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Semiosis, mimesis y estrategias textuales: apuntes al
canon gay
Por Kitschia
Duchamp
“El aforismo, la sentencia en que yo soy
maestro y el primero entre los alemanes, son las formas de la
“eternidad”; mi ambición es la de decir en diez frases lo que otro dice
en un libro, lo que ningún otro dice en un libro”
Friedrich Nietzsche
CIUDAD DE MEXICO, 03/07/2009: La obra
aforística de Franka Polari hay que ubicarla en un área ex/centrica del
pensamiento lésbico-gay, es teoría torcida, sin anglicismo por delante.
Tal como ella lo ha afirmado,
“la teoría queer es a los estudios
lésbico-gays, lo que Franka Polari es a la teoría queer”.
Si bien para Deleuze los aforismos rompen la unidad lineal del saber,
por su ambigüedad barroca precisan de una
cura,
de una interpretación casi en el sentido analítico, dicho de otra
manera, de hacer hablar al síntoma. Aquí es donde se proclama una
declaración curatorial, para acotar, connotar y anotar la polifonía de
la voz de este personaje que al margen de la academia, tuerce la teoría,
y casi en la orilla del activismo, retuerce las acciones.
No hubo marcha, no hubo carnaval, tan
sólo un rompimiento de filas, un des/filamiento que debemos entender
como un desbordamiento subjetivo, una diferenciación en la co/emergencia
de subjetividades, una creación colectiva en el sentido de Bracha
Ettinger: un momento co-poietico de los flujos est/éticos. Franka Polari,
en su aforismo, afirma cómo el espacio matrixial, el filamento (πόρος)
intersubjetivo se revela mucho más complejo que la malla ideológica que
buscó en/filar la semiosis (σημείωσις) queer (la produccion de signos,
sentidos, y connotaciones de las multitudes queer) hacia la (re)creacion
de un texto: un "pronunciamiento político" discurrido por un nodo
específico de la actual iconografía de las correlaciones de carne, saber
y poder. Algunos podrían definir al nodo como la condensación de líneas
de enunciación, visibilidad y poder; otros lo podrían describir como una
serie de normas, acuerdos y procesos instituyentes, y algunos sólo
dirían que es un conjunto de agentes, grupos e instituciones en
homeostasis estratégica. Para visualizar la relación que un nodo emisor
de un mensaje mantiene con un número limitado de nodos receptores, nudos
de alteridad y semejanza, tendríamos que echar mano de conceptos de la
teoría de grafos: el grado nodal, el volumen de lazos, los agujeros
estructurales, las matrices adyacentes, los lazos orientados y el grado
de intermediación, entre otros. Ya que lo personal es político y esta
ecuación reversible, este no es el momento ni el lugar de trazar tal
iconografía de las correlaciones.
Volvamos a la operación escriturante de
la Nomenklatura, a la que bien podemos denominar como el sujeto de la
com/posición política de un cierto canon gay. El "pronunciamiento
político" es un texto de esencialismo estratégico, es isomórfico al
flujo prostético del canon gay, ese
je-ne-sais-quoi,
ese tartamudeo del nombre propio, esa supuesta eufonía del vocablo
lésbicogaytransgenerotransexualtrans (sic), estas letras dan cuenta de
la inocente catacresis de dicho texto. Es preciso ahondar en estos
vocablos: prosthesis (πρόσθεσις) y catachresis (κατάχρησις), adición y
abuso, la adición de un fonema y el abuso de una figura retorica, estos
describen a la perfección el abuso de la adición de nomenclatura a esa
impropia prótesis que tiene por nombre "comunidad gay". Estos conceptos
dan cuenta de la naturaleza inexacta, errónea e incompleta de los
estilos, códigos, y gustos que emanan del Canon Gay, tales como
"comunidad trans", "club leather" o "sororidad lésbica", metáforas
inscritas en el corpus gay: en el cuerpo, en el lenguaje, en el espacio
y en los dispositivos de carne, saber y poder.
El Canon Gay debe ser entendido en el
sentido más puro del término: una lista arbitraria, un catálogo de
normas, una regla de proporción que apunta al ideal y un modelo de
características perfectas que adquiere la condición de categoría
imperativa. Sin embargo, se le debe entender también como una modalidad
de la trama intersubjetiva, es decir una composición de voces a
contrapunto, con áreas de consonancia y disonancias. Igualmente este
concepto coquetea con su sentido más eclesiástico: una decisión
conciliar sobre un dogma y la colección de textos considerados sagrados
(sin olvidar el guiño patriarcal del paternoster). Al igual que el canon
literario, es una especificidad normativa de estilos y gustos, un
discurrir semiótico, y una resignificación del texto que lo hace capaz
de mantener un equilibrio entre su heteroglosia interna y su identidad
unitaria. No hay que entender el Canon Gay en el sentido de Eve Kosofsky
Sedgwick, es decir, como la deconstrucción afirmativa de un canon
masculino hegemónico de coacción a través de la sujeción erótica
siamesa: homoerotismo y homofobia. Igualmente, el imperativo est/ético
de instituir la transversalidad de lo Lésbico-Gay en otros canones
minoritarios no es la preocupación est/ética del proyecto aforístico/aporístico
de Franka Polari.
