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Opinion:
Tolerancia y respeto a la diversidad
Por: Jorge Carlos Díaz Cuervo *
Publicado en El Economista el 18 de abril de 2008: Se sabe que las
democracias liberales tienen como principal objetivo establecer arreglos
institucionales en beneficio del mayor número de personas posible. De
John Locke a la fecha, la tradición liberal -incluida desde luego la
socialdemocracia- ha pugnado por lograr un contexto de entendimiento
político, económico y social que distinga con claridad la esfera pública
de la privada, así como los espacios de acción de la sociedad civil con
relación al gobierno y viceversa. El telón de fondo de las sociedades
inscritas en un contexto democrático liberal se reduce al cuidado y
protección de los individuos y del medio en el cual viven y desarrollan
sus actividades creativas y productivas.
Si los individuos y su medio ambiente son los que realmente cuentan,
habría que preguntarse si en efecto los regímenes democráticos y
liberales han realizado bien su tarea. A mi juicio, el balance es
positivo: no concibo un contexto de entendimiento entre instituciones e
individuos mejor que el representado por las democracias liberales en
tanto generadoras de condiciones de desarrollo y libertades para las
personas que en ellas viven y se desenvuelven.
Sin embargo, la concepción de persona se ha trasformado. Ya no se trata
de un ente político y social plano, con rasgos, gustos y capacidades
previsibles. El individuo de este siglo se ha vuelto complejo, dispar,
multifacético, con gustos y preferencias distintas, incluso heterodoxas.
Situación, importante decirlo, que de ninguna manera debe dejarlo fuera
de la custodia y protección del estado liberal. El debate y accionar de
las democracias liberales se sofistica, sus principios filosóficos no.
Dos grandes liberales de su tiempo y del nuestro -el profesor John Rawls
y la profesora Susan Moller Okin, ambos por cierto fallecidos
recientemente-, elevaron el debate y plantearon cuestiones de gran
interés práctico: qué hacer con los individuos menos favorecidos de las
sociedades; qué hacer con las mujeres; cómo evitar la discriminación y
el desdén del estado liberal hacia grupos minoritarios que, sin embargo,
reclaman los mismos derechos e igualdad de condiciones para su
desarrollo.
La Ley de Reasignación Sexo-Genérica, que desde la Asamblea Legislativa
del DF impulsa el Partido Socialdemócrata (PSD), se inscribe en la
práctica democrática de protección a las minorías. No es un debate
accesorio o de importancia menor como algunos de sus detractores
sostienen. Se trata de un debate en favor de la democracia.
Con esta Ley, las personas que por convicción y necesidad decidan buscar
una concordancia entre su sexo y su género tendrán protección y apoyo
del Estado.
Además, serán respaldadas jurídicamente de forma que puedan contar con
acta de nacimiento y demás documentos oficiales de acreditación
jurídica.
Conviene resaltar que la ley no exenta las obligaciones jurídicas
contraídas por la persona antes de pasar por un proceso de reasignación.
En definitiva, el espíritu central de la Ley es proteger legalmente la
libre expresión del rol de género de los individuos, para que de una vez
por todas dejen de ser indocumentados en su propia tierra.
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Jorge Carlos Díaz Cuervo es Diputado y Coordinador del Grupo
Parlamentario del Partido Alternativa Socialdemócrata en la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal (Ciudad de México, N/E). |