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No Más Violencia
hacia las Mujeres
A
Anabel Ochoa
In memoriam
©
Luis Miguel Bernal /
Enkidu Magazine (25/11/08): La violencia hacia las mujeres es un
problema de magnitudes que me aterra y me quiebra la voz mientras
escribo estas líneas. No puedo entender que un pene o una vagina —porque
ni Word reconoce vagina como palabra correcta— determinen el destino de
alguien, le imputen formas de comportamiento y se coarten tantas vidas.
Seguimos sin entender
una díada básica: sexo-género. El sexo es con lo que nacemos
biológicamente, lo que nos hace hombres o mujeres, machos o hembras. El
género es una construcción social de lo que es ser hombre o mujer, lo
que es ser masculino o femenino. El ser tierna, amorosa, madre, o
protector, proveedor y padre, es algo que se aprende, que se da en el
entorno en el que cada uno nace. El que el azul sea para niños y el rosa
para niñas ya nos habla de que la sociedad estereotipa, encasilla y da
pautas de comportamiento.
NO NACEMOS SABIENDO SER
HOMBRES O MUJERES. LO APRENDEMOS
No es natural, ni de
nacimiento el ser mujeres sumisas, calladas y vírgenes, ni los hombres
machistas, rudos y violentos. Tenemos que replantearnos nuestra manera
de vivir, de relacionarnos, de amar, de creer.
Los estereotipos están
matando sobre todo a las mujeres que las sumen en una asfixiante
violencia en la que nadie repara, que ni el Estado las protege, y que
todos y todas miramos en silencio sin reconocerla, sin ayudar o incluso
la reivindicamos.
Y es que la violencia no
es digna para nadie y a las mujeres se les ha invadido de ella, ejemplos
sobran:
-
Ser siempre delgada
—sea de la etnia y genética que sea— vomita, no comas, opérate, pero
sé delgada y de cuerpo perfecto. Se deseable para los hombres. Se su
objeto, su adquisición.
-
Ser madre, su única
realización —absurdamente— es con y para los hijos e hijas que pueda
tener. Como si no pudiera hacer muchas cosas más.
-
Jamás poder decidir
sobre su propio cuerpo como pasa con el aborto donde la iglesia, la
sociedad, la familia deciden por ella. Cuando miles de mujeres se
practican el aborto aunque sea clandestinamente y mueren. Porque no
tienen que darle explicación a nadie de su cuerpo y su uso. Porque
es una decisión de cada una. ¿Si el embarazo es por violación? ¿si
hay alguna malformación? ¿si no es el momento de ser madre? ¿si ya
tiene demasiados hijos(as)? ¿si simplemente no quiere ser madre? ¿Y
si los hombres nos embarazáramos el aborto sería legal? Porque a los
hombres siempre se nos facilita más las cosas que a ellas.
-
La sexualidad.
Siempre debes ser virgen o lo menos “usada” posible, pero
absurdamente debes ser buena amante o tu pareja se irá.
-
Si una mujer se
viste a la moda, con ropa corta, inevitablemente se está
“promoviendo”. Que idea más bruta. Ni siquiera son libres de elegir
su forma de vestir? Y la —nuevamente metiche— Iglesia y estados como
Sinaloa recomiendan que dejen de vestirse provocativas y hablar con
hombres de temas “picantes” porque por eso se les falta al respeto.
¿Qué no se debería de educar y castigar a los primitivos hombres que
acosan sexualmente y tocan a las mujeres sin su consentimiento?
-
El que a muchas
mujeres se les prohíba estudiar “¿para qué si se va a casar?”. Se
les limite en el trabajo, o sigan ganando menos que los hombres
aunque realicen el mismo trabajo.
-
El trabajo
doméstico, que es un trabajo, no sea reconocido, cuando es el más
pesado y necesario. “¿Tu mamá trabaja? No sólo es ama de casa”… sin
palabras. Mejor vamos a replantearnos la situación.
-
El lenguaje. El
simple lenguaje que omite y excluye. Podrá haber un millón de
mujeres y son ellas, llega un solo hombre y son ellos. La Real
Academia Española ya aceptó que cuando sean más mujeres que hombres
se hable en femenino. ¿Cuántas veces los hombres se indignan porque
se les hable en femenino? Se siente denigrados, porque se les
inculcó que son más que las mujeres y todo lo mujeril es muy
inferior. Rara vez hablamos de el y ella, ellos y ellas. Lo que no
se nombra no existe, por ello empecemos a ser inclusivos e
inclusivas desde el lenguaje. Reconozcamos, nombremos. El machismo
empieza con algo tan simple y termina matando.
-
Las relaciones de
pareja. La culpable, celosa, histérica, por lo regular, es la mujer,
porque hasta son sus características “naturales”. Pierde la
dignidad, permite, calla, aguanta; pero nunca estés sola. Depende,
mantiene, coopera; pero nunca sola. Una mujer no vale más por tener
un hombre al lado. Por sí misma está llena de valor, realización,
fuerza, independencia y lucha.
-
Cuántas palabras te
sobajan mujer: “puta” “inútil” “gorda” “estás tonta” “tu no opines”
“te callas” “porque lo digo yo” “eres mía, sólo mía” “mujer tenía
que ser”
-
El abuso sexual. Un
acto que es completamente despreciable y en el que siempre se culpa
a la mujer, “ella se le insinuó” ¡Qué imbecilidad! Como si alguien
propiciara un acto así de lacerante. Y el Estado se cruza de brazos
y estados como Chiapas o Oaxaca dan menos pena si la mujer ya no era
virgen, o si el agresor se casa con la víctima no hay delito que
perseguir. Y tenemos una tasa de violaciones tan vergonzosa como que
cada nueve minutos en nuestro país una mujer es violada. ¿Sabías tú
que una persona que es abusada sexualmente puede tardar hasta diez
años en “recuperarse” de un golpe así? Y eso si tiene apoyo de
familiares, de las leyes y de la familia, ¿cuantas mujeres lo viven
solas y en silencio o incluso señaladas?
-
Las cifras de
violencia en nuestro país son asquerosas. Dos de cada tres mujeres
ha padecido violencia en su vida, ejercida por alguien conocido. Su
autoestima se ve mermada porque siempre la violencia física va
acompañada de violencia psicológica, si no funcionaría. La
desacreditación, la falsa idea de ser dependientes, el señalamiento
social que todavía tienen que enfrentar por “dejarse” pero al
maldito golpeador casi nadie lo señala. Amenazas, acoso, patadas,
empujones, jalones, cachetadas, puñetazos, costillas rotas, rostros
amoratados, sangre en la boca, brazos o piernas fracturados,
cuchilladas, balazos, muerte… muertes y más muertes. Y nosotros y
nosotras simples espectadores. ¿Puedes imaginarte el miedo de
sentirte acorralado (a)? ¿De sentirte inferior? No critiques, mejor
apoya.
No mujer, si te pega no
te quiere, si te humilla no te quiere, si lo hizo una vez lo hará otra
vez más, si no te llama ni se expresa no cambiará. La violencia puede
romperse y puede curarse. Si has sufrido o sufres violencia pide ayuda,
es la única manera. Si no controlas tu violencia pide ayuda.
NO MÁS VIOLENCIA A LAS
MUJERES. NI UNA MÁS.
Aquí te dejo una
excelente opción que tiene muchos programas que estoy seguro te
servirán:
ALPsI A.C.
Atención legal y
Psicológica A.C.
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Col. Pensador Mexicano, Delegación Venustiano Carranza
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