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A 5
años de la ocupación de Irak
Por ©
Maximiliano Sbarbi Osuna/Enkidu Argentina
BUENOS AIRES, 18/03/2008 (Maximiliano Sbarbi Osuna/ Enkidu Magazine): El
quinto aniversario de la ocupación a Irak deja un balance de certezas e
incertidumbres. Entre las primeras se encuentra la consabida
inexistencia de las armas de destrucción masiva, las macabras cifras de
muertos - más de cien mil iraquíes y casi 4 mil estadounidenses - y las
evidencias de que la invasión ya había sido planeada mucho antes de los
ataques del 11 de Septiembre de 2001 a Nueva York y Washington.
La tergiversación de la realidad llegó a tal punto que el gobierno
británico de Tony Blair vinculó a Sadam Husein con Al Qaeda y alertó que
Irak podría lanzar un ataque con armas químicas sobre Londres en sólo 45
minutos. Las cifras de la guerra, que Washington había fijado en 50 mil
millones de dólares, ahora se calculan en 3 billones de dólares.
Las concesiones a las empresas privadas que iban a reconstruir el país
fueron otorgadas mucho antes de la guerra y los nexos de aquéllas con
altas cúpulas del gobierno norteamericano fueron un escándalo, como
también lo fueron las sistemáticas torturas aplicadas contra los
prisioneros iraquíes, cuyo máximo símbolo fue la cárcel de Abu Ghraib.
Dentro de las incertidumbres se encuentra la lejana pacificación de la
guerra civil entre sunitas y chiítas, el calendario de retirada de las
tropas estadounidenses, el papel influyente de Irán y cómo afecta la
guerra a la campaña electoral norteamericana.
El nuevo panorama que la administración Bush quiere mostrar, es un
escenario de distensión y de cooperación entre los diversos sectores
antagónicos irakíes, con el objetivo de continuar obteniendo el sustento
económico del Congreso para la guerra y para apoyar al candidato
republicano John McCain en la campaña electoral.
Es cierto que ha habido un marcado descenso de muertes y atentados desde
septiembre de 2007, pero no se debe al incremento de los 30 mil soldados
autorizado por el presidente, sino a la alianza con Irán y a la
formación de milicias sunitas apoyadas por Washington.
Desde la invasión hasta 2006, la otrora hegemónica minoría sunita había
perdido todos los privilegios frente a los chiítas y kurdos, que
controlan el Gobierno, el Parlamento y el Ejército. A su vez, la llegada
de los combatientes de Al Qaeda, ponía en una difícil situación a los
sunitas moderados que no pretenden seguir los objetivos de la
organización de Bin Laden, que consisten en crear un estado islámico
totalitario en Irak.
Por eso, EE.UU. estimuló la formación de Al Sahwa, una milicia de 80 mil
hombres que combate contra Al Qaeda junto al ejército norteamericano. De
esta manera, los sunitas se ven militarmente fortalecidos frente a los
combatientes chiítas, lo que produce un mayor equilibrio entre las
comunidades y un cierto declive en la violencia.
Por otro lado, EE.UU. es consciente de que la guerra no se puede ganar
sin la ayuda de Irán, ya que la enorme influencia religiosa y cultural
que ejerce Teherán sobre la mayoría chiíta es decisiva a la hora de
concretar cualquier plan.
La materialización del acuerdo entre EE.UU. e Irán lo constituye la
visita del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad a Irak a comienzos de
este mes. Esta es la primera visita oficial de un jefe de estado
extranjero al país, sin contar lo viajes de Bush y Blair. Así, Irán
legitima la invasión norteamericana, a cambio de cuantiosos acuerdos
económicos con el gobierno colaboracionista irakí de Nuri Al Maliki.
A
pesar de la retórica belicista del gobierno de Bush contra Irán, el
pacto entre estos dos países se está llevando a cabo en el campo
militar. Teherán redujo el contrabando de armas hacia Irak y las
facciones armadas chiítas que dependen de Irán, como la que encabeza el
clérigo Muqtada Al Sadr, han anunciado una tregua. A cambio, la CIA
concluyó a fines del año pasado que el programa nuclear iraní con fines
bélicos se interrumpió en 2003.
La campaña electoral norteamericana se ve afectada por la reducción de
los atentados en Irak, que claramente beneficia a los republicanos. La
ambigüedad de Hillary Clinton le juega en contra, ya que ella prometió
el retiro de las tropas, aunque en su momento votó a favor de la guerra.
Barak Obama mantiene su postura anti ocupación, pero varias encuestas
publicadas por CNN y Los Angeles Times revelan que la mayoría de los
ciudadanos norteamericanos han cambiado de postura y creen que la guerra
va “bien” o “muy bien”, lo que puede reforzar la imagen de McCain.
Los republicanos, con grandes vínculos con la industria del petróleo
apuestan a que la ocupación no tenga fin y que el Estado norteamericano
continúe cargando con los gastos para beneficiar a las empresas
privadas, que se mantienen a la espera de la nueva Ley de Hidrocarburos
que está por sancionar el Parlamento iraquí, para rediseñar el mapa
petrolero.
A
cinco años de la guerra, las palabras del entonces subsecretario de
Defensa norteamericano Paul Wolfowitz cobran sentido: “La diferencia
entre atacar Corea del Norte o Irak es que en Irak no tenemos
alternativa, el país nada en un mar de petróleo”.
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