La superficie intervenida visualmente por
el des/pliegue de las multitudes queer y el espacio público torcido por
la marcha del corpus gay, se (re)pliegan en la presencia un texto que
aspira representar la axiología de la praxis activista: "El
pronunciamiento político" pretende dar un orden simbólico al palimpsesto
semiótico frente a él. Entre ambos hay una relación de tensión,
afirmación y diferencia, una relación donde el continente es contenido y
viceversa. Lo que se juega aquí son las definiciones del término canon
al pie de la letra y a manera de metalepsis (Μετάληψις) . Por ejemplo,
para entender la relación entre la Nomenklatura y la semiosis de las
multitudes queer al momento de la enunciación del pronunciamiento
político, es necesario desplazar, en su sentido metonímico, el concepto
jurídico de canon hacia la noción lacaniana de goce, en su versión
legal. Dice Lacan en la primer clase de su seminario XX: "El usufructo
quiere decir que se puede gozar de sus medios, pero que no hay que
despilfarrarlos. Cuando se tiene el usufructo de una herencia, se puede
gozar de ella a condición de no usarla demasiado. Allí reside la esencia
del derecho: repartir, distribuir, retribuir, lo que toca al goce". En
ese sentido, la Ley de Impuesto sobre la Renta de No Residentes de
España considera que “tienen la consideración de cánones o regalías las
cantidades de cualquier clase pagadas por el uso, o la concesión de uso
de: (…) Derechos personales susceptibles de cesión, tales como los
derechos de imagen. (…)”. Didier Eribon considera que la praxis política
y la movilización "son batallas en torno a la percepción del mundo", por
ello la representación, los significados y las connotaciones son el
campo de la praxis gay, todo lo demás es partidocracia: la Nomenklatura
goza del corpus gay, ese discreto teratoma queer, pero su seducción est/ética
y su demagógica unidad narcisista fallan, y sólo obtiene para sí la
concesión de los derechos de imagen para dar su batalla en la percepción
del mundo. Entonces, la semiosis de las multitudes queer se agota, el
corpus gay se desconcentra tras prometerse para el próximo año un (re)encuentro
de la carne y su fiesta, ese tiempo mítico y ominoso. Queda el rastro,
lo susceptible de representar tal des/composición, un
residuum,
la ceniza y el polvo. He ahí el botín político de la Nomenklatura, he
ahí el Canon Gay.
Al momento de la marcha del orgullo, la (re)presentación
del "pronunciamiento político" ante el espacio público
reterritorializado por la semiosis y la mimesis de las multitudes queer
son un ejercicio ritualístico del Canon Gay. Por medio de una expresión
cultural hibrida se empareja a la tradición que se desprende de la
protesta política en la marcha conmemorativa del 2 de octubre de 1968,
con la mímica de una celebración que conmemora las revueltas de
Stonewall, aquella Zona Temporalmente Autónoma que emergió el 28 de
Junio de 1969 en Nueva York. Así se revela la marcha del orgullo en
México: A medio camino entre protesta y
gay parade,
una formación de compromiso que responde a la cultura mestiza de una
nación en condiciones de capitalismo periférico. Franka Polari afirma
contundentemente el fracaso de las dos dimensiones engarzadas a manera
de teratoma: “Ni marcha ni carnaval”.
El gay parade es en sí el flujo de
semiosis de las multitudes queer, su mascarada performática y su mimesis
reterritorializada, sin embargo es para sí la encarnación del canon gay
y la cesión de derechos de imagen a la Nomenklatura para renovar los
cánones, para continuar usando la metáfora jurídica. La marcha es un
velo y un pliegue, deseo y consumación, es un despliegue de Hymen en su
sentido derridiano, una dimensión donde las diferencias son eliminadas y
lo diferenciado destacado; un pliegue donde se resuelve la paradoja de
representar la liberación sexual con el imaginario patriarcal; la trama
y la tramoya de la mimesis, maniobras especulares y discursivas, donde
el género, el poder y la diferencia sexual son (re)interpretados y (re)presentados
con tonos paródicos y fársicos. En tanto estrategia performativa,
enfatiza las ambigüedades y las ausencias del Otro, esta conducta
mimética tuerce las representaciones identitarias y revierte la
identificación opresiva al echar mano de la mascarada, el camuflaje y
pantomima: esencialismo estratégico tal y como lo define Gayatri Spivak.
Las multitudes queer marchan entre el histrionismo y la histeria, es
decir, entre la disimulación afirmativa (el gesto reificado), y la
simulación sintomática (el habla que dice de más). Las multitudes queer
marchan alla maniera del otro, el ejercicio de pose difícil y exagerada
de los amanierados. En esta dimensión manierista, no hay relación
sexual, tan sólo un placer de simular, die lust an der Vorstellung, en
el andamiaje de la ausencia, la repetición y la exageración.
