Viene de:
Primera Parte
BOGOTA, 03/10/2009 (Humberto Robles): ...
Tampoco
a las maquiladoras que emplean a estas mujeres les importan la vida de
estas obreras pobres. Deberían, pero no hacen nada. Si matan a una,
afuera de la fábrica hay una fila de ciento de mujeres esperando
conseguir trabajo.
Por
otro lado, para seguir documentando la infamia: el Código penal de
Chihuahua determina que el violador de una mujer "recibirá una pena de
tres a nueve años de prisión". En cambio, para los ladrones de
ganado, el Código Penal prevé una pena de seis a cuarenta años de
cárcel. Queda claro que en Chihuahua vale más una vaca que una mujer.
Ahora,
las hipótesis que se manejan con respecto a quiénes son los probables
asesinos son muy variadas, pero alunas son las siguientes:
La
realización de películas de cine snuff. Estas cintas son
grabaciones de asesinatos reales; la finalidad es registrar estas
atrocidades y posteriormente distribuirlas comercialmente como macabro
“entretenimiento”.
Otra
hipótesis es: Traer el pezón de una mujer, violarla o asesinarla puede
ser prueba suficiente de valor y virilidad para los nuevos integrantes
de pandillas o de bandas de narcotraficantes que abundan en el país.
Se
habla también de ritos satánicos, y de fiestas, que son orgías, de ricos
empresarios y gente vinculada a los gobiernos locales y federales donde
se viola a jovencitas y se les sacrifica.
Sin
embargo, aunque no sepamos quiénes son los asesinos y cuál es su
verdadero móvil, lo que sí sabemos es que la policía, las autoridades y
los gobiernos estatal y federal no hacen nada para prevenir, investigar
y erradicar esta violencia de género. La impunidad en torno a estos
asesinatos sólo da pie a que sigan cometiéndose. Porque la ecuación es
elemental: la impunidad genera más crímenes.
Esto
nos lleva a preguntarnos: ¿A quién encubren los gobiernos mexicanos? ¿A
quiénes protegen? ¿Qué ganancias y beneficios obtienen de estos
asesinatos? Porque al entorpecer las investigaciones e impedir la
justicia surgen, entre otras, estas interrogantes. Así que
definitivamente el gobierno mexicano es cómplice, por omisión,
encubrimiento y negligencia, de los asesinos.
Alarmantemente estos
crímenes contra las mujeres se han ido extendiendo a otros estados del
país.
En el estado de Morelos, en
sólo un año se reportaron 84 feminicidios.
En el estado de Sinaloa, en
lo que va del año 2009, se han registrado 31 asesinatos.
En el Estado de México, en
los recientes 4 años, han habido 672 crímenes, de los cuales el 89% de
los casos permanecen impunes, lo cual ha convertido a esta entidad con
la mayor tasa de feminicidios en el país, superando las cifras de Ciudad
Juárez.
Resumiendo los números: en
el país, cada año mueren mil 200 mujeres víctimas del feminicidio. En
México tener cuerpo de mujer es estar en peligro de muerte.
Como
una luz de esperanza, el 23 de febrero de 2008, dos organizaciones de
derechos humanos presentaron ante la Corte Interamericana de Derechos
Humanos una denuncia sin precedentes contra el Estado mexicano por
el caso de 3 mujeres que fueron asesinadas, con signos de tortura,
violación y mutilación de sus cuerpos.
La
Corte Interamericana está analizando en estos momentos la
responsabilidad de los estados en relación con la violencia que se
ejerce contra las mujeres, la violencia institucional, así como la falta
de protección y prevención del Estado en estos crímenes.
El caso
es emblemático, no sólo porque es el primero que asume la Corte
Interamericana por asesinato de mujeres con connotaciones sexuales,
sino porque es el primero que juzga de entre los casi 600 homicidios que
han ocurrido en Ciudad Juárez desde 1993. La Corte tiene previsto dictar
sentencia el próximo mes de noviembre.
Desgraciadamente este no es
el único problema de la terrible injusticia y de la absoluta impunidad
que aqueja a México en cuanto a derechos humanos y en específico contra
los derechos de las mujeres. A la impunidad que reina en torno a los
feminicidios, se suman otros casos aún no resueltos como los siguientes:
El anunciado asesinato en
2001 de la abogada y defensora de derechos humanos Digna Ochoa y
Plácido, crimen que el gobierno insiste en declarar como “suicidio”.
