimentos y el combustible agota su ingreso, dijo. “Pero nosotros
estamos mucho mejor que otros,” añadió. “Nosotros somos el promedio.”
Nawara Mahfoud contribuyó desde Damasco, Siria. Traducción al castellano
AVS/Enkidu Magazine. |