La marcha no se limita al espacio urbano
sino que recorre linderos de, los intersticios de los otros cánones
gays, es decir, la diversidad de principios de elección (re)productores
y estructurantes del consumo semiótico: Cortes múltiples del corpus gay
que gozan al mirarse cada uno de sus pliegues y sus plisados. Un
teratoma narcista. Ahí van los
amanierados, es decir los sujetos que
van marchando a la manera
de otros: otras latitudes, otras máscaras,
otros gestos, otro(s) sexo(s), otras contingencias, otras diferencias y
otras imposibilidades. Aquí encontramos la coemergencia y la disipación
de una serie de yoes y no-yoes en un encuentro escoptofílico: la cámara
como maquina deseante, la pose compartida como Ethos (ἦθος)
y la fotografía como escritura nostálgica de un encuentro público y
privado, studium
y punctum,
en su sentido barthiano. En este sentido vale la pena recordar la com/posición
del canon gay y sus contrapuntos consonantes y disonantes estructurados
por esta oposición de voces, es decir
punctum contra punctum.
Este encuentro est/ético en los pliegues del corpus gay sucede en
linderos intersubjetivos, en umbrales rizomáticos de diferencia e
identificación.
Esta marcha fue marcada por deslindes
previos a ella, por parte de diversos nodos de la iconografía de
correlaciones. Deslindar, si bien en una acepción significa "aclarar
algo, de modo que no haya confusión en ello, también significa,
atendiendo a su origen latino
delimitare, "señalar y
distinguir los términos de un lugar, provincia o heredad". Un deslinde
no sólo es un desdicho, es tambien un innuendo, una patadita de costado,
(re)producción subjetiva. Deslindar es asunto de lindar, una expresión
de espacialidad, esa la fundación liminal que da posición al sujeto en
la superficie del discurso y traza líneas de ruptura y fisura, espacios
rizomaticos de alteridad. Deslindarse es hacerse converger a un límite,
identificarse con no-yoes en los umbrales del discurso. Emergen entonces
los sujetos co/lindantes, sujetos políticos en tanto hablantes capaces
de actos perlocutorios e ilocutorios, con una relación diferenciada
entre si respecto al Canon Gay: Otro estilo, Otra norma, Otra glosa. El
deslinde efectúa un trazo en los discursos, suprime polifonías del canon
y esboza los márgenes de la alteridad bajo las reglas del narcisismo de
las pequeñas diferencias. Aquí existe una responsabilidad en el sentido
bajtiano del término: Responder de sí. Una condición básica de una
posición est/ética para la acogida
del otro en la enunciación. En esta topología del discurso el sujeto
tiende al límite, al umbral, es decir, a ese espacio matrixial donde los
filamentos (πόρος) intersubjetivos se inflaman de la co-emergencia de
posiciones est/éticas que en su reconocimiento especular crean un rizoma
de estilos y gustos. Es una ósmosis estructurante, es un umbral,
entendiéndolo en su sentido de lindero. Por otra parte, Des/lindarse
implica la ruptura de toda conectividad y continuidad, por insistir con
la metáfora geométrica. Los nodos disminuyen los lazos de comunicación
que los unen a otros, unos pocos nodos concentran los flujos y el sujeto
se centra fuera de los límites. Este des/linde es la des/composición del
canon, es decir, el silenciamiento de la voz de los otros, la ruptura de
los filamentos (πόρος) de la trama intersubjetiva y la negación de las
posibilidades creativas de la disonancia. Esta es la aporía (ἀπορία)
de la que trata el aforismo
lapolariano: ἀ (sin) y
πόρος (paso), un impasse, la ausencia de filamentos, el pasaje
extraviado o la jornada perdida.
Referencias
Bajtin, Mijail. “Arte y Responsabilidad”
Barthes, Roland. “La cámara lúcida”.
Beatriz, Preciado. "Multitudes queer!
Bey, Hakim. Zona “Temporalmente Autónoma”
Bourdieu, Pierre. “la metamorfosis de los gustos”
Buttler, Judith. “Cuerpos que importan”
Deleuze, Gilles. “Rizoma:una introducción”
Derrida, Jacques. "De la gramatología"
Eribon, Didier. "La cuestión gay"
Ettinger, Bracha “Copoiesis”. (http://www.ephemeraweb.org/journal/5-X/5-Xettinger.pdf)
Foucault, Michel. “El orden del discurso”.
Granovetter, Mark S. “La fuerza de los vínculos débiles”
Irigaray, Luce. “Espéculo de la otra mujer”.
Kosofsky Sedgwick, Eve. "Epistemología del closet".
Lacan Jaques. "Subversión del sujeto", Escritos I.
Lacan, Jacques. Seminario XX "Goce".
Nietzsche, Friedrich Wilhelm. “El Ocaso de los ídolos”.
Revuelta, Manuel. El concepto de canon en la jurisprudencia tributaria
española.(http://www.ief.es/Publicaciones/Revistas/Cuadernos/Volumen%2001_06/
Volumen%2001_06/Colab_07_06.pdf)
Spivak,
Gayatri. "Estudios de la subalternidad: Deconstruyendo la historiografía
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