La violación de más de 25
mujeres por parte de la policía en San Salvador Atenco, en 2006. En este
caso, las mujeres fueron el botín de guerra de la policía, y a la fecha
no se ha castigado a ninguno de los responsables. El único policía
detenido por el cargo que llamaron “actos libidinosos”, salió libre con
una fianza de aproximadamente 800 dólares. En cambio, el gobernador
Enrique Peña Nieto mantiene como presos políticos a 12 luchadores
sociales, 3 de ellos: Ignacio del Valle, Felipe Álvarez y Héctor Galindo
con penas que suman más de 430 años de cárcel en prisiones de alta
seguridad, superando así las condenas que reciben muchos secuestradores,
narcotraficantes y delincuentes de alta peligrosidad.
Prosigo: La violación
tumultuaria por militares y la posterior muerte de la indígena de la
sierra de la Zongolica doña Ernestina Ascencio, en 2007. Para proteger
al ejército, Felipe Calderón y el ombudsman mexicano aseveraron que la
muerte de doña Ernestina se debió “a males gastrointestinales y anemia”.
El caso de violación
tumultuaria y crimen de la activista de derechos humanos estadounidense
Marcella Sali Grace, asesinada en septiembre de 2008.
Los asesinatos de Felícitas
Martínez y Teresa Bautista, locutoras de la radio comunitaria La voz
que rompe el silencio, ocurrido en la región Triqui de Oaxaca en
2008.
En 1994 tres hermanas
indígenas tzeltales de 12, 15 y 17 años fueron violadas en Altamirano,
en el estado de Chiapas, por un grupo de soldados que participaban en
acciones militares contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
En 1997, doce indígenas
zapotecas del Estado de Oaxaca fueron violadas por soldados.
Ese mismo año, en el estado
de Guerrero, Aurelia Méndez Ramírez y Delfina Flores Aguilar, indígenas
tlapanecas, fueron violadas por cinco soldados.
En 1999, en el mismo estado,
dos indígenas mixtecas, Victoriana Vázquez Sánchez, de 50 años, y
Francisca Santos Pablo, de 33 años, fueron violadas por miembros del
ejército.
En 2002, Valentina Rosendo
Cantú, indígena tlapaneca de 17 años, es violada por ocho militares, e
Inés Hernández Ortega, indígena tlapaneca de 27 años, es violada por
once soldados, ambos casos en el Estado de Guerrero.
Seis años de recomendaciones
internacionales y nacionales de los principales organismos defensores de
derechos humanos no han valido para lograr que los militares que violan
los derechos humanos en México, incluidos los casos de violación sexual
contra mujeres, sean juzgados por la vía civil, y además porque los
elementos del ejército cuentan con “fuero militar”.
Con el pretexto y en el
contexto de la fracasada lucha contra el narcotráfico, los militares
violan los derechos humanos de norte a sur y gozan de plena impunidad.
Para engrosar la trágica
lista que pone en evidencia la falta de justicia y de la impunidad que
impera México, menciono otros casos:
El asesinato del joven
estudiante y luchador social Pável González en 2004, crimen que el
gobierno también insiste en declarar como “suicidio”.
En los últimos años, ser
periodista en México se ha convertido en una "profesión de alto riesgo".
Del año 2000 al 2008, han habido 41 muertes y 8 desapariciones de
periodistas y trabajadores de medios informativos, entre ellos el
asesinato del norteamericano Brad Will, de la red Indymedia, acaecido en
Oaxaca en 2006.
Juan Manuel Martínez Moreno,
de oficio panadero y padre de 3 hijos, ha sido injustamente encarcelado
desde octubre de 2008 acusado por este asesinato, cuando la propia
cámara de Brad Will grabó la imagen de sus asesinos al momento de
dispararle. El Gobierno Federal de México trata de cerrar el caso,
porque de éste dependen recursos retenidos del convenio
económico–militar conocido como “Iniciativa Mérida” o “Plan México”. El
Congreso de Estados Unidos condicionó parte del envío del dinero a la
situación de derechos humanos en México y específicamente al
esclarecimiento del asesinato de Brad Will.
Otro caso es el de los 49
niños y niñas, todos menores de 5 años, que murieron calcinados en una
guardería en Hermosillo, Sonora. “Curiosamente” algunos dueños y
responsables de la seguridad de esta guardería están emparentados con la
esposa de Calderón; varios de ellos están prófugos. El próximo 5 de
octubre se cumplen 4 meses de este crimen, y hoy no hay un solo
responsable detenido.
Y sumándose a esta
sangrienta lista que parece interminable, agregamos los casos no
resueltos de los asesinatos perpetrados por el gobernador Ulises Ruiz en
Oaxaca durante el movimiento magisterial de 2006.
La red de pederastas y
pornografía infantil denunciada por la valiente periodista Lydia Cacho,
red que involucra a empresarios y funcionaros gubernamentales como el
gobernador de Puebla Mario Marín, quienes permanecen libres e impunes.
Continúa:
Tercera parte
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